La mosca de los cuernos es uno de los parásitos externos más dañinos para la ganadería bovina en Argentina. Con picos de infestación en primavera y verano, su impacto económico obliga a repensar estrategias de control más eficientes y sustentables.

Con la llegada de las altas temperaturas, la mosca de los cuernos (Haematobia irritans) vuelve a convertirse en una preocupación central para los productores ganaderos. Este pequeño insecto, que se alimenta de sangre y permanece casi todo el tiempo sobre el animal, genera estrés, pérdida de peso, menor eficiencia productiva y puede actuar como vector de enfermedades.
Aunque se trata de un problema conocido desde hace décadas, la mosca sigue vigente y desafiante, especialmente por la aparición de resistencias a insecticidas y por manejos inadecuados. Para profundizar en el tema, dialogamos con el médico veterinario Simón Harguindeguy, asesor técnico de Laboratorio Vetanco, quien analiza el escenario actual y aporta claves para un control racional.

“El control temprano es clave para evitar pérdidas productivas”
ZonaCampo: ¿En qué momento del año la mosca de los cuernos genera mayores problemas?
Simón Harguindeguy: La mayor presión se da claramente entre primavera y verano, cuando el calor y la humedad aceleran su ciclo biológico. En primavera comienza el crecimiento poblacional y, si no se actúa a tiempo, en verano se alcanzan cargas muy altas por animal.
ZonaCampo: ¿Cuál es el impacto real sobre la producción?
Simón Harguindeguy: Está demostrado que cargas superiores a 200 moscas por animal generan pérdidas significativas. Hablamos de menor ganancia diaria de peso, caída en la eficiencia de conversión y un estrés constante que afecta el bienestar del rodeo. En sistemas intensivos, el impacto económico puede ser muy importante.
ZonaCampo: ¿Por qué sigue siendo un problema a pesar de los tratamientos disponibles?
Simón Harguindeguy: Principalmente por el uso incorrecto o repetido de los mismos principios activos, lo que favorece la aparición de resistencias. Además, muchas veces se trata tarde, cuando la población ya está instalada, y eso reduce la eficacia de cualquier estrategia.
ZonaCampo: ¿Cuál es el enfoque recomendado hoy para el control?
Simón Harguindeguy: Hablamos de un manejo integrado. No se trata solo de aplicar un producto, sino de hacerlo en el momento justo, respetar dosis, rotar principios activos y evaluar la carga real de moscas antes de tratar. El control temprano, al inicio de la primavera, es fundamental.
ZonaCampo: ¿Qué rol juega la asesoría veterinaria?
Simón Harguindeguy: Es clave. Cada establecimiento es distinto y necesita un plan adaptado. El veterinario ayuda a definir cuándo tratar, con qué producto y cómo evaluar resultados, evitando gastos innecesarios y reduciendo el riesgo de resistencia.
ZonaCampo: ¿Qué mensaje le dejaría al productor?
Simón Harguindeguy: Que la mosca de los cuernos no es un problema menor. Un buen control mejora la rentabilidad, el bienestar animal y la sustentabilidad del sistema. Anticiparse siempre es más eficiente que reaccionar tarde.

La mosca de los cuernos sigue siendo un desafío sanitario central para la ganadería argentina. Su control exige planificación, monitoreo y decisiones técnicas bien fundamentadas. En un contexto donde cada kilo cuenta, prevenir el impacto de este parásito es una inversión directa en productividad.
La clave está en actuar temprano, rotar herramientas y trabajar con asesoramiento profesional, entendiendo que el control racional no solo protege al rodeo, sino también la eficacia de las herramientas disponibles a largo plazo