Ganadería

La vaca no tiene la culpa

En este artículo semitrasnochado, nuestro redactor propone una revisión sobre la responsabilidad que se atribuye a la ganadería en el cambio climático por la emisión de gases de efecto invernadero

por Miguel Viñuales (ZonaCampo

A esta altura del partido, los lectores de ZonaCampo bien saben que nos gusta jugar con los títulos, sobre todo los que provocan un poquito. Pero si tengo que ser honesto (el que avisa no traiciona), este artículo -que adolece de rigor científico y que va a dejar más dudas que certezas-  debiera estar encabezado de manera más interrogativa, algo así como "La vaca… ¿realmente tiene la culpa?".


Me permito una introducción. Hace ya muchos años, leyendo un artículo publicado en la revista Anales de la Educación Común, número 8 de octubre de 2007, dedicado a Educación y Ambiente, encontré algo que me impactó: en el marco de una propuesta de consumo sustentable, el especialista mexicano Edgar González Gaudiano incluyó la sustitución o disminución de bienes ambientalmente críticos, entre los cuales se encontraba el consumo de carne de res.


En una nota al pie, se fundamentaba esta categorización en el hecho de que "el consumo de la carne de res es crítico porque para producir un kilogramo de carne se requieren en promedio cinco kilogramos de grano y el equivalente energético de nueve litros de gasolina, sin mencionar la erosión del suelo, o la deforestación si esa carne se produce en áreas tropicales, así como el consumo de agua, el uso de pesticidas y fertilizantes, el agotamiento de aguas subterráneas y las emisiones de gases de invernadero (Durning, 1991; Rifkin, 1992; Lappé, 1991)"


Probablemente fue la primera vez que leía algo así, en términos tan contundentes y, siendo que estaba haciendo mis primeras armas en la producción ganadera y a la vez con un corazón orientado a la agroecología, la verdad es que me movilizó. Y es hasta el día de hoy que, muchas notas con distintos referentes mediante, no puedo dejar de hacerme esa pregunta: ¿la ganadería tiene tanta responsabilidad respecto del cambio climático, en particular por las emisiones de metano?


Si me permiten, voy a expresarlo lisa y llanamente en términos más claros y precisos… ¿Tanto efecto tienen los p…. que se tiran las vacas, el agua que toman las vacas, el pasto que comen las vacas en la debacle ambiental, siendo que el planeta está habitado por trillones de seres vivos que realizamos a diario nuestros intercambios metabólicos con el medio? Dejemos de lado, aunque se arbitrariamente, todo lo relativo a emisiones por transporte, industrialización, y demás, ya que esos factores son compartidos aún con la agricultura agroecológica.



Una respuesta que necesitamos

Todavía sigo esperando la respuesta. He hablado con muchos especialistas, he preguntado a gente que realmente sabe, que estudia, he reflexionado, y no encuentro aún esa nota, o más bien, ese acorde que integre todas las visiones. Y creo que es una respuesta digna de ser encontrada, porque como sociedad estamos acostumbrados a tomar partido por algunas cosas que nos gustan y demonizar otras que no, y en verdad ese tipo de actitudes no son saludables para una convivencia ética y, si que quiere, fraternal y ecológica.


En el medio han aparecido las pujas entre veganos y carnívoros, entre productores orgánicos y los que dependen de insumos de síntesis química, y nos peleamos, y nos seguimos peleando. "La verdad es un raro diamante de muchas facetas", he leído por ahí, y quizás todos tengamos un poco de razón desde nuestro punto de vista. Pero, ¿quién tiene la osadía de asegurar que el otro está equivocado, y nosotros no? 


Traducción del meme: Los reclamos sobre metano contra el ganado son exagerados. De acuerdo a la EPA, el ganado total representa el 3,9% de la emisión de GEI en Estados Unidos, lo cual es mucho menor al rango de entre el 18 y 51% que los defensores de las plantas reportan. La mayor fuente de emisiones de GEI en Estados Unidos proviene de la generación de energía y transporte. Dentro de la categoría "ganado", la carne de vaca representa el 2% del total de las emisiones de GEI en Estados Unidos.  



No me quiero ir por las ramas. Hace algunas semanas, me llegó por privado un "meme" donde una agrupación americana llamada "Sacred Cow" ("Vaca Sagrada", en castellano) asegura que el reclamo contra la ganadería bovina por las emisiones de metano está sobredimensionado, ya que según informes de la EPA (Environmental Protection Agency, Agencia de Protección Ambiental) de Estados Unidos, del total de emisiones de gases de efecto invernadero de ese país en el año 2016, la ganadería solo representa el 3,9% frente al 28,5% de transporte; 28,4% por generación eléctrica; y 21,6% de actividad industrial. Y por si fuera poco, dentro de ese 3,9%, la ganadería bovina representa menos de la mitad, es decir, un 2% de las emisiones globales.


Esta información naturalmente reavivó la incertidumbre que me venía acompañando desde hace tanto tiempo, y lo primero que hice fue intentar chequear fuentes, ya que el reenvío de información no constatada y la aceptación sin más de lo que nos llega por las redes es uno de los efectos secundarios más indeseables de la comunicación actual.


No puedo extenderme mucho más en esta primera parte de la nota, pero para la continuación puedo adelantar que encontré bastantes datos de interés. No pude hallar el dato concreto del cual surgen esas cifras de 2016, pero si información relativa a emisiones globales de la actividad agropecuaria, que ameritan una investigación más profunda, y sugieren que se justifica reflexionar desapasionadamente sobre estos temas para poder asumir una actitud sustentable a la vez que productiva.



Continuará…

Lógicamente, esta nota sigue y espero poder transmitir en la segunda parte, algo de contenido científico relevante como para poder formar una opinión fundamentada e integradora de diferenciasEs oportuno aclarar que el proyecto "Sacred Cow" no pretende, precisamente, brindar ese enfoque integrador, sino que promueve abiertamente la producción y consumo de carnes, y la educación alimentaria correspondiente. 


Es decir, no sé si voy a poder llegar, desde su perspectiva, a un enfoque neutro. Pero si recordamos que todo esto empezó en 2007 cuando un catedrático mexicano me dejó zumbando en la mente la idea de que la ganadería era nefasta para el medioambiente, de alguna manera me queda el ejercicio de buscar mi propio punto de encuentro, mi propia zona gris, que no es negra ni blanca, y puede que tampoco esté en el medio.


Pero bueno, hasta aquí llegamos hoy. Seguramente al final de la nota nos hayan quedado más dudas que certezas sobre la responsabilidad de la ganadería en el cambio climático debido la emisión de gases de efecto invernadero. Seguramente también faltó rigor científico a este cúmulo de pensamientos en voz alta. No estoy siendo desleal, esto ya se advirtió desde el primer párrafo.


Espero si, en cambio, que si usted también tiene alguna inquietud al respecto, este artículo lo haya invitado a reflexionar y, más allá de que sienta más afinidad por una u otra perspectiva, pueda valorar la suya propia e integrar simultáneamente la del que tiene una diferente. Si algo de eso se logró, esta nota cumplió con creces su propósito. Gracias por leer hasta el final.



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Me permito una introducción. Hace ya muchos años, leyendo un artículo publicado en la revista Anales de la Educación Común, número 8 de octubre de 2007, dedicado a Educación y Ambiente, encontré algo que me impactó: en el marco de una propuesta de consumo sustentable, el especialista mexicano Edgar González Gaudiano incluyó la sustitución o disminución de bienes ambientalmente críticos, entre los cuales se encontraba el consumo de carne de res.


En una nota al pie, se fundamentaba esta categorización en el hecho de que "el consumo de la carne de res es crítico porque para producir un kilogramo de carne se requieren en promedio cinco kilogramos de grano y el equivalente energético de nueve litros de gasolina, sin mencionar la erosión del suelo, o la deforestación si esa carne se produce en áreas tropicales, así como el consumo de agua, el uso de pesticidas y fertilizantes, el agotamiento de aguas subterráneas y las emisiones de gases de invernadero (Durning, 1991; Rifkin, 1992; Lappé, 1991)"


Probablemente fue la primera vez que leía algo así, en términos tan contundentes y, siendo que estaba haciendo mis primeras armas en la producción ganadera y a la vez con un corazón orientado a la agroecología, la verdad es que me movilizó. Y es hasta el día de hoy que, muchas notas con distintos referentes mediante, no puedo dejar de hacerme esa pregunta: ¿la ganadería tiene tanta responsabilidad respecto del cambio climático, en particular por las emisiones de metano?


Si me permiten, voy a expresarlo lisa y llanamente en términos más claros y precisos… ¿Tanto efecto tienen los p…. que se tiran las vacas, el agua que toman las vacas, el pasto que comen las vacas en la debacle ambiental, siendo que el planeta está habitado por trillones de seres vivos que realizamos a diario nuestros intercambios metabólicos con el medio? Dejemos de lado, aunque se arbitrariamente, todo lo relativo a emisiones por transporte, industrialización, y demás, ya que esos factores son compartidos aún con la agricultura agroecológica.



Una respuesta que necesitamos

Todavía sigo esperando la respuesta. He hablado con muchos especialistas, he preguntado a gente que realmente sabe, que estudia, he reflexionado, y no encuentro aún esa nota, o más bien, ese acorde que integre todas las visiones. Y creo que es una respuesta digna de ser encontrada, porque como sociedad estamos acostumbrados a tomar partido por algunas cosas que nos gustan y demonizar otras que no, y en verdad ese tipo de actitudes no son saludables para una convivencia ética y, si que quiere, fraternal y ecológica.


En el medio han aparecido las pujas entre veganos y carnívoros, entre productores orgánicos y los que dependen de insumos de síntesis química, y nos peleamos, y nos seguimos peleando. "La verdad es un raro diamante de muchas facetas", he leído por ahí, y quizás todos tengamos un poco de razón desde nuestro punto de vista. Pero, ¿quién tiene la osadía de asegurar que el otro está equivocado, y nosotros no? 


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No me quiero ir por las ramas. Hace algunas semanas, me llegó por privado un "meme" donde una agrupación americana llamada "Sacred Cow" ("Vaca Sagrada", en castellano) asegura que el reclamo contra la ganadería bovina por las emisiones de metano está sobredimensionado, ya que según informes de la EPA (Environmental Protection Agency, Agencia de Protección Ambiental) de Estados Unidos, del total de emisiones de gases de efecto invernadero de ese país en el año 2016, la ganadería solo representa el 3,9% frente al 28,5% de transporte; 28,4% por generación eléctrica; y 21,6% de actividad industrial. Y por si fuera poco, dentro de ese 3,9%, la ganadería bovina representa menos de la mitad, es decir, un 2% de las emisiones globales.


Esta información naturalmente reavivó la incertidumbre que me venía acompañando desde hace tanto tiempo, y lo primero que hice fue intentar chequear fuentes, ya que el reenvío de información no constatada y la aceptación sin más de lo que nos llega por las redes es uno de los efectos secundarios más indeseables de la comunicación actual.


No puedo extenderme mucho más en esta primera parte de la nota, pero para la continuación puedo adelantar que encontré bastantes datos de interés. No pude hallar el dato concreto del cual surgen esas cifras de 2016, pero si información relativa a emisiones globales de la actividad agropecuaria, que ameritan una investigación más profunda, y sugieren que se justifica reflexionar desapasionadamente sobre estos temas para poder asumir una actitud sustentable a la vez que productiva.



Continuará…

Lógicamente, esta nota sigue y espero poder transmitir en la segunda parte, algo de contenido científico relevante como para poder formar una opinión fundamentada e integradora de diferenciasEs oportuno aclarar que el proyecto "Sacred Cow" no pretende, precisamente, brindar ese enfoque integrador, sino que promueve abiertamente la producción y consumo de carnes, y la educación alimentaria correspondiente. 


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Pero bueno, hasta aquí llegamos hoy. Seguramente al final de la nota nos hayan quedado más dudas que certezas sobre la responsabilidad de la ganadería en el cambio climático debido la emisión de gases de efecto invernadero. Seguramente también faltó rigor científico a este cúmulo de pensamientos en voz alta. No estoy siendo desleal, esto ya se advirtió desde el primer párrafo.


Espero si, en cambio, que si usted también tiene alguna inquietud al respecto, este artículo lo haya invitado a reflexionar y, más allá de que sienta más afinidad por una u otra perspectiva, pueda valorar la suya propia e integrar simultáneamente la del que tiene una diferente. Si algo de eso se logró, esta nota cumplió con creces su propósito. Gracias por leer hasta el final.



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