Agustín Narvarte: el productor audiovisual que encontró en la ganadería un lugar donde contar grandes historias

Hay historias que nacen de un plan cuidadosamente diseñado y otras que aparecen casi por casualidad. La de Agustín Narvarte pertenece a este último grupo.

Después de regresar al país tras una experiencia viviendo en Australia, todavía buscaba su camino cuando recibió una propuesta tan inesperada como desafiante: un amigo le preguntó si se animaba a filmar toros y sacar fotografías para un remate.

«No tenía nada que perder. Me divertía, me parecía desafiante y algo nuevo», recuerda sobre aquel momento que terminó cambiando su vida profesional.

Hasta entonces, la fotografía había sido una pasión. Había comprado su primera cámara con el sueldo de su primer trabajo y jamás había imaginado que ese hobby pudiera convertirse en el eje de su carrera. Hoy, mirando aquellas primeras producciones, sonríe con autocrítica: «Uno va perfeccionando el ojo y genera un criterio», resume al comparar aquellos trabajos con los actuales.

Una oportunidad que llegó en el momento justo

Narvarte asegura que Narvagro no nació de una idea propia, sino de una oportunidad.

«No fue una idea que me surgió a mí; fue una necesidad de alguien más.»

Aquella necesidad tenía nombre y contexto. La pandemia había transformado por completo la forma de realizar los remates de reproductores. Las restricciones obligaron a buscar nuevas herramientas para acercar la oferta a los compradores y los videos comenzaron a ocupar un lugar central.

«Uno se da cuenta de que en la necesidad de otro también hay una oportunidad para uno», reflexiona hoy, convencido de que haber aceptado aquel desafío fue la decisión que cambió su rumbo.

Fue así como, el 3 de junio de 2021, filmó su primer toro. Sin saberlo, ese día también comenzaba la historia de Narvagro.

Cuando la imagen empezó a vender genética

Durante la pandemia, las cabañas necesitaban mostrar sus reproductores sin que los compradores estuvieran presentes en el campo. Los remates virtuales y las transmisiones por streaming encontraron en las imágenes una herramienta indispensable.

Pero lo que nació como una solución coyuntural terminó consolidándose como una nueva forma de comunicar.

Hoy, semanas antes de un remate, productores de distintos puntos del país analizan videos, fotografías y catálogos digitales para seleccionar los animales que luego seguirán por televisión o streaming. La producción audiovisual dejó de ser un complemento para transformarse en una pieza estratégica del negocio ganadero.

El nacimiento de Narvagro

A medida que los trabajos comenzaron a multiplicarse también apareció la necesidad de construir una identidad.

No quería utilizar simplemente su nombre como marca. Buscaba algo que representara el vínculo entre su apellido y el sector donde estaba desarrollándose.

Así nació Narvagro, una combinación entre Narvarte y Agro que hoy identifica a una empresa especializada en fotografía y producción audiovisual para cabañas, remates y exposiciones ganaderas.

Aprender haciendo

Los comienzos estuvieron lejos de ser cómodos.

Aceptó su primer trabajo sin dominar completamente los programas de edición y, mientras todavía filmaba los animales, sabía que tendría que comprar una computadora capaz de procesar ese material.

«No tenía todo resuelto», reconoce. Sin embargo, decidió asumir el riesgo, invertir los ahorros que tenía y apostar por un camino que recién comenzaba.

Con el tiempo llegaron nuevas inversiones, como la compra de un dron, además de capacitaciones permanentes y horas de práctica para perfeccionar un trabajo donde cada detalle importa.

Pero también hubo otro aprendizaje: entender qué busca mostrar una cabaña y qué necesita ver un comprador.

«Hay gente que me enseñó qué se busca, qué es lo que importa y qué es lo que no. Si no tenés personas generosas con su conocimiento, es muy difícil hacerse de un criterio propio», afirma.

Mucho más que filmar animales

Quienes observan un video de un remate apenas ven unos minutos de imágenes.

Detrás de ese resultado hay jornadas de preparación de los animales, coordinación con los equipos de cada establecimiento, planificación de la filmación y una búsqueda permanente por mostrar el trabajo de selección genética de la mejor manera posible.

Narvarte entiende que comunicar también agrega valor.

Las cabañas ya no sólo venden reproductores; también cuentan una historia, muestran años de inversión genética y construyen una identidad que comienza mucho antes del día del remate.

Kilómetros, confianza y crecimiento

Cada temporada implica recorrer miles de kilómetros.

Su base está en Olavarría, pero su agenda lo lleva por Buenos Aires, La Pampa, Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes, Chubut e incluso Uruguay.

Ese crecimiento llegó de la mano del boca a boca y de la confianza construida con cada cliente.

«Las primeras oportunidades siempre son importantes, pero más importante todavía es la segunda, porque si te llaman otra vez es porque la primera salió bien. Lo más difícil no es llegar, sino sostenerse», sostiene.

Como muchos emprendedores, también atravesó etapas de exceso de trabajo, viajes interminables y jornadas con apenas unas pocas horas de descanso. Con el tiempo entendió que crecer también implica aprender a organizarse y, sobre todo, saber decir que no cuando es necesario.

Pasión, naturaleza y futuro

Cinco años después de aquel primer toro filmado, Narvarte ya no se define solamente como fotógrafo o productor audiovisual. Su trabajo consiste en ayudar a comunicar el enorme esfuerzo que hay detrás de cada reproductor y de cada cabaña.

Hoy continúa apostando por la profesionalización de sus servicios y por una comunicación cada vez más cercana al productor, convencido de que la imagen seguirá teniendo un papel central en la comercialización de la genética.

Quizás la mejor definición de ese recorrido sea una frase que resume tanto su presente como su manera de entender el trabajo:

«Conecta mucho lo que hago con lo que soy. Esto de andar afuera, la naturaleza, trabajar por proyectos… tiene mucho que ver conmigo. Entonces creo que es más fácil».

Y probablemente allí esté la clave de su historia. Lo que comenzó como una simple pregunta —»¿te animás a filmar toros?»— terminó convirtiéndose en un proyecto que hoy acompaña a algunas de las principales cabañas del país, demostrando que detrás de cada gran imagen también hay dedicación, aprendizaje y una profunda pasión por comunicar la ganadería argentina.

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