Para Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, la clave de la ganadería argentina actual no es cambiar su esencia, sino utilizar la evidencia científica para optimizar los sistemas pastoriles y certificar su sostenibilidad.

La ganadería argentina se encuentra en una encrucijada positiva: la demanda mundial de alimentos saludables y trazables crece, pero también lo hacen las exigencias ambientales. En este escenario nace Ganadería ConCiencia, una iniciativa que busca tender un puente entre los trabajos científicos del INTA y la realidad del productor en el campo.
Hablamos con Mauricio Álvarez, referente del programa e integrante de este espacio, sobre cómo la tecnología de procesos y el manejo de los recursos naturales pueden transformar la rentabilidad y el balance de carbono de los establecimientos nacionales.
ZonaCampo: ¿Por qué hoy se habla de la ganadería pastoril como un «ecosistema multifuncional»?
Mauricio Álvarez:Es fundamental entender que los pastizales no son solo fábricas de forraje; regulan procesos ecológicos clave. Un dato relevante para evaluar el impacto ambiental no es solo cuánto emite un animal, sino cuánta carne o leche produce a lo largo de su vida útil y cuánta superficie requiere para hacerlo. Los sistemas bien manejados no solo producen alimento de alto valor, sino que funcionan como sumideros de carbono, capturando emisiones de manera significativa.
ZonaCampo: ¿Qué prácticas han demostrado ser las más efectivas para mejorar la eficiencia sin disparar los costos?
Mauricio Álvarez: La ciencia y la experiencia de campo coinciden en que las tecnologías de proceso son las de mayor impacto y menor costo relativo. El manejo rotativo de pastizales, por ejemplo, mejora la oferta y calidad del forraje. A esto se suma la suplementación estratégica para acortar ciclos y el manejo reproductivo eficiente, como el entore temprano y la IATF. Estas prácticas generan un círculo virtuoso: aumentan la producción y reducen pérdidas, fortaleciendo la rentabilidad de la empresa ganadera.

Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA
ZonaCampo: ¿Cómo influye el bienestar animal y la genética en este nuevo paradigma?
Mauricio Álvarez: El bienestar animal ya no es una opción, sino un protocolo integral de salud. Los sistemas silvopastoriles, que combinan árboles y pasturas, aportan sombra y abrigo, mejorando el confort. En cuanto a la genética, hoy el foco está en la eficiencia alimentaria y la menor emisión, apoyándonos en plataformas de fenotipado de consumo residual (RFI) que el INTA ya tiene operativas.
ZonaCampo: ¿Cuál es la oportunidad real de Argentina ante los mercados internacionales?
Mauricio Álvarez: El mundo demanda trazabilidad ambiental y certificaciones claras. Argentina tiene la capacidad de ofrecer una carne diferenciada. No se trata de cambiar nuestra esencia, sino de hacerlo cada vez mejor: con más información, sensores para monitoreo remoto y una estrategia que premie las buenas prácticas. El desafío es transformar nuestro conocimiento técnico en un valor agregado que el mundo esté dispuesto a reconocer.
Los trabajos del INTA confirman que los pastizales templados y patagónicos, bajo un manejo adecuado, actúan como reservorios críticos para la captura de carbono, a la vez que la actividad ganadera contribuye a prevenir la desertificación y favorece la infiltración de agua en los suelos. Esta gestión sostenible se potencia con la incorporación de ganadería de precisión, una herramienta accesible que permite a los productores tomar decisiones basadas en datos objetivos sobre el clima y el estado real de los rodeos.



