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El paisano Antenor, uno de los primeros benefactores de Fray Romeo

Los Fiat 600 y el Fray fueron una sola cosa en el paisaje cotidiano e imborrable de Olavarria. Daniel Lecointre nos trae la historia que dio origen a uno de los emblemas de su obra

Por Daniel Lecointre, exclusivo para Zona Campo. 

Ya era un hombre grande cuando el fray lo conoció, tenía un campito a dos o tres leguas del pueblo. Vivía solo, su mujer había muerto hacia años y eso le había entristecido los ojos y la vida.


Tenía una Ford sesenta, impecable.Ya no se animaba a manejar en la ciudad, pero los domingos a la mañana se venía despacitopor el camino de tierra, y con una acelerada final paraba en el boliche de un amigo. A Juan, el bolichero lo conocía desdechico, era su hombre de confianza. El establecimiento se erguía donde terminaba o empezaba la ciudad. Era un paraíso con dos paisajes bien distintos.A la derecha se veían los campanarios ylas casas más altas. Se escuchaban los coches, las bocinas. Pero a la izquierda, un bruto avenal engordaba un lote de novillos. Y se podía escuchar el bramido del toro o el relincho agudo de un potro. Hoy será una de las avenida periférica, totalmente habitada.


A eso de las diez empezaban a llegar los parroquianos, todos saludaban con mucho respeto a don Antenor. Si era verano, se sacaban las sillas al patio y mientras dos corderos se doraban inclinados, reverenciando el fuego, se jugaba a las bochas, y a la taba. A las doce se destapaban las damajuanas con vino fresco. Esa era la señal que todos esperaban, entonces cada paisanosacaba el verijero, partía una galletay con esos pertrechos encaraba el asado. En el primer ataque uno de los ovinos ya era irreconocible. Y así,paladares expertos, saboreaban en silencio, una de las mejores carnes del mundo. Al final, se limpia el cuchillo en la galleta, se come la galleta y no hay vajilla que lavar. En la A la tarde, mate con pasteles, empanadas de dulce, truco y despedida.


Antenor, siempre le dejaba un papelito al bolichero, con la orden de sacar unos pesos de la casa de remate y con esaplata le pagara las cuentas, depositara en el banco, comprara algún material, o lo que fuera. Pero hoy cuando lo llamo a parte, él encargue fue otro. El martes tenía que desojar y descolar unas ovejas y necesitaba que le mandara un hombre de confianza para que lo ayudara. Juan era también el depositario de todala mercadería que el viejo traía para fray Romeo. Media res de oveja, huevos, leche, grasa derretida, alguna yunta de pollos. Loconociórecién llegado a Olavarria,lehabía impresionado `` verlo tan diferente, Tan loco, bueno y divertido´´


El martes temprano los perros de don Antenor anuncian la llegada de un auto. De él se bajó un hombre joven y sonriente. ``- Soy fulano de tal,me manda José, el bolichero-´´ Así se presentó, mientras le estrechaba la mano al patrón.En eso estaban, cuando el viejo ve que de la otra puerta baja una niña. Tendría doce o trece años, la cara sucia, lagañosa, el pelo como indio último, la ropa muy descuidada, y una onda en la mano.``- A…disculpe don, pero traje esta muchachita…anda boyando en el pueblo, y vio…hay tantos peligros allá. Los padres han agarrado como bocha que le falta un pedazo. Andan en cosas raras y se la olvidan tiro a tiro. La criamos los vecinos. ¿Si no le molesta, vio?-´´pregunto el recién llegado y mirando hacia la niña le grito ``- Che Rocío, vení a saludar al hombre por lo menos-´´ Rocio ya estaba abajo una acacia , midiendo con la gomera a una pobre paloma echada en el nido.``-hola, como te va-´´respondió ella,sin sacar los ojos de la torcaza.


El viejo, educado y atento respondió, ``-pero no mi amigo…pobrecita…que venga a tomar el café con leche, debe estar venada…la ha sacado muy temprano usted.-´´ Al rato la niña estaba en la mesa, frente a una inmensa taza humeante y tres galletas untadas generosamente con manteca y azúcar. Ellos se fueron,y la niña quedo saboreando el inesperado desayuno.


Los hombres trabajaron toda la mañana en los corrales. Las tijeras de esquilar y las manos habilidosas iban quitando la lana de los ojos y las colas de los lanares. Se venía`` la época de echar los carnerosy eso ayuda a no errar las preñeces´´.Al medio día quedaban unas pocas, pero el patrón dijo, `` ya es hora de almorzar´´ y colgaron las tijeras.


Salame y jamón de la casa, una buena planchuela repleta de bifes, media docena de huevos fritos, y de postre queso y dulce. El empleado y la compañera se comidieron a lavar los platos. El dueño de casa dijo `` buen provecho´´ y se incorporó despacio. El trajín de la mañana le había entumecido las rodillas y los dolores reumáticos se le vieron en la cara.``- Yo me voy a tirar un ratito. En la otra pieza hay camas… o si quieren tomar unos mates-´´ dijo, como disculpándose y se retiró.


Cuando don Antenor se levantó, vio a la niña sentada en una silla con los pies arriba de la mesa. Había encendido la radio y estaba sola.``- A su pion lo vinieron a buscar y se fue. Ya termino las ovejas que faltaban. Dijo que en la tardecita me viene a buscar -´´ Explico Rocío, más preocupada en sintonizar bien la radio para escuchar una canción de moda, que en contar lo sucedido. El viejo se quedó callado, le parecía todo muy raro, pero disimulo. Tomaron unos mates, salieron a juntar los huevos, trajeron la lechera, entraron leña, llego la tardecita, la noche y el hombre no venía. La niña hablaba, brincaba como un chingolo alrededor de el, le contaba cosas de lo más divertidas, lo atosigaba con preguntas del campo y de su vida. Don Antenor estaba espantado. El no se animaba a manejar de noche…pero como iba a estar con esta chica en su casa, eso no era correcto. Cenaron, él, esperando el milagro de la llegada del empleado, ella, solo esperaba que hubiera queso y dulce otra vez en el postre.


A las diez de la noche la situación era irreversible. ``-Le voy a poner sabanas nuevas a la camita de huéspedes…y te preparo el baño por si te querés bañar -´´Dijo Antenor, mientras llevaba el farol al baño. Acarreo agua tibia en un fuenton, saco un jabón nuevo, una toalla y cuando se dio vuelta se quiso morir, la niña ya estaba desnuda, pegada a el, tiritando de frío. ``-No hija no…eso no se hace, el cuerpo de una mujer no es para que lo vea cualquiera-´´ y la tapo como pudo con un trapo. Ella levanto los hombros asombrada, no entendía por qué tanto escándalo, y se metió al agua. El le alcanzó una camiseta y un calzoncillo largo que le quedaban chicos ``-cuando salgas, salí vestida por favor-´´ Rocio se acostó, él la tapo, le dejo su linterna por si tenía que levantarse al baño, encendió una vela nueva, la puso en el viejo candelabro, le dijo hasta mañana y se fue a su pieza.


A Don Antenor le costó dormir, no podía creer lo que le estaba pasando. Pensó en su mujer, en lo que puedan creer sus amigos y los vecinos. En su reputación de hombre bueno, de confianza. Al otro día el empleado no vino… y el tampoco la llevo, ni hablaron del tema. Recién el domingo salieron despacito para el pueblo. ``-tenemos que venir temprano he, el guachito va a estar todo el día sin comer y hoy nacen los pollitos de la bataraza, yo quiero ver como nacen-´´ dijo ella, condicionando ya la situación. El no pudo evitar una media sonrisa.


En esos pocos días, la cazadora furtiva se había transformado. El cuidado incansable de los animales quehabía visto en el viejo (que no les falte el agua, curar los agusanados, ayudar a parir y vigilarque pueda mamar, alimentar una vaca caída, y mil cosas más) . Pero el golpe final a su guarro corazón, fue cuando vio a don Antenor curar y empatillar la pata de una paloma que ella había herido. Ese día vio una de las consecuencias de susacto. Después de eso se veía a la honda colgada en un clavo del corredor.


Ni bien llegaron al boliche ella salió corriendo a visitar una amiguita, pero al ratito ya estaba de vuelta, traía lo que parecía un atadito de ropa. A la tarde, Antenor quiso hablar a solas con José, pero cuando empezó a pedir explicaciones el otro ya tenía todo estudiado. ``-y que, la piensa dejar tirada aquí?la va a agarrar cualquiera. Le compre algo de ropa y cosas de tocador… Al empleado ya le pague el día de trabajo-´´


EN RESUMIDAS CUENTAS


Sino esto se hace muy largo y los lectores tendrán cosas que hacer. Antenor volvía más tranquilo sabiendo que sus amigos lo habían elegido a él por caridad. Era una trampa amorosa. A ella se la veía feliz. Su instinto desconfiado y arisco se había amansado. Algo de Dios ya andaba dando vueltas.


Se los veía caminar de la mano, tentados de risa. O juntando la hacienda, ella a caballo y el en la Ford. Ella tenía caprichos que nunca había podido disfrutar, así que todas las noches él le tenía que leer un cuento, hasta que se dormía. La tapabacon las viejas frazadas de lana pura, le hacia la señal de la cruz, la dejaba con el angelito de la guarda y se iba en puntas de pies, con el farol apagado. Antenorparecía rejuvenecido. Rocío le decía Papá, con dos ``A´´ gordas de orgullo y felicidad. Y el, a esa edad, conoció la palabra hija.

Termino el colegio en la escuelita del campo. El tuvo que ayudarle en los deberes. Los manuales de cuando era chico volvieron a enseñar. Aunque un cálculo matemático los hiso transpirar hasta las dos de la mañana. Y Antenor se levantó a las cuatro para describir la batalla de Maipú. Fue obligado amorosamente por ella a tomar parte en un acto, y tuvo que leer el discurso de egreso. Aunque fueron más lágrimas que palabras.


Pronto, Rocío empezó a tener formitas de mujer, problemas de mujer, preguntas de mujer. ¿ qué es el amor, y los bebes, el sexo es bueno o malo? El pobre hombre no sabía cómo atajar tanto acoso, para colmo ella lo apuraba, no había donde esconderse, estaban los dos solos. Antenor recurría a la biología práctica,palpable, natural y cotidiana que enseña el campo (el toro montando a la vaca, el carnero y la oveja, los partos ayudados) Él lo resolvió así, y con otra cosa que nunca falla, el amor.


Y llego la fiesta de quince, ``-en el campo-´´ dijo ella, y así fue. Se limpió bien el galpón, lo decoraron las maestras, le regalaron un vestido de princesa. Dos lechones fueron el fiambre, una vaquillona entera la cena y vino en jarra. Alos músicos los trajo el bolichero, los vecinos agregaron faroles, sillas, cubiertos Y tortas. En estas fiestas camperas se come como si fueran millonarios, y en realidad se hacen con muy poca plata.


EL FINAL

Había llovido todo el día. Rocío, copiando el molde de una revista se hiso un vestido. Antenor aprovecho de arreglar las sogas rotas. Riendas, botones y trenzas brotaban de sus manos hábiles. El vio que ella había salido al patio hacia un buen rato, pero ya era casi de noche y no regresaba. Preocupado salió a buscarla ``-¿hija… hija dónde estás?-´´ La llovizna le estaban empapando el sombrero y el poncho, él sabía que no le hacía bien ``andarce humedeciendo.´´ Cuando la vio no lo podía creer. Estaba en la punta de la torre del molino, la rueda giraba peligrosamente al lado de su cara. ``-ya bajo, no te preocupes.-´´ Grito desde lo alto. `` Hay un pichoncito de paloma en la plataforma, esta mojado y temblando de frio, no puede volar y se va a morir…Ya lo tengo, ahí bajo-´´ La torre mojada, una mano cuidando de no apretar al bebe, el viento, un resbalón y se vino desde allá arriba.


No dio en el caño, ni en el filo del tanque, pero el estruendo del golpe retumbo en el alma de don Antenor, se le detuvo el corazón.Corrió a su lado, gritando como un loco, llorando. En esos segundos, su cerebro atormentado luchaba entre la gravedad de lo real, el milagro, o que todo fuera un sueño. La abrazo como todos nos imaginamos, la quería poner de pie, le pedía que hablara, pero era imposible. Corrió al galpón, saco la camioneta, la acostó en el asiento y salió a toda velocidad. Dejo la tranquera abierta y encaro el camino a la ciudad. El había sido bueno manejando en el barro, pero hoy estaba imposible de ``fiero´´. Dos veces cayo a la cuneta y las dos pudo salir, a fuerza de acelerador y `` volantazos.´´ Había puesto la cabeza de la niña en su falda, y con una mano la protegía, la acariciaba. En la locura de la situación necesito mirarla y en ese segundo de distracción la Ford quedo atravesada entre dos huellas. Antenor ponía los cambios de un golpe,el motor rugía como un león, pero no movía.


Deposito con cuidado la cabeza de Rocío en el asiento y se bajó. Ya no lloraba, ni gritaba, solo emitía un chillido como un animal acorralado. Le dolía el pecho, estaba muy agitado, pero saco la pala de la caja y abrió una zanja delante de cada rueda, desinflo las de atrás, le pidió ayuda a Dios, beso a su hija y esperando un milagro puso primera.La fuerza de la Ford era igual a la que el hacía con las piernas y las manos tensas en el volante. Centímetro a centímetro la camioneta se empezó a mover, para seguir la dificultosa marcha. Alos pocos metros, un pantano traicionero y profundo los atrapo, y ahora sí, ya no había nada que hacer.


Sin el ruido del motor,sin el fragor inconsciente en que venía, el silencio trajo a don Antenora la realidad. Se bajó, para acercarse mása su niña y verificar lo que él no quería. No escucho su respiración, no sintió sus latidos. El conocía la palabra fatal, y la fatalidad los estaba acorralando. La beso como nunca, la abrazo, le hizo las caricias más dulces que existen en este mundo, le dijo todo lo que había sido en su pobre vida. Le pidió perdón por no haberla cuidado bien. Un trueno a lo lejos y el ruido de sus pies en el agua, no sé por qué, le hicieron recordar que abajo del asiento estaba el revolver. El ya no tenía futuro yel treinta y ocho era el mejor remedio para este presente. Pero se apareció la imagen de su mama. Ella había perdido a su padre en un suicidio, por eso, siempre les rogó obsesivamente a sus hijos para que jamás hicieran eso.


``-¿Que estoy haciendo… que estoy haciendo perdiendo tiempo, en vez de seguir luchando por mí hijita?-´´ Como pudo cargo la niña en sus brazos, un relámpago ilumino lo que ya no era un camino y emprendió la marcha con su amada carga. En pocos metros se cayó varias veces, y para colmo, en cada golpe, la niña se le escapaba de los brazos. Pensó un segundo y bien decidido volvió sobre sus pasos. Había hecho el esfuerzo de diez hombres, pero ya no podía más. Para que iba a seguir, si su niña estaba muerta. Esa certeza le puso el horizonte en la punta de los pies. Pensar que hasta hacia unos minutos nomas, esa criatura lo había llenado de ilusiones, una más linda que la otra.Metió la mano abajo del asiento, tomo el revólver, se sentó en el suelo.Abrazo a su chiquita como se abraza por última vez, la volvió a besar. Tenían que despedirse. Quiso limpiarle la cara y el pelo, pero sus manos estaban llenas de barro. ``-Me voy con vos, no quiero dejarte sola, no puedo quedarme solo.-´´ Puso el caño del revolver en la boca y se disparó.


Casi todos tenemos la imagen del fray en las camionetas que le eran donadas, por la unión clasista y la comunidad. Medio cuerpo afuera de la ventanilla, saludando a grito pelado, como recién salido del manicomio. Los demás le contestábamos con el mismo ``espamento.´´ Y así,a su paso, iba dejando una hilera de brazos levantados, caras sonrientes y comentarios amorosos. Para ese loco, que en su aspecto exterior nunca pudo dejar la adolescencia. Adentro, en su alma, las cosas eran distintas.


Pero antes, cuando recién había llegado a Olavarria, la imagen era más guarra, mas Felinesca. Pasaba a toda marcha en unos Fiat 600 destartalados. Él se había encargado de desmantelarles el interior. Les sacaba los asientos y respaldos para llenarlos de ollas hirvientes, que en ese entonces llevaba a domicilio. Adentro, olían a leche hervida en la mañana, a caracú, sopa, o guiso al medio día, a cualquier cosa en la noche. Cuando los Fiat se rompían, salía en un ratón (autito minúsculo con tres ruedas)


Un día el fray me dijo ``- acompañame, tenemos que traer un auto que me han regalado.-´´ Yo tendría quince años, di vuelta una olla vacía para sentarme, y salí de copiloto, en el incómodo –roedor-.


No se la dirección, pero estoy seguro que era pasando las vías del provincial. Llegamos a una casa,amplia, prolija, pintada con cal.El terreno generoso y carpido no tenía paredón. Detrás del alambrado y la tranquera se veía una camioneta y un Fiat. Golpeamoslas manos, atentos a la perradaque nos tenía a mal traer. Un segundo después, se abrió la puerta y apareció una chica joven, bonita y sonriente, que nos invitó a pasar. Tendría diez y ocho, veinte años. Ya en el interior de la casa, el fray estaba a los abrazos con un señor mayor. El hombre: elegante y criollo, vestía camisa blanca, pañuelo negro al cuello, bombacha entallada de cordero y y botas negras bien acordeonadas. Tenía las manos como raíces de tanto golpe y artrosis. Me llamo la atención una gran herida en el lado derecho de la cara, justo abajo del oído.


La Istilart encendida, los bancos contra la pared, la mesa de pinotea, la vajilla y el decorado la hacían una linda cocina de campo. Cuando íbamos por lasegunda vuelta de mate, el hombre pregunto quién era yo. ``- Fulano de tal, de San Jorge señor y también soy del campo-´´, le respondí.Él dijo conocer esos pagos, y me pregunto por algunos apellidos de la zona. En esa necesidad muy criolla de conocerse de algún lado o descubrir un amigo en común, alguna estancia. No sé por qué, pero nuestra charla le dio pie al Fray para contarme la historia, esa que les relate en las primeras páginas.


Don Antenor estaba sentado, Rocío se acercó al respaldo de la silla, y en el abrazo, en las caricias,se notó el amor y el cuidado que puso antes de empezar el relato y aclararme las cosas. Sin que la emoción le hiciera mal a su padre.


``-Cuando amaneció esa noche tan difícil, un vecino que andaba recorriendo vio la camioneta. ``-Algo le ha pasado a don Antenor…que hace a esta hora, y con el camino -imposible- como esta-´´ se dijo y apuro el caballo. Cuando llego, me vio a mi sentada en el suelo, sin hablar, con la mirada perdida. Y a papá recostado en mi falda, con la cara llena de barro y sangre. Al rato apareció un tractor, sacaron la camioneta de la encajadura y nos llevaron al hospital.


Yo había sufrido un traumatismo de cráneo, me recupere rápido. Papa en la desesperación puso mal el revólver y la bala le rompió el maxilar, el pómulo y un poco el oído, pero nada grave.-´´ Y así,entre los tres me fueron contando detalle tras detalle de esta historia.


Antenor tenía la cabeza gacha, estaba llorando en silencio, pero su rostro transmitía una paz que no sé cómo describir. ``-Perdón por lo que hice padre, pero era mucho más de lo yo podía soportar. La vida me había regalado una hija…era todo tan lindo, que no entendía como me lo podían quitar -´´ dijo el paisano, poniendo una mano en el hombro de Romeo, y acoto mirándome: ``- El fray nos iba a visitar al hospital. Fue ahí que Rocío y yo prometimos agradecerle a Dios y a él de alguna manera. Cuando supimos que andaba necesitando un auto para su obra,vendimos la lana, unos animalitos y decidimos comprarle uno… ahí lo está esperando afuera-´´


Lo maneje hasta Monte Viggiano, estaba impecable ``- Para lo que te va durar-´´ pensé.


El fray y el Fiat 600 fueron una sola cosa en el paisaje cotidiano e imborrable de Olavarria. Y nació de esta historia de amor tan dulce,dramática y cristalina.Hubieron otros Fiat en la vida del fray, pero estetenía sus bemoles, su prosapia. Dios (aunque a veces da la impresiónque se le enreda la madeja) tejió toda esta trama para rescatar una criatura, hacer padre a este gaucho viejo, y que los alimentos del campo llenen la panza de un niño antes de ir a dormir. Acarreados por este autito y las manos del fray.


Post data: Lamento haber perdido el apellido de este hombre, o quizá no me lo dijeron nunca. 


Acerca de Daniel Lecointre

El autor es nacido, vive y trabaja en el campo, en la zona de San Jorge, Partido de Laprida. En su sentir y sus palabras, esto es así desde hace más de 120 años, por los tiempos en que su abuelo llegó a esos pagos. 

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Por Daniel Lecointre, exclusivo para Zona Campo. 

Ya era un hombre grande cuando el fray lo conoció, tenía un campito a dos o tres leguas del pueblo. Vivía solo, su mujer había muerto hacia años y eso le había entristecido los ojos y la vida.


Tenía una Ford sesenta, impecable.Ya no se animaba a manejar en la ciudad, pero los domingos a la mañana se venía despacitopor el camino de tierra, y con una acelerada final paraba en el boliche de un amigo. A Juan, el bolichero lo conocía desdechico, era su hombre de confianza. El establecimiento se erguía donde terminaba o empezaba la ciudad. Era un paraíso con dos paisajes bien distintos.A la derecha se veían los campanarios ylas casas más altas. Se escuchaban los coches, las bocinas. Pero a la izquierda, un bruto avenal engordaba un lote de novillos. Y se podía escuchar el bramido del toro o el relincho agudo de un potro. Hoy será una de las avenida periférica, totalmente habitada.


A eso de las diez empezaban a llegar los parroquianos, todos saludaban con mucho respeto a don Antenor. Si era verano, se sacaban las sillas al patio y mientras dos corderos se doraban inclinados, reverenciando el fuego, se jugaba a las bochas, y a la taba. A las doce se destapaban las damajuanas con vino fresco. Esa era la señal que todos esperaban, entonces cada paisanosacaba el verijero, partía una galletay con esos pertrechos encaraba el asado. En el primer ataque uno de los ovinos ya era irreconocible. Y así,paladares expertos, saboreaban en silencio, una de las mejores carnes del mundo. Al final, se limpia el cuchillo en la galleta, se come la galleta y no hay vajilla que lavar. En la A la tarde, mate con pasteles, empanadas de dulce, truco y despedida.


Antenor, siempre le dejaba un papelito al bolichero, con la orden de sacar unos pesos de la casa de remate y con esaplata le pagara las cuentas, depositara en el banco, comprara algún material, o lo que fuera. Pero hoy cuando lo llamo a parte, él encargue fue otro. El martes tenía que desojar y descolar unas ovejas y necesitaba que le mandara un hombre de confianza para que lo ayudara. Juan era también el depositario de todala mercadería que el viejo traía para fray Romeo. Media res de oveja, huevos, leche, grasa derretida, alguna yunta de pollos. Loconociórecién llegado a Olavarria,lehabía impresionado `` verlo tan diferente, Tan loco, bueno y divertido´´


El martes temprano los perros de don Antenor anuncian la llegada de un auto. De él se bajó un hombre joven y sonriente. ``- Soy fulano de tal,me manda José, el bolichero-´´ Así se presentó, mientras le estrechaba la mano al patrón.En eso estaban, cuando el viejo ve que de la otra puerta baja una niña. Tendría doce o trece años, la cara sucia, lagañosa, el pelo como indio último, la ropa muy descuidada, y una onda en la mano.``- A…disculpe don, pero traje esta muchachita…anda boyando en el pueblo, y vio…hay tantos peligros allá. Los padres han agarrado como bocha que le falta un pedazo. Andan en cosas raras y se la olvidan tiro a tiro. La criamos los vecinos. ¿Si no le molesta, vio?-´´pregunto el recién llegado y mirando hacia la niña le grito ``- Che Rocío, vení a saludar al hombre por lo menos-´´ Rocio ya estaba abajo una acacia , midiendo con la gomera a una pobre paloma echada en el nido.``-hola, como te va-´´respondió ella,sin sacar los ojos de la torcaza.


El viejo, educado y atento respondió, ``-pero no mi amigo…pobrecita…que venga a tomar el café con leche, debe estar venada…la ha sacado muy temprano usted.-´´ Al rato la niña estaba en la mesa, frente a una inmensa taza humeante y tres galletas untadas generosamente con manteca y azúcar. Ellos se fueron,y la niña quedo saboreando el inesperado desayuno.


Los hombres trabajaron toda la mañana en los corrales. Las tijeras de esquilar y las manos habilidosas iban quitando la lana de los ojos y las colas de los lanares. Se venía`` la época de echar los carnerosy eso ayuda a no errar las preñeces´´.Al medio día quedaban unas pocas, pero el patrón dijo, `` ya es hora de almorzar´´ y colgaron las tijeras.


Salame y jamón de la casa, una buena planchuela repleta de bifes, media docena de huevos fritos, y de postre queso y dulce. El empleado y la compañera se comidieron a lavar los platos. El dueño de casa dijo `` buen provecho´´ y se incorporó despacio. El trajín de la mañana le había entumecido las rodillas y los dolores reumáticos se le vieron en la cara.``- Yo me voy a tirar un ratito. En la otra pieza hay camas… o si quieren tomar unos mates-´´ dijo, como disculpándose y se retiró.


Cuando don Antenor se levantó, vio a la niña sentada en una silla con los pies arriba de la mesa. Había encendido la radio y estaba sola.``- A su pion lo vinieron a buscar y se fue. Ya termino las ovejas que faltaban. Dijo que en la tardecita me viene a buscar -´´ Explico Rocío, más preocupada en sintonizar bien la radio para escuchar una canción de moda, que en contar lo sucedido. El viejo se quedó callado, le parecía todo muy raro, pero disimulo. Tomaron unos mates, salieron a juntar los huevos, trajeron la lechera, entraron leña, llego la tardecita, la noche y el hombre no venía. La niña hablaba, brincaba como un chingolo alrededor de el, le contaba cosas de lo más divertidas, lo atosigaba con preguntas del campo y de su vida. Don Antenor estaba espantado. El no se animaba a manejar de noche…pero como iba a estar con esta chica en su casa, eso no era correcto. Cenaron, él, esperando el milagro de la llegada del empleado, ella, solo esperaba que hubiera queso y dulce otra vez en el postre.


A las diez de la noche la situación era irreversible. ``-Le voy a poner sabanas nuevas a la camita de huéspedes…y te preparo el baño por si te querés bañar -´´Dijo Antenor, mientras llevaba el farol al baño. Acarreo agua tibia en un fuenton, saco un jabón nuevo, una toalla y cuando se dio vuelta se quiso morir, la niña ya estaba desnuda, pegada a el, tiritando de frío. ``-No hija no…eso no se hace, el cuerpo de una mujer no es para que lo vea cualquiera-´´ y la tapo como pudo con un trapo. Ella levanto los hombros asombrada, no entendía por qué tanto escándalo, y se metió al agua. El le alcanzó una camiseta y un calzoncillo largo que le quedaban chicos ``-cuando salgas, salí vestida por favor-´´ Rocio se acostó, él la tapo, le dejo su linterna por si tenía que levantarse al baño, encendió una vela nueva, la puso en el viejo candelabro, le dijo hasta mañana y se fue a su pieza.


A Don Antenor le costó dormir, no podía creer lo que le estaba pasando. Pensó en su mujer, en lo que puedan creer sus amigos y los vecinos. En su reputación de hombre bueno, de confianza. Al otro día el empleado no vino… y el tampoco la llevo, ni hablaron del tema. Recién el domingo salieron despacito para el pueblo. ``-tenemos que venir temprano he, el guachito va a estar todo el día sin comer y hoy nacen los pollitos de la bataraza, yo quiero ver como nacen-´´ dijo ella, condicionando ya la situación. El no pudo evitar una media sonrisa.


En esos pocos días, la cazadora furtiva se había transformado. El cuidado incansable de los animales quehabía visto en el viejo (que no les falte el agua, curar los agusanados, ayudar a parir y vigilarque pueda mamar, alimentar una vaca caída, y mil cosas más) . Pero el golpe final a su guarro corazón, fue cuando vio a don Antenor curar y empatillar la pata de una paloma que ella había herido. Ese día vio una de las consecuencias de susacto. Después de eso se veía a la honda colgada en un clavo del corredor.


Ni bien llegaron al boliche ella salió corriendo a visitar una amiguita, pero al ratito ya estaba de vuelta, traía lo que parecía un atadito de ropa. A la tarde, Antenor quiso hablar a solas con José, pero cuando empezó a pedir explicaciones el otro ya tenía todo estudiado. ``-y que, la piensa dejar tirada aquí?la va a agarrar cualquiera. Le compre algo de ropa y cosas de tocador… Al empleado ya le pague el día de trabajo-´´


EN RESUMIDAS CUENTAS


Sino esto se hace muy largo y los lectores tendrán cosas que hacer. Antenor volvía más tranquilo sabiendo que sus amigos lo habían elegido a él por caridad. Era una trampa amorosa. A ella se la veía feliz. Su instinto desconfiado y arisco se había amansado. Algo de Dios ya andaba dando vueltas.


Se los veía caminar de la mano, tentados de risa. O juntando la hacienda, ella a caballo y el en la Ford. Ella tenía caprichos que nunca había podido disfrutar, así que todas las noches él le tenía que leer un cuento, hasta que se dormía. La tapabacon las viejas frazadas de lana pura, le hacia la señal de la cruz, la dejaba con el angelito de la guarda y se iba en puntas de pies, con el farol apagado. Antenorparecía rejuvenecido. Rocío le decía Papá, con dos ``A´´ gordas de orgullo y felicidad. Y el, a esa edad, conoció la palabra hija.

Termino el colegio en la escuelita del campo. El tuvo que ayudarle en los deberes. Los manuales de cuando era chico volvieron a enseñar. Aunque un cálculo matemático los hiso transpirar hasta las dos de la mañana. Y Antenor se levantó a las cuatro para describir la batalla de Maipú. Fue obligado amorosamente por ella a tomar parte en un acto, y tuvo que leer el discurso de egreso. Aunque fueron más lágrimas que palabras.


Pronto, Rocío empezó a tener formitas de mujer, problemas de mujer, preguntas de mujer. ¿ qué es el amor, y los bebes, el sexo es bueno o malo? El pobre hombre no sabía cómo atajar tanto acoso, para colmo ella lo apuraba, no había donde esconderse, estaban los dos solos. Antenor recurría a la biología práctica,palpable, natural y cotidiana que enseña el campo (el toro montando a la vaca, el carnero y la oveja, los partos ayudados) Él lo resolvió así, y con otra cosa que nunca falla, el amor.


Y llego la fiesta de quince, ``-en el campo-´´ dijo ella, y así fue. Se limpió bien el galpón, lo decoraron las maestras, le regalaron un vestido de princesa. Dos lechones fueron el fiambre, una vaquillona entera la cena y vino en jarra. Alos músicos los trajo el bolichero, los vecinos agregaron faroles, sillas, cubiertos Y tortas. En estas fiestas camperas se come como si fueran millonarios, y en realidad se hacen con muy poca plata.


EL FINAL

Había llovido todo el día. Rocío, copiando el molde de una revista se hiso un vestido. Antenor aprovecho de arreglar las sogas rotas. Riendas, botones y trenzas brotaban de sus manos hábiles. El vio que ella había salido al patio hacia un buen rato, pero ya era casi de noche y no regresaba. Preocupado salió a buscarla ``-¿hija… hija dónde estás?-´´ La llovizna le estaban empapando el sombrero y el poncho, él sabía que no le hacía bien ``andarce humedeciendo.´´ Cuando la vio no lo podía creer. Estaba en la punta de la torre del molino, la rueda giraba peligrosamente al lado de su cara. ``-ya bajo, no te preocupes.-´´ Grito desde lo alto. `` Hay un pichoncito de paloma en la plataforma, esta mojado y temblando de frio, no puede volar y se va a morir…Ya lo tengo, ahí bajo-´´ La torre mojada, una mano cuidando de no apretar al bebe, el viento, un resbalón y se vino desde allá arriba.


No dio en el caño, ni en el filo del tanque, pero el estruendo del golpe retumbo en el alma de don Antenor, se le detuvo el corazón.Corrió a su lado, gritando como un loco, llorando. En esos segundos, su cerebro atormentado luchaba entre la gravedad de lo real, el milagro, o que todo fuera un sueño. La abrazo como todos nos imaginamos, la quería poner de pie, le pedía que hablara, pero era imposible. Corrió al galpón, saco la camioneta, la acostó en el asiento y salió a toda velocidad. Dejo la tranquera abierta y encaro el camino a la ciudad. El había sido bueno manejando en el barro, pero hoy estaba imposible de ``fiero´´. Dos veces cayo a la cuneta y las dos pudo salir, a fuerza de acelerador y `` volantazos.´´ Había puesto la cabeza de la niña en su falda, y con una mano la protegía, la acariciaba. En la locura de la situación necesito mirarla y en ese segundo de distracción la Ford quedo atravesada entre dos huellas. Antenor ponía los cambios de un golpe,el motor rugía como un león, pero no movía.


Deposito con cuidado la cabeza de Rocío en el asiento y se bajó. Ya no lloraba, ni gritaba, solo emitía un chillido como un animal acorralado. Le dolía el pecho, estaba muy agitado, pero saco la pala de la caja y abrió una zanja delante de cada rueda, desinflo las de atrás, le pidió ayuda a Dios, beso a su hija y esperando un milagro puso primera.La fuerza de la Ford era igual a la que el hacía con las piernas y las manos tensas en el volante. Centímetro a centímetro la camioneta se empezó a mover, para seguir la dificultosa marcha. Alos pocos metros, un pantano traicionero y profundo los atrapo, y ahora sí, ya no había nada que hacer.


Sin el ruido del motor,sin el fragor inconsciente en que venía, el silencio trajo a don Antenora la realidad. Se bajó, para acercarse mása su niña y verificar lo que él no quería. No escucho su respiración, no sintió sus latidos. El conocía la palabra fatal, y la fatalidad los estaba acorralando. La beso como nunca, la abrazo, le hizo las caricias más dulces que existen en este mundo, le dijo todo lo que había sido en su pobre vida. Le pidió perdón por no haberla cuidado bien. Un trueno a lo lejos y el ruido de sus pies en el agua, no sé por qué, le hicieron recordar que abajo del asiento estaba el revolver. El ya no tenía futuro yel treinta y ocho era el mejor remedio para este presente. Pero se apareció la imagen de su mama. Ella había perdido a su padre en un suicidio, por eso, siempre les rogó obsesivamente a sus hijos para que jamás hicieran eso.


``-¿Que estoy haciendo… que estoy haciendo perdiendo tiempo, en vez de seguir luchando por mí hijita?-´´ Como pudo cargo la niña en sus brazos, un relámpago ilumino lo que ya no era un camino y emprendió la marcha con su amada carga. En pocos metros se cayó varias veces, y para colmo, en cada golpe, la niña se le escapaba de los brazos. Pensó un segundo y bien decidido volvió sobre sus pasos. Había hecho el esfuerzo de diez hombres, pero ya no podía más. Para que iba a seguir, si su niña estaba muerta. Esa certeza le puso el horizonte en la punta de los pies. Pensar que hasta hacia unos minutos nomas, esa criatura lo había llenado de ilusiones, una más linda que la otra.Metió la mano abajo del asiento, tomo el revólver, se sentó en el suelo.Abrazo a su chiquita como se abraza por última vez, la volvió a besar. Tenían que despedirse. Quiso limpiarle la cara y el pelo, pero sus manos estaban llenas de barro. ``-Me voy con vos, no quiero dejarte sola, no puedo quedarme solo.-´´ Puso el caño del revolver en la boca y se disparó.


Casi todos tenemos la imagen del fray en las camionetas que le eran donadas, por la unión clasista y la comunidad. Medio cuerpo afuera de la ventanilla, saludando a grito pelado, como recién salido del manicomio. Los demás le contestábamos con el mismo ``espamento.´´ Y así,a su paso, iba dejando una hilera de brazos levantados, caras sonrientes y comentarios amorosos. Para ese loco, que en su aspecto exterior nunca pudo dejar la adolescencia. Adentro, en su alma, las cosas eran distintas.


Pero antes, cuando recién había llegado a Olavarria, la imagen era más guarra, mas Felinesca. Pasaba a toda marcha en unos Fiat 600 destartalados. Él se había encargado de desmantelarles el interior. Les sacaba los asientos y respaldos para llenarlos de ollas hirvientes, que en ese entonces llevaba a domicilio. Adentro, olían a leche hervida en la mañana, a caracú, sopa, o guiso al medio día, a cualquier cosa en la noche. Cuando los Fiat se rompían, salía en un ratón (autito minúsculo con tres ruedas)


Un día el fray me dijo ``- acompañame, tenemos que traer un auto que me han regalado.-´´ Yo tendría quince años, di vuelta una olla vacía para sentarme, y salí de copiloto, en el incómodo –roedor-.


No se la dirección, pero estoy seguro que era pasando las vías del provincial. Llegamos a una casa,amplia, prolija, pintada con cal.El terreno generoso y carpido no tenía paredón. Detrás del alambrado y la tranquera se veía una camioneta y un Fiat. Golpeamoslas manos, atentos a la perradaque nos tenía a mal traer. Un segundo después, se abrió la puerta y apareció una chica joven, bonita y sonriente, que nos invitó a pasar. Tendría diez y ocho, veinte años. Ya en el interior de la casa, el fray estaba a los abrazos con un señor mayor. El hombre: elegante y criollo, vestía camisa blanca, pañuelo negro al cuello, bombacha entallada de cordero y y botas negras bien acordeonadas. Tenía las manos como raíces de tanto golpe y artrosis. Me llamo la atención una gran herida en el lado derecho de la cara, justo abajo del oído.


La Istilart encendida, los bancos contra la pared, la mesa de pinotea, la vajilla y el decorado la hacían una linda cocina de campo. Cuando íbamos por lasegunda vuelta de mate, el hombre pregunto quién era yo. ``- Fulano de tal, de San Jorge señor y también soy del campo-´´, le respondí.Él dijo conocer esos pagos, y me pregunto por algunos apellidos de la zona. En esa necesidad muy criolla de conocerse de algún lado o descubrir un amigo en común, alguna estancia. No sé por qué, pero nuestra charla le dio pie al Fray para contarme la historia, esa que les relate en las primeras páginas.


Don Antenor estaba sentado, Rocío se acercó al respaldo de la silla, y en el abrazo, en las caricias,se notó el amor y el cuidado que puso antes de empezar el relato y aclararme las cosas. Sin que la emoción le hiciera mal a su padre.


``-Cuando amaneció esa noche tan difícil, un vecino que andaba recorriendo vio la camioneta. ``-Algo le ha pasado a don Antenor…que hace a esta hora, y con el camino -imposible- como esta-´´ se dijo y apuro el caballo. Cuando llego, me vio a mi sentada en el suelo, sin hablar, con la mirada perdida. Y a papá recostado en mi falda, con la cara llena de barro y sangre. Al rato apareció un tractor, sacaron la camioneta de la encajadura y nos llevaron al hospital.


Yo había sufrido un traumatismo de cráneo, me recupere rápido. Papa en la desesperación puso mal el revólver y la bala le rompió el maxilar, el pómulo y un poco el oído, pero nada grave.-´´ Y así,entre los tres me fueron contando detalle tras detalle de esta historia.


Antenor tenía la cabeza gacha, estaba llorando en silencio, pero su rostro transmitía una paz que no sé cómo describir. ``-Perdón por lo que hice padre, pero era mucho más de lo yo podía soportar. La vida me había regalado una hija…era todo tan lindo, que no entendía como me lo podían quitar -´´ dijo el paisano, poniendo una mano en el hombro de Romeo, y acoto mirándome: ``- El fray nos iba a visitar al hospital. Fue ahí que Rocío y yo prometimos agradecerle a Dios y a él de alguna manera. Cuando supimos que andaba necesitando un auto para su obra,vendimos la lana, unos animalitos y decidimos comprarle uno… ahí lo está esperando afuera-´´


Lo maneje hasta Monte Viggiano, estaba impecable ``- Para lo que te va durar-´´ pensé.


El fray y el Fiat 600 fueron una sola cosa en el paisaje cotidiano e imborrable de Olavarria. Y nació de esta historia de amor tan dulce,dramática y cristalina.Hubieron otros Fiat en la vida del fray, pero estetenía sus bemoles, su prosapia. Dios (aunque a veces da la impresiónque se le enreda la madeja) tejió toda esta trama para rescatar una criatura, hacer padre a este gaucho viejo, y que los alimentos del campo llenen la panza de un niño antes de ir a dormir. Acarreados por este autito y las manos del fray.


Post data: Lamento haber perdido el apellido de este hombre, o quizá no me lo dijeron nunca. 


Acerca de Daniel Lecointre

El autor es nacido, vive y trabaja en el campo, en la zona de San Jorge, Partido de Laprida. En su sentir y sus palabras, esto es así desde hace más de 120 años, por los tiempos en que su abuelo llegó a esos pagos. 

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