En los meses de mayor calor, la queratoconjuntivitis infecciosa bovina reaparece como una de las principales afecciones sanitarias en los rodeos argentinos. De origen bacteriano y alta capacidad de contagio, afecta el bienestar animal y la productividad, especialmente en terneros y animales jóvenes. “El diagnóstico temprano y la prevención son claves para evitar pérdidas productivas”, señala Augusto Nascimbene, médico veterinario del Departamento Técnico de Agropharma Salud Animal.

Con la llegada del verano, las altas temperaturas, la radiación solar intensa, el polvo y la proliferación de insectos generan un escenario ideal para la reaparición de la queratoconjuntivitis infecciosa bovina (QIB), conocida popularmente como “ojo blanco”, “ojo rosado” u “oftalmía contagiosa”.
Si bien se trata de una patología ampliamente conocida en el campo, su impacto sigue siendo subestimado en muchos establecimientos, a pesar de que afecta directamente el bienestar animal y la eficiencia productiva, especialmente en terneros y animales jóvenes.
“La queratoconjuntivitis es una enfermedad muy contagiosa, de rápida difusión dentro del lote, que si no se trata a tiempo puede generar lesiones severas y pérdidas económicas importantes”, advierte Augusto Nascimbene, médico veterinario del Departamento Técnico de Agropharma Salud Animal.

Una enfermedad multifactorial
La QIB es una enfermedad de origen bacteriano y carácter multifactorial. El principal agente etiológico es Moraxella bovis, aunque también pueden intervenir otras especies del mismo género, como Moraxella ovis y Moraxella bovoculi.
Además, distintos microorganismos pueden actuar como factores predisponentes o agravar el cuadro clínico, entre ellos Mycoplasma spp., Chlamydia spp. y virus respiratorios como el de la Rinotraqueitis Infecciosa Bovina (IBR).
A esto se suman factores ambientales y de manejo que favorecen la presentación de la enfermedad:
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Radiación ultravioleta intensa.
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Polvo y viento, que generan microtraumatismos oculares.
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Alta presencia de moscas, principales vectores mecánicos.
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Pasturas encañadas o rastrojos.
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Deficiencias nutricionales, especialmente de vitamina A y cobre.
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Estrés, hacinamiento y alta carga animal.

¿Por qué se disemina con tanta facilidad?
Moraxella bovis posee estructuras llamadas pilis o fimbrias que le permiten adherirse firmemente a la córnea y a la conjuntiva. Una vez instalada, produce toxinas y enzimas que dañan el tejido corneal y desencadenan una intensa respuesta inflamatoria.
“Las moscas cumplen un rol clave en la transmisión, ya que trasladan la bacteria de animales enfermos a animales sanos. En rodeos con alta densidad, el avance puede ser muy rápido”, explica Nascimbene.

Signos clínicos: de leves a severos
Los primeros signos suelen ser discretos:
- Lagrimeo persistente.
- Fotofobia.
- Parpadeo frecuente o blefaroespasmo.
Sin intervención temprana, el cuadro puede evolucionar hacia:
- Inflamación y enrojecimiento de la conjuntiva.
- Opacidad corneal progresiva.
- Úlceras en la córnea.
- Secreciones mucopurulentas.
- Ceguera parcial o total.
“El dolor ocular hace que el animal coma menos, se retrase en la ganancia diaria de peso y se aparte del grupo, lo que tiene un impacto productivo inmediato”, señala el veterinario.

Diagnóstico: un paso clave
El diagnóstico inicial se basa en la observación clínica y en el análisis de las condiciones ambientales y de manejo. No obstante, para confirmar el agente causal, se recomienda la toma de muestras mediante hisopado del saco conjuntival y su envío a laboratorio para estudios bacteriológicos.
“Siempre que sea posible, es importante muestrear animales en etapas iniciales y sin tratamiento antibiótico previo, para orientar correctamente la terapéutica”, destaca Nascimbene.
Tratamiento: actuar rápido para evitar secuelas
Existen distintas alternativas terapéuticas, tanto sistémicas como tópicas. La elección depende de la gravedad del cuadro, el agente involucrado y las condiciones del rodeo.
“En los casos clínicos recomendamos un tratamiento sistémico eficaz que actúe rápidamente sobre el agente causal y, al mismo tiempo, controle el dolor y la inflamación ocular”, explica Nascimbene.
“Una opción ampliamente utilizada es Cumetyl Dúo, que combina un antibiótico como la tilmicosina con un potente analgésico y antiinflamatorio como la meglumina de flunixin al 5%, lo que permite una rápida mejora clínica y favorece la recuperación del animal”.

Prevención: la herramienta más eficiente
“Más allá del tratamiento de los casos clínicos, el abordaje más eficiente de la queratoconjuntivitis infecciosa bovina es siempre preventivo. Cuando se trabaja de manera anticipada, se logra reducir significativamente la incidencia y la severidad de los brotes durante los meses de mayor riesgo”, explica Augusto Nascimbene, médico veterinario del Departamento Técnico de Agropharma Salud Animal.
“Dentro de las principales medidas preventivas recomendamos la vacunación con Complex Intensivo, que ayuda a fortalecer la respuesta sanitaria del rodeo; el control estratégico de moscas, que cumplen un rol central en la diseminación de la enfermedad; y la reducción del polvo y del estrés asociado al manejo, factores que predisponen a la aparición de lesiones oculares”, detalla.
“El ajuste adecuado de la carga animal y el monitoreo frecuente de los lotes durante los períodos críticos permiten detectar los primeros signos de la enfermedad y actuar rápidamente. A esto se suma la importancia de una correcta suplementación mineral, especialmente de cobre, donde productos como Cuprifarma Max cumplen un rol clave para sostener el estado sanitario general del animal”, agrega.
“Cuando la prevención se integra al manejo diario del establecimiento y se atienden los primeros casos de forma temprana, es posible cortar la diseminación y evitar pérdidas productivas importantes. La prevención, acompañada de un buen manejo sanitario, es la base para reducir la incidencia de la queratoconjuntivitis año tras año”, concluye Nascimbene.
Un problema conocido que exige atención permanente
La queratoconjuntivitis infecciosa bovina rara vez provoca la muerte, pero sí genera pérdidas económicas significativas por menor producción, costos de tratamiento, mayor mano de obra y secuelas oculares permanentes.
Su recurrencia estacional confirma que no se trata de un problema menor. Anticiparse, diagnosticar a tiempo y aplicar estrategias integrales sigue siendo el camino para minimizar su impacto en los sistemas ganaderos.