En la provincia de Buenos Aires hay cerca de 370.000 toros y más de 10 millones de vacas y vaquillonas. Sin embargo, apenas el 58% de los reproductores fue sometido a controles para detectar tricomoniasis y campylobacteriosis genital bovina. Especialistas de Laboratorio Azul Diagnóstico advierten que se trata de una práctica preventiva clave para evitar importantes pérdidas reproductivas y económicas.
«Sólo el 58% de los toros fue controlado«. El dato correspondiente a la campaña 2024-2025 de la provincia de Buenos Aires no sólo llama la atención, sino que deja en evidencia una realidad preocupante: más de cuatro de cada diez reproductores ingresan al servicio sin haber sido evaluados frente a enfermedades venéreas que pueden comprometer seriamente la eficiencia reproductiva de los rodeos.
Las consecuencias suelen aparecer varios meses después. Vacas que pierden la preñez, servicios que se prolongan, abortos, una cola de parición más extensa y, finalmente, menos terneros destetados. En definitiva, menos kilos producidos y un fuerte impacto económico para los establecimientos de cría.
Con el objetivo de profundizar sobre esta problemática, ZonaCampo visitó Laboratorio Azul Diagnóstico, empresa integrada por más de 40 profesionales especializados en diagnóstico veterinario y mejora de la salud animal. Desde 2021 mantiene una alianza estratégica con Biogénesis Bagó, fortaleciendo el desarrollo de herramientas diagnósticas para acompañar a veterinarios y productores en la prevención de enfermedades que afectan la producción ganadera.
Durante la recorrida dialogamos con Gustavo Combessies, director técnico del laboratorio, y con Martín Iriarte, responsable del área de Microbiología Veterinaria y Tricomoniasis por Cultivo.
Un enemigo silencioso
Para Combessies, uno de los principales problemas es que las enfermedades venéreas muchas veces avanzan sin generar signos visibles en los toros, mientras las pérdidas comienzan a reflejarse recién durante la temporada reproductiva.
«Hay dos enfermedades presentes en nuestros rodeos: la tricomoniasis bovina y la campylobacteriosis genital bovina. La manera de prevenirlas y controlarlas es realizando raspajes preventivos antes del servicio, asegurándonos de que los toros ingresen libres de estas enfermedades.»
El especialista explicó que el verdadero costo aparece cuando comienzan a analizarse los resultados reproductivos.
«La presencia de estas enfermedades provoca grandes pérdidas económicas y reproductivas. Se produce mortalidad embrionaria temprana, las vacas vuelven a entrar en celo, se atrasan las preñeces, se alarga la cola de parición y finalmente se obtienen menos kilos de terneros. Incluso pueden presentarse abortos desde los tres hasta los siete meses de gestación.»
Es decir, no se trata solamente de una enfermedad sanitaria. El problema termina impactando directamente sobre la productividad y la rentabilidad de los sistemas de cría.
El dato que preocupa
Combessies considera que el mayor desafío sigue siendo lograr que el control preventivo alcance a la totalidad de los reproductores.
«En la provincia de Buenos Aires sólo el 58% del total de los toros fue controlado durante la campaña 2024-2025. La provincia tiene casi 370.000 toros y unas 10 millones de vacas y vaquillonas. Ese porcentaje marca claramente la importancia de seguir insistiendo con la prevención.»
Para el profesional, el raspaje previo al servicio continúa siendo una práctica indispensable para evitar que animales infectados ingresen a los rodeos y transmitan enfermedades que luego generan pérdidas difíciles de recuperar.
Diagnósticos más precisos
Si bien el raspaje continúa siendo la base del control sanitario, las herramientas disponibles para analizar las muestras evolucionaron notablemente en los últimos años.
Martín Iriarte explicó que actualmente el laboratorio trabaja tanto con las metodologías tradicionales como con técnicas moleculares de última generación.
«Desde Laboratorio Azul ofrecemos dos tipos de técnicas: las convencionales, mediante inmunofluorescencia para Campylobacter y cultivo para Trichomonas, y las nuevas técnicas de PCR, que brindan una mayor sensibilidad y especificidad en el diagnóstico.»
Sin embargo, aclaró que la incorporación de la PCR no modifica uno de los principios básicos del protocolo sanitario.
«Por más sensible que sea la técnica, seguimos recomendando el doble raspaje negativo. Con una sola muestra la PCR alcanza alrededor del 85% de sensibilidad; el segundo raspaje permite llegar a niveles cercanos al ciento por ciento de confiabilidad.»
Más tecnología, menos complicaciones
Además de mejorar la capacidad diagnóstica, la PCR simplificó considerablemente el trabajo de los veterinarios a campo.
«El veterinario utiliza un solo raspador y obtiene una sola muestra. A partir de ese mismo tubo nosotros podemos diagnosticar las dos enfermedades.»
Esa diferencia también se refleja en la conservación de las muestras.
«Con las técnicas tradicionales el cultivo debe llegar rápidamente al laboratorio y mantenerse a temperatura adecuada. En cambio, la muestra para PCR puede permanecer refrigerada durante varios días e incluso congelarse hasta cinco días, lo que facilita muchísimo el trabajo.»
Según Combessies, esta ventaja resulta especialmente importante para quienes trabajan en establecimientos alejados o en zonas donde reunir todos los toros demanda varios días.
«Cuando el veterinario tiene que recorrer grandes distancias o trabajar en campos donde cuesta encerrar todos los toros el mismo día, esta técnica ofrece una practicidad muy superior a los métodos tradicionales.»
Una práctica que no debería faltar
Las enfermedades venéreas bovinas continúan siendo una de las principales causas de pérdidas reproductivas en los rodeos de cría. Sin embargo, su prevención depende, en gran medida, de una práctica sencilla que puede realizarse antes del inicio del servicio.
El dato de que apenas el 58% de los toros bonaerenses fue controlado demuestra que todavía existe un amplio margen para mejorar. Incrementar la revisión sanitaria de los reproductores no sólo permite reducir el riesgo de difusión de tricomoniasis y campylobacteriosis, sino también proteger la fertilidad del rodeo, mejorar la cantidad de terneros logrados y fortalecer la rentabilidad de los sistemas ganaderos.