“Tener fuego adentro de un campo para un productor de cría se vive como una tragedia, se vive como algo triste”

Malo conocido y malo por conocer, el tema de los incendios es una realidad con que conviven verano tras verano los productores de La Pampa. Generalmente se inician por causas naturales pero la planificación y las obras son fundamentales para prevenir la expansión y mejorar el control. Paradójicamente, el acumulado de forraje tras las lluvias de primavera fue uno de los factores que más impactaron este año. La palabra de la productora pampeana Gabriela Iturrioz.

Así como la nieve en Patagonia sur, el fuego es un elemento con que conviven los productores de La Pampa todos los años, fundamentalmente durante los meses de diciembre y enero. Pero a diferencia de la nieve, que cuando se retira deja forrajes verdes y humedad en suelo, el fuego sin control destruye producción, reservas, estructura e ilusiones.

“Tener fuego adentro de un campo para un productor de cría se vive como una tragedia, se vive como algo triste. Porque el productor lo vive como tiempo perdido, no solamente en lo económico, obviamente, sino también en lo que demanda volver a recuperar el estado original en el que se encontraban los recursos o las cosas. Esto hace que el productor lo viva con mucha tristeza, y obviamente su familia también”, explica la productora Gabriela Iturrioz.

Iturrioz, integrante del staff de la casa Néstor Hugo Fuentes S.A., remarca que en la zona de General Acha los focos de incendio han estado presentes al igual que en años anteriores, pero han sido de menor intensidad a los que aparecen en las noticias y se los pudo controlar a tiempo.

“El tema de los incendios en la Provincia de La Pampa es un tema recurrente, un tema sensible para el productor de cría y su familia que aparece cotidianamente y con el cual tenemos que luchar todos los veranos”, asegura.

Paradójicamente, este año se dio condimento especial: las lluvias de primavera, que produjeron un exceso de forraje en campos sin carga animal suficiente para pastorearlo a tiempo. “Las precipitaciones hicieron que se generara un alto volumen de pasto que no se pudo consumir en época, dando lugar a un acumulado de material seco que inició los incendios que empezamos a percibir. En diciembre, en la zona de Santa Isabel, Algarrobo del Águila… en la zona del oeste, con el límite con Mendoza, ahí empezaron los primeros focos de incendio”.

Según Gabriela Iturrioz, esa región suele presentar anualmente situaciones de quema, que comienzan casi siempre de manera fortuita con tormentas eléctricas y algún rayo que inicia el foco. Luego, las condiciones de monte achaparrado bajo hacen difícil el control y acceso, a la vez que permiten que el fuego se mueva rápidamente.

“La zona de Bernasconi, que es al sudeste de la provincia de La Pampa, arrancó casi a final de año. Se vieron involucradas unas 40.000 hectáreas, entre las zonas que van al sur de la Ruta 35, de la Ruta Nacional 35, en La Pampa, Santa Rosa, y termina finalmente en la localidad de Bahía Blanca. Las localidades son Bernasconi, San Martín y Jacinto Arauz, al sur de esas localidades, y llegando casi hasta la vera del Río Colorado, en la localidad de La Adela”, explica.

“Son pequeños y medianos productores de una zona mixta, donde se encuentran zonas de monte de caldén alto y zonas de limpio, donde se quemaron además algunos rastrojos de algún cultivo de invierno, reservas forrajeras de rollos. Pequeños y medianos productores a los que se les quemó la totalidad del campo o buena parte de la superficie, instalaciones para el manejo del rodeo vacuno, y también alambrados, alambrados perimetrales e internos”, detalla.

Gabriela Iturrioz enfatiza que el efecto de estas pérdidas trasciende lo económico: “Obviamente es un impacto importante para la economía de la familia del productor de cría, pero también impacta en lo afectivo, en lo emocional. Empezar de cero para un productor mediano o chico es algo triste, se vive como una pérdida de un ser querido, o algo parecido a eso, se lo puede comparar”, relata desde su experiencia personal y profesional, tras tantos años en contacto con clientes.

Más allá de que en gran medida las causas son naturales, Iturrioz sostiene que las decisiones públicas y privadas impactan de manera sustancial en el control y prevención. Más inversión en infraestructura y mantenimiento de los caminos vecinales, combinado con que, de las tranqueras para adentro, el productor mantenga los cortafuegos hechos y en buen estado para evitar que el fuego se expanda.

“Naturalmente, cuando tiene mucha velocidad y mucho material para consumir es muy difícil frenarlo. Pero bueno, de alguna manera con infraestructura a nivel provincial y a nivel local, municipal, que permita inmediatamente estar en los campos y poder brindar soluciones, seguramente uno podría trabajar de una manera más rápida y solucionar estas situaciones”, concluye.

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