El médico veterinario de Estancias y Cabaña Las Lilas repasó en La Ganadería que Viene 2026 los criterios para seleccionar, recriar y definir el momento del primer servicio de las vaquillonas. Al cierre, recuperó un verso de Benito Nazar Anchorena que plantea otra mirada sobre la reposición: no todo pasa por preñar más temprano, también por extender la vida útil de las vacas. En esta nota el video completo de su charla

De la selección al destete, de la recría al preservicio y del peso al momento del entore a la fertilidad, el manejo de la vaquillona de reposición reúne una serie de decisiones que terminan impactando durante años sobre la productividad de un rodeo. Ese fue el eje de la exposición que Fermín Telechea brindó durante el Spot Empresas de La Ganadería que Viene 2026, donde abordó la importancia de la reposición, los criterios de selección, el cálculo de las necesidades del rodeo y las distintas edades posibles para el primer servicio.
Pero la charla fue más allá de discutir si una vaquillona debe preñarse a los 15, 18 o 27 meses. La propuesta de Telechea fue mirar la reposición como parte de una estrategia integral, condicionada por la raza, el ambiente, la alimentación, los recursos humanos, el manejo sanitario y, sobre todo, por los objetivos económicos de cada establecimiento.
La futura vaca se empieza a definir desde la ternera
“La vaquillona es el futuro vientre”, fue una de las ideas centrales de la exposición. Para Telechea, esa hembra debe tener una larga vida útil y ser capaz de entregar durante varios años una cantidad y calidad de terneros que justifiquen la inversión realizada durante su recría.
Por eso, la primera selección puede comenzar al destete. Peso, desarrollo corporal, biotipo racial y temperamento son algunos de los atributos que permiten identificar las hembras que tendrán mayores posibilidades de convertirse en buenas madres.
El temperamento, incluso, aparece como un criterio productivo. Una hembra manejable facilita las tareas y reduce los problemas en corrales, mangas y alambrados.
Pero el proceso comienza incluso antes del nacimiento. Una adecuada nutrición de la madre durante la gestación puede favorecer el desarrollo posterior de la ternera y aumentar sus posibilidades de alcanzar una buena fertilidad y desempeño productivo.
El preservicio: cuando ya no hay margen para improvisar
La siguiente instancia importante es la evaluación previa al servicio. Allí se incorporan el peso, el desarrollo corporal, la pelvimetría y la revisación genital. El objetivo es determinar si la futura vaquillona tiene las condiciones necesarias para enfrentar su primera reproducción.
La recría juega un papel decisivo. Una ternera que atraviesa esa etapa con ganancias de peso insuficientes difícilmente llegue al preservicio con el desarrollo requerido. Telechea llamó a planificar la alimentación y evitar que la recría quede librada a la disponibilidad circunstancial del campo.
También destacó la importancia de la precocidad reproductiva. Las hembras que se preñan temprano muestran, en general, una mayor actividad cíclica y una mejor respuesta reproductiva.
¿Cuántas vaquillonas necesita realmente el campo?
Otro de los ejes de la charla fue el cálculo de la reposición. No alcanza con conocer cuántas vacas tiene un establecimiento: también hay que saber qué porcentaje logra preñar, qué porcentaje de terneros desteta y cuántas hembras se pierden durante la recría.
Telechea mostró, a través de distintos ejemplos, cómo esos índices pueden modificar completamente la necesidad de reposición. En un rodeo de 1.000 vientres, determinados niveles de preñez y destete permiten producir un excedente de terneras que puede venderse o incorporarse a la recría. Con índices más bajos, en cambio, el mismo establecimiento puede quedarse sin suficientes hembras y verse obligado a comprar para sostener el tamaño del rodeo.
Por eso, mejorar la preñez y el destete no sólo significa producir más terneros: también permite contar con más hembras para seleccionar y tomar decisiones con mayor margen.
El debate de los 15 meses
La edad al primer servicio fue uno de los puntos más interesantes de la exposición. Telechea remarcó que no existe una edad universal y que cada establecimiento debe definirla de acuerdo con sus objetivos, ambiente, sistema de alimentación, raza, personal disponible y capacidad de seguimiento.
Como referencia, planteó que la vaquillona debería llegar al servicio con alrededor de dos tercios del peso adulto del rodeo. Si las vacas adultas pesan 450 kilos, por ejemplo, el objetivo estaría en torno a los 300 kilos para el primer servicio.
La genética también define los tiempos. Angus y Hereford, entre las razas británicas, presentan mayor precocidad sexual. En el otro extremo, las razas índicas necesitan más edad y peso para alcanzar la pubertad. Los cruzamientos, como Brangus, se encuentran en un punto intermedio.
Un servicio a los 15 meses puede significar adelantar la incorporación productiva y sumar un ternero más durante la vida útil de la vaca. Pero también requiere una recría más exigente, mayor control nutricional y sanitario y una selección precisa de los toros utilizados para reducir el riesgo de distocia.
El servicio a los 18 meses aparece como una alternativa intermedia, especialmente interesante en sistemas mixtos, mientras que los planteos más tardíos reducen exigencias sobre la recría pero prolongan el período improductivo de la categoría.
La eficiencia también puede estar en una vaca que permanece más tiempo
Y ahí apareció la otra parte de la discusión. Después de recorrer los argumentos a favor de adelantar el primer servicio, Telechea cerró la exposición recuperando una idea que había conocido de uno de sus referentes, Benito Nazar Anchorena, quien trabajó sobre estrategias para extender la vida útil de las vacas y así reducir las necesidades de reposición.
El concepto quedó resumido en un verso que Telechea decidió compartir con el público:
“A diferencia con la vida, donde 15 es mejor que 70, en los rodeos de cría, debe atenderse a las viejas. Son las que más buscan al toro y al llegar, ellas se aquietan. No erran servicio alguno y destetan a los cabezas.
Las de 15 son puro lío. Correrías y disparadas no saben quedarse quietas cuando el toro las encara. Si a las cansadas se preñan al parir la ternerada, no saben cuidar de ella y la destetan liviana.
Si tan buen campo tenés, entrerriano, que a los 15 meses preñás, haceme caso y dejá que lo aprovechen las viejas.
Ellas sabrán pagarte con más terneros cabeza.”
El razonamiento detrás del verso es tan sencillo como provocador: si una vaca puede mantenerse productiva un año más, la necesidad de reemplazarla disminuye y los recursos del campo pueden utilizarse de otra manera. Telechea contó que Nazar Anchorena desarrolló estrategias de este tipo en campos de La Pampa, buscando prolongar la vida útil de vacas que todavía podían seguir produciendo.
Así, el cierre volvió sobre la pregunta que había atravesado toda la charla: ¿la máxima eficiencia está siempre en preñar antes a la vaquillona, o en encontrar el equilibrio entre una reposición eficiente y una vaca capaz de permanecer productiva durante más años?
En definitiva, para Telechea la respuesta no está en una edad determinada, sino en conocer el rodeo, medir sus resultados y ordenar el sistema para que cada vientre entregue la mayor cantidad posible de terneros durante su vida productiva.