Primavera Cero: recomendaciones de Sebastián Riffel para “campear” problemas en campos ganaderos bajo agua

Un septiembre nulo y un octubre encapotado y húmedo en amplias zonas de la región pampeana complican a la producción ganadera de la cuenca del salado con falta de piso, baja calidad nutricional de los forrajes y aumento de riesgos sanitarios. Recomendaciones de Sebastián Riffel para prevenir problemas mayores.

Seguramente Gustavo Cerati tuvo en mente otras circunstancias cuando compuso la canción. Sin embargo, los sentimientos que evoca de nostalgia, desazón e incertidumbre sobre lo que es y lo que vendrá cuadran bastante con lo que se vive en grandes extensiones ganaderas bonaerenses: Primavera, cero.

Septiembre pasó de largo como si nada y octubre ayuda poco con sus cielos encapotados, temperaturas por debajo de lo esperable y bajísimos índices de radiación. Los campos ganaderos de la cuenca del salado y sudoeste de la provincia de Bs. As. están empastados pero pálidos, muchos con agua en superficie y sin perspectivas de drenaje en el corto plazo.

“Esta semana estuve de gira por Las Flores, Rauch, Tandil, Benito Juárez, toda esa zona, recorriendo varios campos desde el lunes hasta el sábado por la tarde y la situación que vi es bastante similar: mucho exceso de agua, algunas zonas manejables, otras más complicadas”, explicó a ZonaCampo el reconocido asesor ganadero Sebastián Riffel.

Según el especialista, “todavía nada demasiado grave, pero sí hay que estar atentos”, remarcando especialmente tomar prontos recaudos en campos que están en la peor condición y con la posibilidad de que les vaya a entrar más agua.

“El exceso de agua obliga a ajustar los planteos ganaderos a la superficie que realmente puede utilizarse.  La acción inmediata es medir la superficie utilizable, ajustar la demanda y dejar preparado un plan de contingencia ante nuevas entradas de agua en caso de que ocurran, sabiendo que en todos los casos mantener el mismo rodeo sobre menos hectáreas aumenta la carga, deteriora los sectores altos y pone en riesgo la condición corporal, la reproducción y la recuperación del campo”, subrayó.

Riffel también hizo hincapié en que la situación es general pero variable dentro de la cuenca del salado y sudoeste de la provincia de Bs. As., por lo cual las decisiones deben basarse en el diagnóstico del asesor técnico de cada establecimiento en particular.

Como principios generales, brindó una serie de recomendaciones aplicables al promedio de los establecimientos de la región.

  1. Medir cuánto campo quedó disponible. Separar superficie inundada, sectores sin piso, potreros firmes con pasto, dormideros y áreas en recuperación. Tener pasto visible no significa que pueda aprovecharse: también deben existir accesos, agua de bebida y lugares de descanso.
  2. Recalcular la carga y el balance forrajero. Por ejemplo, perder el 40% de la superficie manteniendo las existencias aumenta un 67% la carga sobre lo que queda. Comparar la demanda por categoría con el forraje aprovechable, su crecimiento probable y las reservas disponibles para 30 y 60–90 días.
  3. Adaptar el pastoreo al estado del suelo. Evitar pastorear al ras, preservar remanentes y proteger las lomas. Las subdivisiones y ocupaciones cortas sirven cuando el piso lo permite; concentrar demasiados animales en parcelas pequeñas puede aumentar el daño. El pastoreo por horas requiere sectores transitables y un lugar firme para permanecer después.
  4. Bajar la demanda a tiempo. Evaluar venta de descartes y vacías identificadas, traslado de recrías, reducción de reposición excedente o pastaje externo. Definir qué animales conservar según su valor productivo y cuáles necesitan atención nutricional inmediata. No esperar a que todo el rodeo pierda estado.
  5. Proteger lactancia y servicio. Priorizar vaquillonas de primer parto, vacas flacas, paridas tardías y terneros pequeños. Seguir la condición corporal y revisar locomoción y estado de los toros. Considerar destete anticipado o precoz cuando corresponda, con alimentación, sanidad e instalaciones adecuadas para los terneros.
  6. Asegurar alimentación y logística. Suplementar puede cubrir un déficit, pero no reemplaza el piso ni los dormideros. Confirmar acceso, almacenamiento y distribución del alimento; adaptar las dietas gradualmente y anticipar compras antes de que se corten los caminos.
  1. Prepararse para más agua. Monitorear lluvias locales, aportes aguas arriba, niveles, caminos y alcantarillas. Definir escenarios de pérdida adicional de superficie y dejar previsto qué hacienda sale, hacia dónde, con qué transporte y documentación. El traslado debe ejecutarse antes de perder la salida, aunque todavía haya pasto.
  2. Reforzar la vigilancia sanitaria. Controlar problemas podales, diarreas, abortos, parasitosis y calidad del agua de bebida. Revisar con el veterinario el plan preventivo y los diagnósticos necesarios según los riesgos del establecimiento.
  3. Dar tiempo a la recuperación. Cuando baja el agua, verificar firmeza del suelo, cobertura y rebrote antes de reincorporar potreros. La respuesta varía según el ambiente y la duración del anegamiento; un ingreso prematuro puede prolongar el daño.

 

“La semana que viene tengo gira por el litoral, arranco en Esquina, Corrientes, después me voy para Chavarría, de ahí me voy cerca de Corrientes capital y después paso a Formosa, a la zona de las Lomitas. Así que voy a tener un panorama también de la situación del litoral y les paso un reporte de la situación de esa región”, concluyó.

Sin duda, un paquete de medidas y recomendaciones más que útiles para cualquier productor, más allá de que su establecimiento esté prácticamente sin riesgos o en una situación complicada.