Con una población estimada de hasta 5 millones de ejemplares, el jabalí europeo avanza sin control sobre los ecosistemas nacionales. En diálogo con ZonaCampo, Víctor Fratto –licenciado en Gestión Ambiental y especialista en fauna silvestre– analiza el impacto económico, sanitario y ecológico de la especie, desmitifica las posturas del animalismo y advierte sobre la urgencia de implementar un plan estatal regulado antes de que la situación se vuelva irreversible.

Por: Redacción ZonaCampo
El jabalí europeo ya no es un problema ajeno ni limitado a unos pocos bosques. Hoy, su presencia se expande por casi todo el territorio argentino, desafiando a los productores agropecuarios, alterando gravemente la biodiversidad y encendiendo alarmas sanitarias.
Para dimensionar el conflicto, ZonaCampo dialogó con Víctor Fratto, especialista en manejo de fauna silvestre y una de las voces más activas y disruptivas en el debate sobre especies exóticas invasoras en el país. Con base en datos científicos y una mirada pragmática del territorio, Fratto desarma los mitos que rodean a esta especie y explica por qué el control riguroso es la única salida viable.

ZC: ¿Qué tan grave es hoy la situación del jabalí en Argentina?
VF: Sabemos que hay muchísimos jabalíes porque están a la vista los destrozos que provocan a la agricultura, a la ganadería y a la fauna silvestre. El problema es que uno de nuestros puntos más flacos es la falta de censos. No podemos conocer con exactitud el máximo, pero sí tenemos una idea bastante aproximada del mínimo: estamos hablando de un piso de 3 millones de jabalíes y un techo estimado de hasta 5 millones.
Es una especie con una movilidad enorme y una distribución tan amplia que habita desde esteros inaccesibles hasta zonas de alta montaña en las que casi no hay presencia humana. Esa capacidad para refugiarse en lugares de muy difícil acceso complejiza enormemente su manejo.

La matemática de una invasión descontrolada
ZC: En sus redes suele recurrir a un cálculo matemático sorprendente para explicar su expansión. ¿Cómo funciona esa dinámica reproductiva?
VF: Al no tener prácticamente depredadores naturales en nuestro territorio y poseer una tasa de reproducción altísima, los números se vuelven exponenciales. Hagamos un cálculo teórico: si iniciamos con una sola pareja (un macho y una hembra), bajo el supuesto de que todas sus crías sobreviven, que tienen camadas de 10 crías, con una proporción de 50% machos y 50% hembras, y que estas crías a los 6 meses ya son aptas para reproducirse, en apenas cuatro años esa pareja inicial dejaría una descendencia de 559.872 jabalíes.
Por supuesto que en la naturaleza no sobreviven todos. Pero incluso si somos sumamente conservadores, contemplamos muertes, enfermedades y camadas menores, una sola pareja inicial es capaz de dejar una descendencia real de 120.000 jabalíes en cuatro años. Esta cifra, que es la que manejan los técnicos en Brasil, asusta. Y responde principalmente a una realidad que cruza a gran parte de Argentina: el jabalí ya se ha cruzado con el chancho doméstico, lo que aumenta la cantidad de pariciones anuales y el tamaño de las camadas.

El «ingeniero» que destruye los ecosistemas
ZC ¿Cuáles son los principales daños que provoca sobre la biodiversidad y los ambientes nativos?
VF: El jabalí impacta sobre la fauna de dos maneras: mediante la depredación directa y a través de la modificación del ambiente. Por un lado, depreda numerosas especies nativas, especialmente ejemplares jóvenes y huevos de aves que nidifican en el suelo, como la martineta o copetona, el tero, el ñandú y el choique en la Patagonia. Incluso, en determinadas regiones, hasta podría depredar huevos y pichones de pingüino.
Por otro lado, se lo considera un «ingeniero de ecosistemas», pero en un sentido destructivo. Su hábito de «hocicar» el suelo para buscar insectos, larvas o raíces hace que dé vuelta la tierra por completo. Al exponer capas del suelo que deberían permanecer cubiertas, altera sus propiedades químicas y biológicas, debilitándolo y destruyendo microorganismos esenciales que terminan muriendo por la exposición.

El enemigo número uno del productor
ZC: ¿Qué riesgos representa para la producción ganadera, agrícola y para la sanidad animal?
VF: En ganadería, siempre se lo asoció principalmente a la transmisión de enfermedades, pero hoy ya está plenamente documentado que los jabalíes atacan directamente a terneros, corderos y potrillos recién nacidos. El impacto sobre la producción de carne es directo.
En la agricultura, el daño de una piara entrando a un lote de maíz es devastador, no solo por lo que consumen, sino por el destrozo que causan al transitar.
demás, cuando se ven acorralados, rompen alambrados y cercos, lo que genera que la hacienda se escape o termine ingresando a cuadros agrícolas cultivados.esto se suma el gravísimo riesgo sanitario. El jabalí es un vector principal de la triquinosis, una enfermedad zoonótica que no solo pone en jaque la sanidad del rodeo doméstico, sino que se transmite directamente al ser humano mediante el consumo de carne sin analizar.

Por qué protegerlos no es una opción
ZC: ¿Por qué sostiene que el jabalí debe ser controlado y no protegido?
VF: El jabalí no puede ser protegido bajo ningún concepto porque la función primordial del Estado en materia ambiental es resguardar la fauna nativa, no la foránea que destruye el equilibrio natural.
Aquí hay que ser claros con los términos: hablamos de control, no de exterminio. En un escenario ideal, la erradicación total en la zona invadida sería el objetivo lógico, pero con poblaciones de millones de individuos, hablar de exterminio en Argentina hoy es una utopía. Debemos apuntar a planes de control efectivos. Nadie quiere que el jabalí se extinga del planeta; en Europa y Asia —de donde es nativo— debe ser preservado. Pero en nuestro territorio es una especie exótica invasora que causa estragos.

Errores actuales y la necesidad de un Plan de Estado
ZC: ¿Qué errores se están cometiendo hoy en su manejo y qué debería hacer el Estado al respecto?
VF: El mayor error actual es la inacción y la falta de decisiones efectivas. Controlar no es simplemente «salir todos a cazar» de forma desordenada; esa no es la solución. Lo que Argentina necesita urgentemente es un Plan Nacional de Manejo y Control del Jabalí que integre múltiples herramientas de manera regulada:
Monitoreo y participación ciudadana: Debería implementarse una aplicación móvil oficial para que productores, técnicos y ciudadanos puedan reportar avistamientos y daños en tiempo real, permitiendo identificar los focos críticos donde intervenir de inmediato.
Uso de tecnología de captura: Incorporar trampas de gran escala, como las que se utilizan con éxito en Estados Unidos y Brasil, diseñadas para capturar piaras enteras de una sola vez.
Caza de control regulada: Seguir el ejemplo de Brasil, donde los cazadores de control forman parte de un registro oficial estricto, cuentan con certificados de regularidad, autorizaciones específicas, armas y calibres fiscalizados bajo norma, y tienen la obligación de presentar informes periódicos de sus actividades.

Ciencia frente a la emocionalidad
ZC: ¿Qué mensaje le daría a quienes se oponen al control del jabalí desde una postura más emocional o «animalista»?
VF: Hay que saber diferenciar al conservacionista del «animalista» extremo. El conservacionista se basa en la evidencia científica, la cual demuestra de manera unánime que las especies exóticas invasoras son la segunda causa de pérdida de biodiversidad a nivel mundial.
Cuando defendés al jabalí por una cuestión puramente emocional, estás condenando a muerte al tero, al choique, a la martineta, al ciervo de los pantanos y a todo el suelo argentino. Defender al invasor es atacar directamente a nuestra fauna nativa. Las políticas públicas de conservación no pueden diseñarse desde el sentimiento individual, sino desde la ciencia y la supervivencia de nuestros ecosistemas.
ZC: Si no se toman medidas urgentes en los próximos años, ¿cómo imagina el escenario para el campo argentino?
VF: Si seguimos de brazos cruzados, el escenario es alarmante. Veremos un deterioro irreversible de los suelos, una disminución drástica de nuestras poblaciones de aves y mamíferos nativos, un incremento sostenido de las pérdidas económicas en cultivos y pariciones ganaderas, y un riesgo sanitario latente y generalizado para la población rural. El jabalí avanza todos los días; el momento de actuar bajo un plan unificado es ahora



