Del anegamiento y el exceso hídrico a la sequía, sin escalas. Altas temperaturas, perfiles sin humedad, praderas y cultivos en riesgo. El campo argentino otra vez en jaque por cuestiones climáticas, con La Niña sentada en suelos cada vez más secos.

El sector agropecuario argentino vuelve a enfrentar un momento delicado por cuestiones climáticas, con una sequía persistente que ya empieza a traducirse en pasturas al ras y efectos productivos palpables en cultivos clave como maíz y soja.
Tras meses de excesos hídricos, que en algunos distritos provocaron inundaciones y retrasos de cosecha y dificultades graves de manejo ganadero, los productores hoy se enfrentan a un panorama opuesto: falta de lluvias, calor persistente y perfiles de suelo cada vez más secos. La Niña hace de las suyas, sentada en suelos cada vez más secos.
Durante el último mes, amplias zonas del centro y este del país registraron precipitaciones muy por debajo de lo normal, inaugurando un déficit hídrico que se ha consolidado en plena etapa crítica de crecimiento y llenado de granos, y barriendo cubiertas vegetales destinadas a forraje.
El fenómeno en lo que va del año se caracteriza por concentraciones de agua en sectores esporádicos y una gran extensión bajo condiciones de sequedad sostenida.
Impactos en cultivos y producción
Productores y analistas del sector señalan que la falta de lluvias y el calor están afectando rendimientos, especialmente en los tramos medios y tardíos del maíz, donde se esperaba que las precipitaciones favorecieran el desarrollo de las plantas, con un alto impacto no solo para el negocio agrícola sino también por el rol que dicho grano tiene en la alimentación animal. Las elevadas temperaturas cercanas a los 40 °C han potenciado la evapotranspiración, tensionando aún más la disponibilidad de agua en suelos ya comprometidos.

Este escenario se traduce en expectativas de rendimiento más modestas para la campaña 2025/26, con revisiones a la baja en estimaciones productivas y mayor preocupación por el impacto sobre la calidad de los granos. La soja, aunque con buena implantación, también muestra signos de estrés hídrico, especialmente en áreas que no recibieron aportes significativos de agua desde fines de la primavera.
Del exceso a la escasez: el cambio climático del año agropecuario
El contraste entre los excesos hídricos de meses atrás —donde intensas lluvias en ciertas regiones dificultaron labores de cosecha y provocaron anegamientos— y la actual escasez de agua es cada vez más evidente. Sectores que en primavera lidiaron con acumulados extraordinarios ahora batallan por cada milímetro de lluvia. Esta volatilidad en los patrones de precipitaciones complica la planificación y aumenta la vulnerabilidad del sistema productivo.

De manera similar, campos ganaderos hace algunos meses anegados y con pasturas, caminos e instalaciones bajo agua, hoy se ven severamente afectados en el sentido opuesto, tanto a nivel de oferta forrajera como estrés hídrico para los animales. Como contracara, la ganadería atraviesa hoy por un proceso histórico de buenos valores y oportunidades, pero eso es harina de otro costal.
La Niña y las perspectivas climáticas
El fenómeno climático conocido como La Niña, caracterizado por aguas más frías en el Pacífico ecuatorial y asociado a menores precipitaciones en el centro-este de Argentina, ha sido señalado como uno de los factores que predisponen la región a condiciones más secas de lo normal. Aunque los pronósticos de algunos centros climáticos sugieren una transición gradual hacia condiciones neutrales a lo largo del verano, el inicio de la estación se ha dado bajo la persistencia de este patrón seco.
Para el resto de febrero y marzo, los especialistas no descartan eventos aislados de lluvia que podrían aliviar el estrés hídrico en algunas zonas; sin embargo, enfatizan que la distribución espacial y temporal de estas precipitaciones será clave para definir el destino de los cultivos en la recta final del ciclo. El riesgo de incendios forestales y campos secos también se mantiene elevado mientras persista la falta de agua.



Imágenes: windy.com



