La campaña 2025/26 muestra números productivos muy sólidos: una cosecha de trigo histórica y un avance sostenido de la siembra de soja y maíz. Con el volumen prácticamente asegurado, el foco empieza a correrse hacia el mercado y la estrategia comercial.
El comienzo de 2026 encuentra al agro argentino con datos contundentes en lo productivo. El trigo confirma una campaña histórica, mientras que la siembra de los principales cultivos de verano avanza a buen ritmo en gran parte del país. Sin embargo, este escenario de alta producción plantea también nuevos interrogantes: cómo impactará el volumen en los precios y qué margen quedará para el productor.
Uno de los principales datos de la campaña llega desde la cosecha fina. La Bolsa de Cereales de Buenos Aires elevó su estimación de producción de trigo 2025/26 a cerca de 27,8 millones de toneladas, un volumen que marcaría un récord histórico para el cultivo. La revisión al alza responde a rindes superiores a los previstos en amplias zonas productivas y a un ciclo que, en términos generales, contó con condiciones climáticas favorables.
Este resultado consolida al trigo como uno de los pilares de la campaña y vuelve a poner a la Argentina en un lugar destacado dentro del mercado exportador. Sin embargo, el fuerte volumen también genera interrogantes en torno a la colocación comercial y a la evolución de los precios en un contexto internacional competitivo.

En paralelo, la campaña de granos gruesos avanza con buen ritmo. La siembra de soja ya supera el 80 % del área proyectada, mientras que el maíz se acerca al 85 %, con implantaciones que, en general, muestran una correcta emergencia y buen estado inicial. Si bien enero y febrero serán meses clave desde lo climático, el arranque de los cultivos permite sostener expectativas positivas en términos productivos.
Este panorama de alto potencial de oferta comienza a reflejarse en los mercados. En las últimas semanas, los precios de algunos productos y subproductos, como el aceite de soja, mostraron ajustes a la baja, en un escenario donde los operadores descuentan una abundante producción sudamericana. Más que una señal positiva, el comportamiento del mercado aparece como una consecuencia directa del volumen esperado.
De este modo, el eje de análisis empieza a desplazarse. Con la producción bien encaminada, el desafío para el productor pasa ahora por definir estrategias comerciales, evaluar momentos de venta y seguir de cerca la evolución de los precios internacionales. La campaña avanza con números fuertes, pero deja en claro que el equilibrio entre volumen y rentabilidad será una de las claves del año.



