En La Ganadería que Viene 2026, Mariano Bonsignor, gerente comercial de Peman Semillas, explicó por qué el Nyasi se consolida como una alternativa estratégica para los sistemas de cría y recría. Destacó su bajo costo por kilo de materia seca, su resistencia a las sequías, la persistencia en el tiempo y la flexibilidad para pastoreo, henificación y diferido.

En el marco del ciclo Spot Empresas de La Ganadería que Viene 2026, el ingeniero agrónomo Mariano Bonsignor, gerente comercial de Peman Semillas, presentó la charla «Nyasi: la forrajera de verano clave para la ganadería que se viene», donde analizó el potencial de esta gramínea megatérmica para mejorar la productividad de los sistemas ganaderos.
Según explicó, la producción de carne enfrenta cada vez más desafíos vinculados a la variabilidad climática, los costos de implantación y la necesidad de contar con recursos forrajeros estables. En ese contexto, sostuvo que el Nyasi ofrece una combinación poco frecuente de productividad, persistencia y seguridad.
«Hoy el kilo de materia seca más barato que podemos encontrar es el de una pastura perenne. Lo más importante es que siempre te asegura un piso de producción, incluso en los años secos.»
Producción durante varios años
Uno de los principales atributos destacados por Bonsignor es la capacidad del Nyasi para permanecer productivo durante varios años, reduciendo la necesidad de reimplantar verdeos cada temporada.
Explicó que mientras un verdeo anual depende completamente de las lluvias de cada campaña, una pastura ya implantada mantiene un nivel mínimo de producción incluso bajo condiciones adversas.
Además, señaló que en años favorables el excedente puede diferirse o conservarse, aportando una importante estabilidad al planteo ganadero.
Calidad y versatilidad de uso
Otro aspecto abordado durante la exposición fue la calidad forrajera del material.
Bonsignor indicó que el Nyasi presenta una excelente relación hoja-tallo, buena palatabilidad y valores de digestibilidad cercanos al 60-65%, con contenidos de proteína que pueden ubicarse entre 11 y 12%, dependiendo del estado fenológico.
«Es una pastura muy palatable. El animal la prefiere y la elige. Además, las primeras heladas conservan hoja verde, por lo que mantiene una calidad superior a otras gramíneas estivales.»
También remarcó que puede aprovecharse mediante pastoreo directo, confección de rollos e incluso silo, otorgando una gran flexibilidad según las necesidades de cada establecimiento.
Implantación: la clave del éxito
Durante la segunda parte de la charla presentó un caso realizado en un establecimiento ganadero de la zona de transición entre Abasto y la Cuenca del Salado, donde se detalló el proceso completo de implantación.
Explicó que la fecha óptima de siembra se ubica entre octubre y noviembre, con siembra directa, una densidad cercana a 10 kg/ha y especial atención a la disponibilidad de fósforo durante el arranque del cultivo. También destacó el uso de tratamientos biológicos sobre la semilla para mejorar la eficiencia en la absorción de este nutriente.
Manejo para lograr una pastura duradera
Bonsignor insistió en que el manejo durante la implantación define el éxito de toda la vida útil de la pastura.
Explicó que a los 60 días de la siembra es recomendable evaluar la cantidad de plantas logradas por metro cuadrado y que, incluso con cinco plantas bien establecidas, el cultivo puede consolidarse gracias a su capacidad de resiembra natural.
«Todo lo que hagamos durante la implantación y lo bien que la manejemos es cómo nos va a pagar la pastura de ahí en adelante. Todos los errores que cometamos en implantación también nos van a pasar factura.»
Finalmente, destacó que el Nyasi no solo aporta producción durante el verano, sino que, correctamente manejado, se convierte en una herramienta estratégica para estabilizar la oferta de forraje y mejorar la eficiencia de los sistemas ganaderos frente a escenarios climáticos cada vez más variables.