La confirmación del fenómeno climático para este segundo semestre proyecta un escenario de alta volatilidad. Mientras Australia enfrenta severos riesgos de sequía, nuestro país y Estados Unidos asoman como los grandes candidatos para equilibrar la balanza y abastecer al mercado internacional.

La confirmación de un nuevo ciclo de El Niño para el segundo semestre de 2026 ha vuelto a colocar al factor climático en el centro de la escena para los mercados agrícolas globales. Según un reciente informe de Hedgepoint Global Markets, las alteraciones en los regímenes de lluvias y temperaturas mantendrán bajo estricta vigilancia a los principales bloques productores, anticipando un período de fuerte volatilidad en las cotizaciones internacionales, con especial sensibilidad en el mercado del trigo.
El informe destaca que el efecto neto sobre los precios del cereal dependerá exclusivamente de un juego de contrapesos: las pérdidas productivas que sufra Australia frente a las ganancias que puedan consolidar las Américas.
Australia: el eslabón más débil frente a la sequía Dentro del tablero mundial del trigo, Australia se consolida históricamente como el territorio más vulnerable ante la llegada de El Niño. Para las regiones productoras del oeste y sudeste australiano, este fenómeno suele traducirse en un marcado aumento de las temperaturas y lluvias muy por debajo de los promedios normales durante las fases más críticas del cultivo.
Esta amenaza de estrés hídrico no solo deteriora la calidad de los granos y recorta la productividad, sino que, en eventos de fuerte intensidad, reduce drásticamente los saldos exportables destinados a los mercados asiáticos. Dada la relevancia de este origen en el comercio global, cualquier anomalía en sus rindes impacta de forma directa y positiva en el sostén de los precios internacionales.
La revancha de las Américas: Argentina y EE.UU. como compensadores La contraetapa de este escenario climático adverso para el hemisferio sur se traslada de manera favorable a las regiones productoras de América. En los Estados Unidos, El Niño suele beneficiar al trigo de invierno en las Planicies (Kansas, Oklahoma y Texas) aportando regularidad en las lluvias y recomponiendo la humedad de los perfiles.

Para la Argentina, el panorama resulta sumamente alentador. Tras transitar ciclos previos condicionados por la escasez hídrica o la neutralidad, la mayor frecuencia y regularidad de las precipitaciones bajo la influencia de El Niño mejora sustancialmente las condiciones de implantación, el desarrollo vegetativo y el llenado de los granos.
Esta mejora en el potencial productivo local no solo augura una notable recuperación de las cosechas nacionales, sino también un incremento sustancial del excedente exportable. Con este viento de cola, el trigo argentino se prepara para ampliar su participación en el comercio internacional, consolidando su presencia en Sudamérica y buscando ganar terreno en los competitivos mercados del Norte de África.
El balance global y el factor aceites «El efecto neto sobre el mercado global depende del equilibrio entre las pérdidas australianas y las ganancias observadas en las Américas», explicó Luiz Fernando Gutierrez Roque, Coordinador de Inteligencia de Mercado en Hedgepoint. No obstante, advirtió que los episodios más agudos de El Niño tienden a sostener los valores del cereal debido al peso específico que tiene Australia en los flujos globales de comercio.
Por fuera del trigo, el reporte de la firma también subraya que el mercado sigue de cerca al aceite de palma en el Sudeste Asiático (Indonesia y Malasia), cuyos efectos de escasez por sequía se sentirán con fuerza de cara a 2027, lo que podría generar un efecto dominó de subas en todo el complejo oleaginoso mundial, presionando también la demanda de sustitutos como el aceite de soja.



