“Diez o quince no estarían de más”, dijo el paisano

¿De la inundación pasamos a la falta de agua en el centro de la provincia de Buenos Aires? Quizás es exagerado, pero el alargamiento de los días y los períodos de irradiación, sumados al efecto del viento, han transformado los “esteros” de un mes atrás en campos “faltones”. ¿Estamos todos locos? Una nota de color basada en el contraste entre lo que hemos publicado durante meses y lo que nos cuentan nuestros productores amigos.

Los campos ganaderos del centro de la provincia de Buenos Aires están verdes como hace mucho no se veía, han semillado tarde, grandes producciones de forraje, y es difícil encontrar vacas flacas. Del balance nutricional hablamos en otro momento, pero lo cierto es que la hacienda está en general en muy buen estado.

Pero el otro día, un productor amigo comentó en una matera que “diez o quince no están de más”… hace un mes la recorrida era casi un paseo por los Esteros de Iberá y hoy, aun los campos más bajos, han secado mucho y falta agua a nivel de superficie aunque hay un importante nivel de humedad acumulada en capas más profundas.

De más está decir que este artículo no pretende ser sino una nota de coloro basada en el contraste entre lo que hemos venido publicando meses atrás, lo que nos comentan por privado nuestros seguidores y lo que nosotros mismos vemos a campo.

La situación real a mediano plazo es mucho más seria, ya que en noviembre se reportaron anegamientos o saturación en 6 millones de hectáreas, según datos de CARBAP, lo cual tiene un impacto muy marcado en la dinámica productiva.

Los partidos del oeste y centro bonaerense, como Pehuajó, Carlos Casares, Bolívar, Daireaux, Trenque Lauquen y 25 de Mayo fueron los más afectados, con daños en pasturas, verdeos, cultivos y sobre todo, caminos intransitables que complican todo mucho más.

La entidad ruralista proyectó un impacto económico que podría superar los US$ 2.000 millones, debido a hectáreas que quedarán fuera de producción durante buena parte de 2026. Aunque desde el gobierno se impulsó un programa de emergencia agropecuaria para algunas provincias con beneficios impositivos, la situación es más grave y pasa por otro lado.

Pero volviendo a lo que nos comentan nuestros productores amigos y lo que vemos en nuestras recorridas, en los campos ganaderos, por ahora, el impacto es limitado. Al retirarse el agua dejó excelentes producciones de forraje y encañazones tardías, aunque si el verano llega a ser caluroso la cosa puede cambiar.

En el caso de los agricultores, la situación es diferente. Las lluvias, intensas y regulares, atrasaron muchas labores relacionadas a sanidad y cuidado de los cultivos de invierno, y preparación y siembra de los de verano. Los chacareros tienen un fin de año a las corridas, y con posibles sorpresas en cuanto a rinde debido a alguna que otra helada tardía en lotes con humedad, con el daño que ello representa.

Por otra parte, algún agricultor nos ha comentado las dificultades con la emergencia del maíz debido a una costra dura que se formó en la superficie de los lotes.

En suma, una serie de desafíos y oportunidades que dependerán en parte de precipitaciones oportunas y escalonadas, y en parte de decisiones de los gobiernos de turno a nivel local, provincial y nacional. En el medio, los productores argentinos hacen malabares para salir adelante, como siempre.

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