Locales y Regionales

Las estancias de Venecia, las de acá, y la ayuda de todos

En la segunda parte de su colaboración, Daniel Lecointre narra anécdotas de algunas de las personas que ayudaron a Fray Romeo a que su "estancia de acá" fuera lo que fue

 ​por Daniel Lecointre


Retomando un poco lo de la charla anterior, y lejos de lo que era su vida en Italia, aquí Fray Romeo empezó ordeñando a mano, unas pobres vacas prestadas, en una chacra prestada. Pedigüeño incansable, consiguió siempre lo que quiso. Sin prejuicios, sin odios, sin los resentimientos que nosotros a veces usamos para esconder nuestras propias incapacidades.


El hizo las cosas al revés y consiguió la ayuda todos. El ejército, y sus soldados, los presos de Sierra Chica. Los hermanos Mihanovich, que se espiaban para ver quién donaba más. Gente pobre, gente humilde (dos palabras que no siempre son sinónimos), como muchos jubilados que acostumbrados a madrugar toda la vida, no sabían que hacer en la cama a las cuatro de la mañana y ayudaron durante años, a esa hora, en el comedor de Cáritas. Al doctor Ricardo Viñuales, que aparecerá en la próxima si los muchachos de ZonaCampo no se cansan antes de este colaborador.


Un monumento haría falta para don Eusebio Bouciguez. Nunca sabrá la ciudad todo lo que este hombre le dio, además de los materiales para construir cientos y cientos de casas. Su negocio era casi tomado por asalto, cuando llegaba el fray. Los comerciantes, grandes y chicos. Los clubes, las colectividades, el Rotary. Spinella y su mujer, ya enferma, que cuidó al fray como una madre.


La Cámara de Comercio, que decidió un día que -al llegar la noche- todo lo perecedero que no se había vendido fuera alas manos del fray. Todos sabían que en ellas nada se perdía. La Unión Clasistas, los medios de comunicación.


Otro monumento para Noemí y Santiago Schulmeister, que dejaron años y años de su vida pegados al fray. Estos son algunos de los gigantes, que dieron de comer a ocho mil personas todos los días, evitando un estallido. 


Hoy nombré solo a estos benefactores, me quedaron en la bolsa un par de miles para la próxima. Pero siguiendo la relación del fray conel campo, les contaré una historia, quizás conocida por los mayores, pero ahí va para los más chicos.


Un día, en el atrio, a la salida de misa, el fray pregunto quién era ese hombre.Los otros curas lo ilustraron "un señor de la aristocracia Italiana, dueño de la estancia El Mirador, Giuseppe Guazzone, conde de Passalacqua" le dijeron. Este hombre era hermano del otro conde, dueño de la famosa laguna, que tantos conflictos y anécdotas trajo con los pescadores.


Los dos, Romeo y el conde, andaban necesitando algo y se encontraron. El primero quería un petiso para que pudieran andar a caballo los chicos que iban al recreo San Francisco. Y por el otro lado, una seca terrible estaba matando animales y destruyendo los trigos en la zona. De ahí, que Giuseppe venía con la intención de pedir una misa, para rogar que lloviera y aliviara un poco la cosa.


Romeo, desfachatado y simpático le preguntó cuántos milímetros hacían falta para detener el desastre en la zona. "Y, con 30 al menos evitaríamos que se sigan muriendo los animales", le contestó el conde. "Trato hecho. Si yo en estos diez días que vienen le hago llover en la zona, usted me da el petiso. ¿Qué le parece cuesto convenio?" Le preguntó Romeo. Supongo que el conde sospechó la picardía, pero se dieron la mano,y el trato estaba hecho. "Que Dios me perdone por esta mentira, mira que yo voy a hacer llover" me decía Romeo "pero en una de esas el señor me ayuda y los chicos tienen su caballito".


A los pocos días cayeron mansamente 60 milímetros. No habían terminado de caer las últimas gotas y ya Romeo iba entrando por el bulevar de la estancia. El nobiliario lo recibió con una franca sonrisa, ahora tenía que cumplir su palabra. Después de tomar algo en la cocina, y cuando ya estaban arreglando la forma de llevar el caballo, Romeo volvió a atacar "¿Má… como le hice llover el doble de lo que hacía falta, me podría dar otra ayudita para Cáritas, señore conde?" "Está bien, tiene razón, le doy una vaquillona para ayudarlo en su obra", respondió Guazzone.


Desde ese día, la admiración, respeto, y cariño de este hombre con el fray fue para toda la vida. Incluso uno de los posoperatorios y buscando un lugar tranquilo, lo hizo también en el campo ´El Mirador´. Don Giuseppe acondicionó todo para la circunstancia y puso a una de sus empleadas de enfermera. Hay un relato muy lindo de esta mujer refiriéndose a lo que significó esto en su vida.


El conde solía ausentarse del campo cuando visitaba a su familia en Italia, por eso, había dejado la orden a su capataz "cuando venga el fray a buscar algo, entrégueselo nomas, lo que el pida es una orden, como si la diera yo". Desde ese día, cuando se complicaba el stock de carne en Cáritas, el fray recurría a su amigo. De ahí que si un gringo loco, gritón y `bolacero´ estaba abriendo la tranquera, era cantado que un novillo o dos iban a faltar del rodeo.


Un día, el fray y un soldadito venían entrando a la estancia por la avenida principal,cuando vieron un inmenso toro, tirado largo a largo del otro lado del alambrado, debajo de los árboles. "Mira, cuesto toro está morto, hay que avisarle al encargado´´ dijo Romeo. "No, está vivo…me pareció que movió una oreja, para mí está dormido´´ dijo el soldado. "Ma que va estar dormido, si te digo que está morto, está morto-´´ porfió el fray mientras hacía sonar la bocina.


``Ve, ve que no sabe nada usté-´´ y para estar más seguro, detuvo la marcha, paso el alambrado y se acercó muy resuelto a pegarle una palmada y reírse del soldado, que desde la camioneta le gritó "Che cura, tené cuidado eh…a ver si te saca carpiend…-´´


¡Nunca pudo terminar la frase! Un toro de 1000 kg y dos cuernos como espadas, ya se había incorporado y estaba del peor humor. En menos de lo que canta un gallo, Romeo iba entre medio de las aspas, (increíblemente no lo ensarto en la embestida), la bestia lo daba contra el suelo, contra las plantas, todo era polvo y furia. El pobre cura ya había perdido la gorra,las franciscanas y el habla. Volaba por el aire como un trapo, hasta que el toro, ya cansado, se lo sacó de encima.


El pobre soldadito estaba espantado. Como pudo lo subió a la camioneta, sabiendo que llevaba el cadáver del fray. No había en él, ningún signo de vida. No sé cómo pero así llegó al hospital, causando el revuelo que todos imaginamos. La camilla atravesó como un rayo el pasillo, la guardia, los consultorios y el seguía muerto. Al rato se despertó y aunque nadie lo podía creer, en las placas, todos los huesos estaban sanos.


En su fe inquebrantable a San Antonio (pobre santo, ya cansado de rescatarlo cien veces a mitad de camino al cielo) balbuceaba"Ma, propiamente vi la norte" En broma, él decía que era en castigo por la forma non santa de hacer ese negocio con el conde. Peor la paso el toro, pues la orden del patrón fue que también se lo llevara, por atentar contra un Santo y por sacrílego.


.........


Algunas reflexiones finales


Las personas que nombré en esta segunda parte, son algunosde los gigantes que dieron de comer a ocho mil personas todos los días, evitando un estallido. Solo algunos, y reitero que con dolor soy injusto con muchísimos que no están nombrados.


Y bien desagradecidos que somos, ahí los tenemos escondidos, aunque caminen entre nosotros. Cuando decimos que no encontramos buenos ejemplos para tomar como referentes, es una de las tantas mentiras que se nos escapan sin pensar. Pero eso si…somos fanáticos y seguimos a ídolos impresentables, que nos hacen tartamudear cuando los queremos defender.


Tenemos que mentir,pasar vergüenza. Y nos obligan a ser cómplices de cosas que nosotros no haríamos. Hablo de ídolos de todo tipo, sindicales, políticos, deportistas.


Romeo, sin confrontar, pidiendo amorosamente, consiguió todo. Ante alguna pregunta maliciosa sobre si averiguaba cómo había sido hecho cada peso, cada mercadería que recibía, el contestaba que "no era quien para hacer eso, y que además, él tampoco sabía si era siempre justo cuando decidía a quien le entregaba las cosas.A veces le daré a un haragán, y me quedaran otras manos vacías que lo merecían mucho más".


Si el Fray viviera hoy, sin dudas se darían las mismas discusiones de aquella época. Todos sus benefactores se daban cuenta que de esa manera no se termina nunca la pobreza, y además discapacita al hombre. Le proponían buscar cien personas que empezando desde abajo, hayan logrado hacer una empresa exitosa, pequeña o grande. Para que les enseñaran a los más jóvenes a ganarse el sustento, a no fracasar en lo que emprendieran, a llenar la billetera de dinero sano, el que libera, el que da orgullo. Pero el fray insistía en dar, después me di cuenta que lo de él era una decisión personal, una promesa a su santo.


Hasta que no le demos la mano a cada necesitado y lo ayudemos a recupera el orgullo, lo apuntalemos amorosamente para que no fracase en su actividad, esto se pondrá cada día más pesado para todos y el problema seguirá intacto.Enseñar a pescar, como lo hicieron nuestros abuelos, sin la ayuda de nadie.


Solo el amor al prójimo, pero sin trampas,nos va a sacar de esta situación triste, inútil y absolutamente injustificada. Está todo por hacerse, solo hay que remangarse y transpirar. Nuestra situación tendría sentido en Japón, cientos de millones en una isla pequeña. Tendrían que ser todos muy pobres. Aquí es una vergüenza. Debiéramos algún día decir la verdad y confesar que somos una generación bastante inútil, yo el primero. 


No digo honrarlos, pero no somos capaces ni de mantener lo que nos dejaron los abuelos.Y mientras no aprendamos otra veza ganarnos cada uno el sustento, seguirá siendo el negocio de la política, y de varios más. Yo sé…les aterra el hombre con buena educación y económicamente independiente. Ese vota al que quiere. Que nadie se ofenda, porque estamos todos en la mesa.





Acerca de Daniel Lecointre

El autor es nacido, vive y trabaja en el campo, en la zona de San Jorge, Partido de Laprida. En su sentir y sus palabras, esto es así desde hace más de 120 años, por los tiempos en que su abuelo llegó a esos pagos. Para comunicarse con el autor pueden llamarlo al 2284 215445 (no lo intenten vía Whatsapp, el 4G y el Wi-fi no han pasado todavía por la tranquera de su campo). De vez en cuando revisa el correo electrónico (enviar e-mail) y algunas veces su perfil en Facebook



Indignante: robaron en una Escuela de Equinoterapi...
Se siguen sumando casos de vacunos muertos por est...

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Retomando un poco lo de la charla anterior, y lejos de lo que era su vida en Italia, aquí Fray Romeo empezó ordeñando a mano, unas pobres vacas prestadas, en una chacra prestada. Pedigüeño incansable, consiguió siempre lo que quiso. Sin prejuicios, sin odios, sin los resentimientos que nosotros a veces usamos para esconder nuestras propias incapacidades.


El hizo las cosas al revés y consiguió la ayuda todos. El ejército, y sus soldados, los presos de Sierra Chica. Los hermanos Mihanovich, que se espiaban para ver quién donaba más. Gente pobre, gente humilde (dos palabras que no siempre son sinónimos), como muchos jubilados que acostumbrados a madrugar toda la vida, no sabían que hacer en la cama a las cuatro de la mañana y ayudaron durante años, a esa hora, en el comedor de Cáritas. Al doctor Ricardo Viñuales, que aparecerá en la próxima si los muchachos de ZonaCampo no se cansan antes de este colaborador.


Un monumento haría falta para don Eusebio Bouciguez. Nunca sabrá la ciudad todo lo que este hombre le dio, además de los materiales para construir cientos y cientos de casas. Su negocio era casi tomado por asalto, cuando llegaba el fray. Los comerciantes, grandes y chicos. Los clubes, las colectividades, el Rotary. Spinella y su mujer, ya enferma, que cuidó al fray como una madre.


La Cámara de Comercio, que decidió un día que -al llegar la noche- todo lo perecedero que no se había vendido fuera alas manos del fray. Todos sabían que en ellas nada se perdía. La Unión Clasistas, los medios de comunicación.


Otro monumento para Noemí y Santiago Schulmeister, que dejaron años y años de su vida pegados al fray. Estos son algunos de los gigantes, que dieron de comer a ocho mil personas todos los días, evitando un estallido. 


Hoy nombré solo a estos benefactores, me quedaron en la bolsa un par de miles para la próxima. Pero siguiendo la relación del fray conel campo, les contaré una historia, quizás conocida por los mayores, pero ahí va para los más chicos.


Un día, en el atrio, a la salida de misa, el fray pregunto quién era ese hombre.Los otros curas lo ilustraron "un señor de la aristocracia Italiana, dueño de la estancia El Mirador, Giuseppe Guazzone, conde de Passalacqua" le dijeron. Este hombre era hermano del otro conde, dueño de la famosa laguna, que tantos conflictos y anécdotas trajo con los pescadores.


Los dos, Romeo y el conde, andaban necesitando algo y se encontraron. El primero quería un petiso para que pudieran andar a caballo los chicos que iban al recreo San Francisco. Y por el otro lado, una seca terrible estaba matando animales y destruyendo los trigos en la zona. De ahí, que Giuseppe venía con la intención de pedir una misa, para rogar que lloviera y aliviara un poco la cosa.


Romeo, desfachatado y simpático le preguntó cuántos milímetros hacían falta para detener el desastre en la zona. "Y, con 30 al menos evitaríamos que se sigan muriendo los animales", le contestó el conde. "Trato hecho. Si yo en estos diez días que vienen le hago llover en la zona, usted me da el petiso. ¿Qué le parece cuesto convenio?" Le preguntó Romeo. Supongo que el conde sospechó la picardía, pero se dieron la mano,y el trato estaba hecho. "Que Dios me perdone por esta mentira, mira que yo voy a hacer llover" me decía Romeo "pero en una de esas el señor me ayuda y los chicos tienen su caballito".


A los pocos días cayeron mansamente 60 milímetros. No habían terminado de caer las últimas gotas y ya Romeo iba entrando por el bulevar de la estancia. El nobiliario lo recibió con una franca sonrisa, ahora tenía que cumplir su palabra. Después de tomar algo en la cocina, y cuando ya estaban arreglando la forma de llevar el caballo, Romeo volvió a atacar "¿Má… como le hice llover el doble de lo que hacía falta, me podría dar otra ayudita para Cáritas, señore conde?" "Está bien, tiene razón, le doy una vaquillona para ayudarlo en su obra", respondió Guazzone.


Desde ese día, la admiración, respeto, y cariño de este hombre con el fray fue para toda la vida. Incluso uno de los posoperatorios y buscando un lugar tranquilo, lo hizo también en el campo ´El Mirador´. Don Giuseppe acondicionó todo para la circunstancia y puso a una de sus empleadas de enfermera. Hay un relato muy lindo de esta mujer refiriéndose a lo que significó esto en su vida.


El conde solía ausentarse del campo cuando visitaba a su familia en Italia, por eso, había dejado la orden a su capataz "cuando venga el fray a buscar algo, entrégueselo nomas, lo que el pida es una orden, como si la diera yo". Desde ese día, cuando se complicaba el stock de carne en Cáritas, el fray recurría a su amigo. De ahí que si un gringo loco, gritón y `bolacero´ estaba abriendo la tranquera, era cantado que un novillo o dos iban a faltar del rodeo.


Un día, el fray y un soldadito venían entrando a la estancia por la avenida principal,cuando vieron un inmenso toro, tirado largo a largo del otro lado del alambrado, debajo de los árboles. "Mira, cuesto toro está morto, hay que avisarle al encargado´´ dijo Romeo. "No, está vivo…me pareció que movió una oreja, para mí está dormido´´ dijo el soldado. "Ma que va estar dormido, si te digo que está morto, está morto-´´ porfió el fray mientras hacía sonar la bocina.


``Ve, ve que no sabe nada usté-´´ y para estar más seguro, detuvo la marcha, paso el alambrado y se acercó muy resuelto a pegarle una palmada y reírse del soldado, que desde la camioneta le gritó "Che cura, tené cuidado eh…a ver si te saca carpiend…-´´


¡Nunca pudo terminar la frase! Un toro de 1000 kg y dos cuernos como espadas, ya se había incorporado y estaba del peor humor. En menos de lo que canta un gallo, Romeo iba entre medio de las aspas, (increíblemente no lo ensarto en la embestida), la bestia lo daba contra el suelo, contra las plantas, todo era polvo y furia. El pobre cura ya había perdido la gorra,las franciscanas y el habla. Volaba por el aire como un trapo, hasta que el toro, ya cansado, se lo sacó de encima.


El pobre soldadito estaba espantado. Como pudo lo subió a la camioneta, sabiendo que llevaba el cadáver del fray. No había en él, ningún signo de vida. No sé cómo pero así llegó al hospital, causando el revuelo que todos imaginamos. La camilla atravesó como un rayo el pasillo, la guardia, los consultorios y el seguía muerto. Al rato se despertó y aunque nadie lo podía creer, en las placas, todos los huesos estaban sanos.


En su fe inquebrantable a San Antonio (pobre santo, ya cansado de rescatarlo cien veces a mitad de camino al cielo) balbuceaba"Ma, propiamente vi la norte" En broma, él decía que era en castigo por la forma non santa de hacer ese negocio con el conde. Peor la paso el toro, pues la orden del patrón fue que también se lo llevara, por atentar contra un Santo y por sacrílego.


.........


Algunas reflexiones finales


Las personas que nombré en esta segunda parte, son algunosde los gigantes que dieron de comer a ocho mil personas todos los días, evitando un estallido. Solo algunos, y reitero que con dolor soy injusto con muchísimos que no están nombrados.


Y bien desagradecidos que somos, ahí los tenemos escondidos, aunque caminen entre nosotros. Cuando decimos que no encontramos buenos ejemplos para tomar como referentes, es una de las tantas mentiras que se nos escapan sin pensar. Pero eso si…somos fanáticos y seguimos a ídolos impresentables, que nos hacen tartamudear cuando los queremos defender.


Tenemos que mentir,pasar vergüenza. Y nos obligan a ser cómplices de cosas que nosotros no haríamos. Hablo de ídolos de todo tipo, sindicales, políticos, deportistas.


Romeo, sin confrontar, pidiendo amorosamente, consiguió todo. Ante alguna pregunta maliciosa sobre si averiguaba cómo había sido hecho cada peso, cada mercadería que recibía, el contestaba que "no era quien para hacer eso, y que además, él tampoco sabía si era siempre justo cuando decidía a quien le entregaba las cosas.A veces le daré a un haragán, y me quedaran otras manos vacías que lo merecían mucho más".


Si el Fray viviera hoy, sin dudas se darían las mismas discusiones de aquella época. Todos sus benefactores se daban cuenta que de esa manera no se termina nunca la pobreza, y además discapacita al hombre. Le proponían buscar cien personas que empezando desde abajo, hayan logrado hacer una empresa exitosa, pequeña o grande. Para que les enseñaran a los más jóvenes a ganarse el sustento, a no fracasar en lo que emprendieran, a llenar la billetera de dinero sano, el que libera, el que da orgullo. Pero el fray insistía en dar, después me di cuenta que lo de él era una decisión personal, una promesa a su santo.


Hasta que no le demos la mano a cada necesitado y lo ayudemos a recupera el orgullo, lo apuntalemos amorosamente para que no fracase en su actividad, esto se pondrá cada día más pesado para todos y el problema seguirá intacto.Enseñar a pescar, como lo hicieron nuestros abuelos, sin la ayuda de nadie.


Solo el amor al prójimo, pero sin trampas,nos va a sacar de esta situación triste, inútil y absolutamente injustificada. Está todo por hacerse, solo hay que remangarse y transpirar. Nuestra situación tendría sentido en Japón, cientos de millones en una isla pequeña. Tendrían que ser todos muy pobres. Aquí es una vergüenza. Debiéramos algún día decir la verdad y confesar que somos una generación bastante inútil, yo el primero. 


No digo honrarlos, pero no somos capaces ni de mantener lo que nos dejaron los abuelos.Y mientras no aprendamos otra veza ganarnos cada uno el sustento, seguirá siendo el negocio de la política, y de varios más. Yo sé…les aterra el hombre con buena educación y económicamente independiente. Ese vota al que quiere. Que nadie se ofenda, porque estamos todos en la mesa.





Acerca de Daniel Lecointre

El autor es nacido, vive y trabaja en el campo, en la zona de San Jorge, Partido de Laprida. En su sentir y sus palabras, esto es así desde hace más de 120 años, por los tiempos en que su abuelo llegó a esos pagos. Para comunicarse con el autor pueden llamarlo al 2284 215445 (no lo intenten vía Whatsapp, el 4G y el Wi-fi no han pasado todavía por la tranquera de su campo). De vez en cuando revisa el correo electrónico (enviar e-mail) y algunas veces su perfil en Facebook



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