«El destete no empieza cuando el ternero tiene seis meses, empieza el día que nace»

El médico veterinario Martín Schang advierte que las primeras horas de vida del ternero son determinantes para la rentabilidad de los sistemas de cría. La atención del parto, el consumo oportuno de calostro y el monitoreo de las vaquillonas pueden marcar la diferencia entre un animal destetado o una pérdida irreversible.

En la ganadería de cría suele ponerse el foco en los porcentajes de preñez, los diagnósticos de gestación o los índices reproductivos. Sin embargo, existe una etapa muchas veces subestimada que define buena parte del resultado productivo y económico del sistema: el nacimiento del ternero y sus primeras horas de vida.

Así lo sostiene Martín Schang, médico veterinario y Coordinador Técnico Zona Sur de Laboratorio Vetanco S.A., quien destaca que el verdadero objetivo de todo ciclo reproductivo no es lograr una vaca preñada, sino un ternero sano que llegue al destete. Y ese camino comienza, precisamente, el día del parto.

Desde el punto de vista económico, el ternero destetado representa el principal producto de un establecimiento de cría. Por eso, cada pérdida ocurrida entre la confirmación de la preñez y el destete impacta directamente sobre la rentabilidad del negocio.

De acuerdo con monitoreos realizados en rodeos de la Cuenca del Salado, los porcentajes de destete rondan el 77%, una cifra que refleja la brecha existente entre las vacas que ingresan al servicio y los terneros que finalmente llegan a comercializarse. Una parte importante de esa diferencia se produce durante el parto y las primeras semanas de vida.

Las vaquillonas, el grupo que requiere mayor seguimiento

Schang explica que las vaquillonas de primer parto presentan una mortalidad perinatal considerablemente superior a la de las vacas adultas. La mayor incidencia de distocias o partos difíciles convierte a esta categoría en una de las más sensibles durante la temporada de parición.

Por ese motivo, recomienda realizar recorridas frecuentes y un monitoreo específico de estos animales para detectar rápidamente cualquier inconveniente y reducir tanto las pérdidas de terneros como las complicaciones en las madres.

La distocia deja consecuencias que van más allá del parto

Los partos complicados no solo incrementan el riesgo de mortalidad neonatal. También afectan el desempeño posterior de los terneros.

Los animales nacidos luego de una distocia suelen presentar menor vitalidad, más dificultades para incorporarse y mamar, una menor absorción de anticuerpos provenientes del calostro y un mayor riesgo de padecer enfermedades durante las primeras semanas de vida.

Al mismo tiempo, las vacas que atraviesan partos difíciles tienen una recuperación más lenta y pueden ver comprometida su eficiencia reproductiva en el siguiente servicio.

El calostro: la primera inversión sanitaria

El especialista remarca que una adecuada ingestión de calostro durante las primeras horas de vida constituye una de las prácticas de mayor impacto sobre la supervivencia y el desempeño futuro del ternero.

La rápida absorción de anticuerpos permite fortalecer el sistema inmunológico, disminuir la incidencia de enfermedades entéricas y respiratorias, reducir tratamientos sanitarios y favorecer un mejor crecimiento durante toda la etapa de cría.

Más kilos al destete comienzan con un buen nacimiento

Según Schang, el peso al destete empieza a construirse desde el momento mismo del nacimiento. Un ternero que atraviesa problemas durante el parto o que no recibe suficiente calostro difícilmente logre expresar todo su potencial productivo.

Cada cuadro de diarrea, enfermedad respiratoria o retraso en el crecimiento representa kilos que, en la mayoría de los casos, ya no podrán recuperarse completamente.

Por eso, pese al avance de nuevas tecnologías aplicadas a la ganadería, la recorrida sistemática de los lotes de parición continúa siendo una de las herramientas de mayor retorno económico para los establecimientos de cría.

Detectar a tiempo una mala presentación fetal, asistir una vaca con dificultades o intervenir cuando un ternero no logra incorporarse puede significar la diferencia entre sumar un animal al destete o asumir una pérdida productiva y económica.

Como resume Martín Schang, «el destete no empieza cuando el ternero tiene seis meses. El destete empieza el día que nace».

 

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