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La cautiva de San Jorge

Contando la historia de sus antepasados y de su llegada a estos pagos, Daniel Lecointre describe parte de la historia argentina en un relato y un poema final imperdibles 

Víctor Amador del Corazón de Jesús Núñez nació en la madrugada del 5 de Marzo de 1846, mi bisabuelo. Nació en las afueras de Buenos Aires, en las lomas de un tal Zamora. Cerca de las playas donde unos años antes habían desembarcado los ingleses, en aquellas invasiones del año siete. Eran oriundos de Mendoza, su padre, Juan De Dios, y toda su familia,estaban ahí, cuando llego aquel hombre que revoluciono la pequeña ciudad y luego el continente entero, el general Don José De San Martin (en esos años, Mendoza capital era un poco más grande que Laprida) Por eso,era cosa de todos los días cruzárselo en alguna calle. O en los dos o tres galopes que hacia cotidianamente hasta el Plumerillo, donde estaba armando el ejército inmortal.


En otro relato contare esos años de los Núñez en aquella ciudad, y compartiré los documentos que tengo, (agradeciendo mucho a Mirta Vide en la obtención de ellos). Esos tiempos gloriosos parecen demasiado lejanos, pero no lo son. Es simplemente, un abuelo que le toco nacer ahí contándoselo a su nieta, esa nieta era mi abuela Enriqueta… y eso es todo.


Es como si una criatura actual, cuando sea abuelo, en un asadito dominguero le contara a su nieto lo que fueron aquellos años del coronavirus. Si ese nieto tiene la virtud de respetar esa vivencia, de entender el valor que tiene, y de seguirlo guardando…ya está.Nuestros días difíciles condimentaran aquel churrasco, y estaremos en alguna mesa 150 años después) por eso siempre digo que no me gusta contar cosas viejas, los personajes son modernos y llenos de vida, el que se corre es el tiempo y nos va dejando atrás.


Víctor Amador conoció el mundo en una chacra, donde había caballos,vacas lecheras y olor a yuyos en flor, en la periferia lejana de Buenos Aires. Su mamase llamaba Carmen y con su marido Juan De Dios trabajaban en una casona. Sus patrones era gente emprendedora, habían empezado de la nada y ahora tenían un gran negocio de ventas de telas en el centro. Carmen era sirvienta y Juan manejaba los carros de la casa (según mi abuela. Juan tenía fama de ser muy haragán).


No nos olvidemos que esta criatura viene al mundo en plena época de Rosas. Al mes, el matrimonio decide bautizar a Víctor en la iglesia de Monserrat. Ellos iban siempre a ese barrio,allí los negros hacían unas fiestas hermosas, llenas de color, baile y buena música. Juan, tenía sangre negra africana en sus venas, al igual que yo.


La iglesia estaba a pocas cuadras de la sede de la mazorca, nombre delterrorismo de estado de esa época. Esa organización paraoficial encabezado por el impiadoso degollador, Ciriaco Cuitiño. Hombre que dejo cientos de cartas e informes de su puño y letra, describiéndo la mejor forma de degollar a un hombre, casi siempre en la vereda, a la vista de todos, para que escarmienten y no haya discusiones.


La madre, el padre, él bebe y los padrinos, tuvieron que pasar frente a esos portones del terror para llegar a la ya antiquísima pila bautismal, que aun vive.


Los papas de Víctor Amador eran rosistas. Carmen y otras mujeres vecinas, pasaban datos a las autoridades de lo que ocurría en la casa de los patrones. `` Que fulana se saca la divisa roja cuando no está en la calle´´ (estaba condenado por ley no usar alguna prenda roja en la vía pública) ``O el patrón habla mal de don Juan Manuel´´. Todas esas alcahueterías tenían sus consecuencias. Juan De Dios juraba y perjuraba que él no hacia esas cosas. Carmen se arrepintió toda la vida de ese error.


Hasta que una mañana vieron llegar a varios hombres montados, pararon frente a una casa lindera y entraron como un malón. Era Cuitiño y su grupo de tareas. A los pocos minutos traían a un anciano a la rastra, el hombre era paralitico y estaba postrado en la cama.El jefe del grupo llamo la atención de todos e hiso tronar el escarmiento, pelo su famosa Daga recién afilada y lo degolló como si nada. De estos hechos hay cientos y para no dudar, lo mejor es escuchar a los mismos asesinos contando esas hazañas. Las cartas y los partes diarios de Cuitiño y otros mazorqueros, si las leen, aun meten miedo. La propia hija de Rosas sentía asco cuando este hombre entraba con las manos sin lavar, llenas de sangre fresca para mostrar su fidelidad al padre. Esto espanto a Carmen, se quería morir de lo que había visto.La marco a fuego, a ella y a sus hijos, jurando que nunca más caería en un fanatismo, y después tener que avalar semejantes cosas.


A los pocos años la situación era invivible y toda la familia decidió venirse a la zona de Lobos, Pedernales, 25 de mayo. Solo traían dos cosas, la pobreza absoluta y la decisión constante y sin escusas, de progresar. Allí trabajaron en distintos lugares, uno de ellos se llamaba ``La invernada´´ Hasta que recalaron en los campos de los Keen y desde entonces y para siempre, fueron sus patrones. A los Keen los estaba esperando un pueblito que aún no tenía nombre, que aún no existía, San Jorge.


Víctor Amador, mi bisabuelo, ya de mocito empezó a mensulear a las órdenes de George Keen, este irlandés estaba casado con una inglesita, Mari Yates. Sin dudas no fue un matrimonio aburrido,pues en 25 años, tendiendo y destendiendo la cama,hicieron 13 hijos, entre ellos Jorge y Thomas, los futuros patrones, amigos y consejeros de Víctor. 


Con el tiempo, el mensualito llegó e ser encargado de una sección del campo. Y entre sus responsabilidades, estaba la de llevar cada dos meses un informe al escritorio de Buenos Aires. Si bien los patrones vivian casi todo el año en el campo, conservaban en la ciudad unas hermosas casonas. Salía a la madrugada con dos buenos caballos, al rato, los campos de Lobos iban quedando atrás,y a galopar. Al medio día almorzaba a orillas de un brazo del río Reconquista. Después, ajustaba la cincha y seguía. Cuando ya los ranchos y casas se iban mostrando más tupidas, cambiaba de caballo, siempre dejaba el mejor para entrar a la ciudad. Ya se veían algunas lindas señoritas caminando las calles porteñas, y un buen paisano sabe de sobra, que un caballo sobresaliente lo ayudaría a presumir. Al rato ya estaba golpeando con el cabo del rebenque, los portones de la casona y allí detenía su marcha el viajero.


Lo recibía con sincera alegría un moreno encargado del lugar. (Ya hablare de este hombre y las cartas que le mandaba a Juan De Dios. Eran amigos, los dos venían de Mendoza, y los dos esperaban ansiosos el día que trajeran al país el cuerpo del gran general de los andes, querían ir juntos al puerto a recibirlo).


Un patio inmenso, corrales con lecheras y caballos de tiro, galpones para guardar los carruajes, las estibas de avena, los aperos. Aljibe, gallineros, boxes, y corredores llenos de fardos de alfalfa. Después, la casa de los patrones, el escritorio y una cocina gigante. De allí salieron corriendo a recibirlo tres mujeres negras. Amorosas, maternales, risueñas, conversadoras y picaras, y entre saludos y abrazos lo fueron arriando hasta el calor de la cocina a leña. Estas mujeres, ya habían nacido libres y eran las amas y señoras del lugar. Ellas decidían el menú del día, cuando se cambiaban las sabanas o arreglaba el patio.Incluso una de ellas fue madre de leche de uno de los patrones.Todos sabemos ya, lo que habían pasado sus mayores cuando fueron esclavos.


Estas mujeres negras criaban a una niña blanca, Víctor la veía cada vez que venía, o cuando ellas iban de paseo al campo. (Voy a ir dejando los detalles y dando los trancos más largos, sino me extenderé demasiado). Con el tiempo, esta niña se hizo señorita y se enamoraron. En el año 1870 se casaron en Lobos y paso a ser mi bisabuela, se llamaba Carolina Fernández. Los primero hijos nacen allá, pero cuando los patrones compran estos campos, ellos emprenden el éxodo y desde entonces nos quedamos para siempre. Aquí desde 1884 nacen el resto de los hijos, hasta completar la docena,una de ellas mi abuela Enriqueta en 1888. Al poco tiempo, Víctor ayudara a sus patrones y al agrimensor oficial, a tirar los primeros piolines para delimitar la plaza de San Jorge.


Víctor murió en 1902, Carolina y sus hijos se fueron de la estancia con un lote de vacas y ovejas. Alquilaron un campito y pasaron a ser propietarios.


Y miren lo que era el tesón y la lucha constante, sin tantas preguntas, sin dudas existenciales, solo agacharse y meterle. ¿Quién más abajo en el escalafón social y económico, que aquella criada de las negras, Carolina Fernández? Bueno… la hija de esa criada, ya vieja y ciega les compró una fracción de campo a sus patrones, y desde esta tierra sudada les estoy escribiendo. El matriarcado forjo buena parte de mi vida. Por ese viejo amor a esta tierra, por agradecimiento y respeto a tanto sacrificio, por esa enfermedad incurable de producir, es que uno termina con las coyunturas rotas,la espalda torcida, tratando de no mostrarlas manos, de tan fieras que están.Uno se olvida de la buena vida y la tentación de venderlo cuando las cosas se ponen feas, y parece irracional seguir luchando. Sé que es difícil entender ese amor a la simple cueva donde uno nace.


Víctor y Carolina están sepultados en Lamadrid. Lo que escribí hasta aquí es un pequeño fragmento de algo humilde y sencillo que estoy recopilando sobre los fundadores del pueblo, (Víctor era un simple peón) Quiero regalárselo a la escuela de San Jorge, que me enseñó a leer y escribir. Es como abrir el viejo portafolio y devolver algo de todo lo que ella me dio. Pero como esta enfermedad no permite que nos podamos reunir, les iré mostrando, de esta manera, algunos botones de esa larga chaqueta.


Hasta aquí por un lado. Lo que sigue no tiene nada que ver con el relato anterior, o que se yo. A una cuadra de la plaza actual, un albañil chileno, de trato agradable, señorial, educado, y con 80 años en su espalda,hace poco le termino de hacer un hermoso chalet a un doctor de Laprida. Ahí nomás de esa casa, hacia el sur este,tenía un ranchito el padre de los Schoenaker, (los que tenemos algunos años conocimos a sus hijos)Desde principios del siglo, este hombre vivía con una mujer que había sido cautiva de los indios. Tenía los talones cortados, descarnados,costumbre de los caciquespara que no se les escaparan. Sabrá Dios los años y la historia que tenía esa mujer. Juan Carlos Gonzales ``Choli´´ recuerda que un día, muchos años después por su puesto,le curo un caballo amoquillado con una ``coyera´´ engrasada. Sin dudas una costumbre que traería desde el fondo de los tiempos.


Hasta aquí los hechos pura y simplemente reales, los que puedo documentar (ahí anexo los papeles de la época). Lo que sigue ahora es simplemente un relato que le escuche a mi abuela Enriqueta, hija de Víctor y Carolina. Yo no sé si las dos cosas fueron casualidad, o tenían la marca a fuego de la historia. Pero en San Jorge vivió una cautiva y al primer campo que compraron las Núñez le pusieron de nombre ``La Invernada´´


Y como la desfachatez a veces no tiene límites, y solo impulsado por el amor, escribí estos versos recordando el cuento de la abuela. Quizá, la generosidad de una dulce guitarra y una buena voz la salven. Y los arpegios de una milonga le den lindura a estos garabatos. 


LA PROTECTORA DEL LUGAR


Fue cerca de Pedernales,
Donde la historia cambio. 
Era hija de un puestero,
Cuando la indiada llego.


Los gritos y el degüello
Rompieron la madrugada.
En un abrir y cerrar de ojos,
Quedo huérfana y esclava.

Sobre el lomo de su potro,
El indio la sujetaba.
Solo aflojo la marcha
Cuando la noche llegaba.


``La invernada´´ le decían,
Al solar donde nació.
Allá quedaron hermanos,
Y niños que nunca vio


Muy criatura todavía.
El cacique la eligió.
``con el tiempo serás mía´
Su mirada sentencio.


Untado en grasa de potro,
El indio la esperaba.
Y en la noche insalvable,
Ni un quejido se escuchaba.


La habían destalonado,
Para evitar que se fuera.
Lloro sin llorar mil noches,
Rogando a Dios que viniera,


``La invernada´´ le decían,
Al solar donde nació.
Allá quedaron hermanos,
Y niños que nunca vio


Solo un pedido le hizo,
Al hombre que la ultrajaba.
-Que en los malones siguientes,
No tocaran La invernada.-


Desde entonces el paisanaje,
Agradeció a su santa.
Ya nadie azoto esos ranchos,
Ni les corto la garganta.



Acerca de Daniel Lecointre

El autor es nacido, vive y trabaja en el campo, en la zona de San Jorge, Partido de Laprida. En su sentir y sus palabras, esto es así desde hace más de 120 años, por los tiempos en que su abuelo llegó a esos pagos. Para comunicarse con el autor pueden llamarlo al 2284 215445 (no lo intenten vía Whatsapp, el 4G y el Wi-fi no han pasado todavía por la tranquera de su campo). De vez en cuando revisa el correo electrónico (enviar e-mail) y algunas veces su perfil en Facebook 

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Víctor Amador del Corazón de Jesús Núñez nació en la madrugada del 5 de Marzo de 1846, mi bisabuelo. Nació en las afueras de Buenos Aires, en las lomas de un tal Zamora. Cerca de las playas donde unos años antes habían desembarcado los ingleses, en aquellas invasiones del año siete. Eran oriundos de Mendoza, su padre, Juan De Dios, y toda su familia,estaban ahí, cuando llego aquel hombre que revoluciono la pequeña ciudad y luego el continente entero, el general Don José De San Martin (en esos años, Mendoza capital era un poco más grande que Laprida) Por eso,era cosa de todos los días cruzárselo en alguna calle. O en los dos o tres galopes que hacia cotidianamente hasta el Plumerillo, donde estaba armando el ejército inmortal.


En otro relato contare esos años de los Núñez en aquella ciudad, y compartiré los documentos que tengo, (agradeciendo mucho a Mirta Vide en la obtención de ellos). Esos tiempos gloriosos parecen demasiado lejanos, pero no lo son. Es simplemente, un abuelo que le toco nacer ahí contándoselo a su nieta, esa nieta era mi abuela Enriqueta… y eso es todo.


Es como si una criatura actual, cuando sea abuelo, en un asadito dominguero le contara a su nieto lo que fueron aquellos años del coronavirus. Si ese nieto tiene la virtud de respetar esa vivencia, de entender el valor que tiene, y de seguirlo guardando…ya está.Nuestros días difíciles condimentaran aquel churrasco, y estaremos en alguna mesa 150 años después) por eso siempre digo que no me gusta contar cosas viejas, los personajes son modernos y llenos de vida, el que se corre es el tiempo y nos va dejando atrás.


Víctor Amador conoció el mundo en una chacra, donde había caballos,vacas lecheras y olor a yuyos en flor, en la periferia lejana de Buenos Aires. Su mamase llamaba Carmen y con su marido Juan De Dios trabajaban en una casona. Sus patrones era gente emprendedora, habían empezado de la nada y ahora tenían un gran negocio de ventas de telas en el centro. Carmen era sirvienta y Juan manejaba los carros de la casa (según mi abuela. Juan tenía fama de ser muy haragán).


No nos olvidemos que esta criatura viene al mundo en plena época de Rosas. Al mes, el matrimonio decide bautizar a Víctor en la iglesia de Monserrat. Ellos iban siempre a ese barrio,allí los negros hacían unas fiestas hermosas, llenas de color, baile y buena música. Juan, tenía sangre negra africana en sus venas, al igual que yo.


La iglesia estaba a pocas cuadras de la sede de la mazorca, nombre delterrorismo de estado de esa época. Esa organización paraoficial encabezado por el impiadoso degollador, Ciriaco Cuitiño. Hombre que dejo cientos de cartas e informes de su puño y letra, describiéndo la mejor forma de degollar a un hombre, casi siempre en la vereda, a la vista de todos, para que escarmienten y no haya discusiones.


La madre, el padre, él bebe y los padrinos, tuvieron que pasar frente a esos portones del terror para llegar a la ya antiquísima pila bautismal, que aun vive.


Los papas de Víctor Amador eran rosistas. Carmen y otras mujeres vecinas, pasaban datos a las autoridades de lo que ocurría en la casa de los patrones. `` Que fulana se saca la divisa roja cuando no está en la calle´´ (estaba condenado por ley no usar alguna prenda roja en la vía pública) ``O el patrón habla mal de don Juan Manuel´´. Todas esas alcahueterías tenían sus consecuencias. Juan De Dios juraba y perjuraba que él no hacia esas cosas. Carmen se arrepintió toda la vida de ese error.


Hasta que una mañana vieron llegar a varios hombres montados, pararon frente a una casa lindera y entraron como un malón. Era Cuitiño y su grupo de tareas. A los pocos minutos traían a un anciano a la rastra, el hombre era paralitico y estaba postrado en la cama.El jefe del grupo llamo la atención de todos e hiso tronar el escarmiento, pelo su famosa Daga recién afilada y lo degolló como si nada. De estos hechos hay cientos y para no dudar, lo mejor es escuchar a los mismos asesinos contando esas hazañas. Las cartas y los partes diarios de Cuitiño y otros mazorqueros, si las leen, aun meten miedo. La propia hija de Rosas sentía asco cuando este hombre entraba con las manos sin lavar, llenas de sangre fresca para mostrar su fidelidad al padre. Esto espanto a Carmen, se quería morir de lo que había visto.La marco a fuego, a ella y a sus hijos, jurando que nunca más caería en un fanatismo, y después tener que avalar semejantes cosas.


A los pocos años la situación era invivible y toda la familia decidió venirse a la zona de Lobos, Pedernales, 25 de mayo. Solo traían dos cosas, la pobreza absoluta y la decisión constante y sin escusas, de progresar. Allí trabajaron en distintos lugares, uno de ellos se llamaba ``La invernada´´ Hasta que recalaron en los campos de los Keen y desde entonces y para siempre, fueron sus patrones. A los Keen los estaba esperando un pueblito que aún no tenía nombre, que aún no existía, San Jorge.


Víctor Amador, mi bisabuelo, ya de mocito empezó a mensulear a las órdenes de George Keen, este irlandés estaba casado con una inglesita, Mari Yates. Sin dudas no fue un matrimonio aburrido,pues en 25 años, tendiendo y destendiendo la cama,hicieron 13 hijos, entre ellos Jorge y Thomas, los futuros patrones, amigos y consejeros de Víctor. 


Con el tiempo, el mensualito llegó e ser encargado de una sección del campo. Y entre sus responsabilidades, estaba la de llevar cada dos meses un informe al escritorio de Buenos Aires. Si bien los patrones vivian casi todo el año en el campo, conservaban en la ciudad unas hermosas casonas. Salía a la madrugada con dos buenos caballos, al rato, los campos de Lobos iban quedando atrás,y a galopar. Al medio día almorzaba a orillas de un brazo del río Reconquista. Después, ajustaba la cincha y seguía. Cuando ya los ranchos y casas se iban mostrando más tupidas, cambiaba de caballo, siempre dejaba el mejor para entrar a la ciudad. Ya se veían algunas lindas señoritas caminando las calles porteñas, y un buen paisano sabe de sobra, que un caballo sobresaliente lo ayudaría a presumir. Al rato ya estaba golpeando con el cabo del rebenque, los portones de la casona y allí detenía su marcha el viajero.


Lo recibía con sincera alegría un moreno encargado del lugar. (Ya hablare de este hombre y las cartas que le mandaba a Juan De Dios. Eran amigos, los dos venían de Mendoza, y los dos esperaban ansiosos el día que trajeran al país el cuerpo del gran general de los andes, querían ir juntos al puerto a recibirlo).


Un patio inmenso, corrales con lecheras y caballos de tiro, galpones para guardar los carruajes, las estibas de avena, los aperos. Aljibe, gallineros, boxes, y corredores llenos de fardos de alfalfa. Después, la casa de los patrones, el escritorio y una cocina gigante. De allí salieron corriendo a recibirlo tres mujeres negras. Amorosas, maternales, risueñas, conversadoras y picaras, y entre saludos y abrazos lo fueron arriando hasta el calor de la cocina a leña. Estas mujeres, ya habían nacido libres y eran las amas y señoras del lugar. Ellas decidían el menú del día, cuando se cambiaban las sabanas o arreglaba el patio.Incluso una de ellas fue madre de leche de uno de los patrones.Todos sabemos ya, lo que habían pasado sus mayores cuando fueron esclavos.


Estas mujeres negras criaban a una niña blanca, Víctor la veía cada vez que venía, o cuando ellas iban de paseo al campo. (Voy a ir dejando los detalles y dando los trancos más largos, sino me extenderé demasiado). Con el tiempo, esta niña se hizo señorita y se enamoraron. En el año 1870 se casaron en Lobos y paso a ser mi bisabuela, se llamaba Carolina Fernández. Los primero hijos nacen allá, pero cuando los patrones compran estos campos, ellos emprenden el éxodo y desde entonces nos quedamos para siempre. Aquí desde 1884 nacen el resto de los hijos, hasta completar la docena,una de ellas mi abuela Enriqueta en 1888. Al poco tiempo, Víctor ayudara a sus patrones y al agrimensor oficial, a tirar los primeros piolines para delimitar la plaza de San Jorge.


Víctor murió en 1902, Carolina y sus hijos se fueron de la estancia con un lote de vacas y ovejas. Alquilaron un campito y pasaron a ser propietarios.


Y miren lo que era el tesón y la lucha constante, sin tantas preguntas, sin dudas existenciales, solo agacharse y meterle. ¿Quién más abajo en el escalafón social y económico, que aquella criada de las negras, Carolina Fernández? Bueno… la hija de esa criada, ya vieja y ciega les compró una fracción de campo a sus patrones, y desde esta tierra sudada les estoy escribiendo. El matriarcado forjo buena parte de mi vida. Por ese viejo amor a esta tierra, por agradecimiento y respeto a tanto sacrificio, por esa enfermedad incurable de producir, es que uno termina con las coyunturas rotas,la espalda torcida, tratando de no mostrarlas manos, de tan fieras que están.Uno se olvida de la buena vida y la tentación de venderlo cuando las cosas se ponen feas, y parece irracional seguir luchando. Sé que es difícil entender ese amor a la simple cueva donde uno nace.


Víctor y Carolina están sepultados en Lamadrid. Lo que escribí hasta aquí es un pequeño fragmento de algo humilde y sencillo que estoy recopilando sobre los fundadores del pueblo, (Víctor era un simple peón) Quiero regalárselo a la escuela de San Jorge, que me enseñó a leer y escribir. Es como abrir el viejo portafolio y devolver algo de todo lo que ella me dio. Pero como esta enfermedad no permite que nos podamos reunir, les iré mostrando, de esta manera, algunos botones de esa larga chaqueta.


Hasta aquí por un lado. Lo que sigue no tiene nada que ver con el relato anterior, o que se yo. A una cuadra de la plaza actual, un albañil chileno, de trato agradable, señorial, educado, y con 80 años en su espalda,hace poco le termino de hacer un hermoso chalet a un doctor de Laprida. Ahí nomás de esa casa, hacia el sur este,tenía un ranchito el padre de los Schoenaker, (los que tenemos algunos años conocimos a sus hijos)Desde principios del siglo, este hombre vivía con una mujer que había sido cautiva de los indios. Tenía los talones cortados, descarnados,costumbre de los caciquespara que no se les escaparan. Sabrá Dios los años y la historia que tenía esa mujer. Juan Carlos Gonzales ``Choli´´ recuerda que un día, muchos años después por su puesto,le curo un caballo amoquillado con una ``coyera´´ engrasada. Sin dudas una costumbre que traería desde el fondo de los tiempos.


Hasta aquí los hechos pura y simplemente reales, los que puedo documentar (ahí anexo los papeles de la época). Lo que sigue ahora es simplemente un relato que le escuche a mi abuela Enriqueta, hija de Víctor y Carolina. Yo no sé si las dos cosas fueron casualidad, o tenían la marca a fuego de la historia. Pero en San Jorge vivió una cautiva y al primer campo que compraron las Núñez le pusieron de nombre ``La Invernada´´


Y como la desfachatez a veces no tiene límites, y solo impulsado por el amor, escribí estos versos recordando el cuento de la abuela. Quizá, la generosidad de una dulce guitarra y una buena voz la salven. Y los arpegios de una milonga le den lindura a estos garabatos. 


LA PROTECTORA DEL LUGAR


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Donde la historia cambio. 
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Rompieron la madrugada.
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Quedo huérfana y esclava.

Sobre el lomo de su potro,
El indio la sujetaba.
Solo aflojo la marcha
Cuando la noche llegaba.


``La invernada´´ le decían,
Al solar donde nació.
Allá quedaron hermanos,
Y niños que nunca vio


Muy criatura todavía.
El cacique la eligió.
``con el tiempo serás mía´
Su mirada sentencio.


Untado en grasa de potro,
El indio la esperaba.
Y en la noche insalvable,
Ni un quejido se escuchaba.


La habían destalonado,
Para evitar que se fuera.
Lloro sin llorar mil noches,
Rogando a Dios que viniera,


``La invernada´´ le decían,
Al solar donde nació.
Allá quedaron hermanos,
Y niños que nunca vio


Solo un pedido le hizo,
Al hombre que la ultrajaba.
-Que en los malones siguientes,
No tocaran La invernada.-


Desde entonces el paisanaje,
Agradeció a su santa.
Ya nadie azoto esos ranchos,
Ni les corto la garganta.



Acerca de Daniel Lecointre

El autor es nacido, vive y trabaja en el campo, en la zona de San Jorge, Partido de Laprida. En su sentir y sus palabras, esto es así desde hace más de 120 años, por los tiempos en que su abuelo llegó a esos pagos. Para comunicarse con el autor pueden llamarlo al 2284 215445 (no lo intenten vía Whatsapp, el 4G y el Wi-fi no han pasado todavía por la tranquera de su campo). De vez en cuando revisa el correo electrónico (enviar e-mail) y algunas veces su perfil en Facebook 

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