“Las Malvinas son Argentinas”: desde el Gaucho Rivero hasta la Selección, una bandera que lleva flameando casi 200 años

Mucho antes de la guerra que aún nos duele, mucho antes de que la Selección desplegara una bandera que generó una columna de opinión revisionista en un periódico inglés, un grupo de paisanos argentinos conformaron el primer acto de resistencia en agosto de 1833, comandados por el gaucho Antonio Rivero.

Antes de la guerra de 1982 hubo otra historia. Una menos conocida, protagonizada por un grupo de peones rurales que, casi ciento cincuenta años antes, protagonizaron el primer acto de resistencia contra la ocupación británica de las Islas Malvinas. Al frente de ellos estaba Antonio «El Gaucho» Rivero, un hombre de campo que con el tiempo se convertiría en uno de los símbolos más representativos de la causa Malvinas.

Durante la época colonial, España ejerció la administración efectiva de las islas en base a acuerdos internacionales con otras potencias europeas y, tras la independencia argentina en 1816, ese derecho de soberanía se transfirió a nuestro país en base a principios jurídicos de derecho internacional y se consolidó cuatro años después. Desde 1820 puede decirse, “con todas las de la ley”, que las Malvinas son Argentinas.

Esto se formalizó en dos etapas: el 6 de noviembre de ese año, el coronel de marina David Jewett, al mando de la fragata Heroína de las Provincias Unidas del Río de la Plata, izó la bandera argentina por primera vez en Puerto Soledad y leyó una proclama formal de soberanía. Casi una década después, el 10 de junio de 1829 fue nombrado gobernador Luis Vernet, que consolidó un asentamiento permanente, impulsando la ganadería, la pesca y el aprovechamiento ordenado de los recursos naturales.

La cercanía con el estrecho de Magallanes y la abundancia de recursos pesqueros (especialmente focas y ballenas que permitían obtener aceite para -entre otras cosas- alumbrado público europeo) dio lugar a mucha actividad ilegal y piratería. Frente a los reclamos formales de Vernet, en 1831 un buque de guerra estadounidense atacó Puerto Soledad, destruyó instalaciones y debilitó gravemente la presencia nacional.

Casi como resultado directo, tras el informe de EEUU al gobierno británico de la situación de indefensión, el 3 de enero de 1833 una fuerza británica desembarcó en las islas, expulsó a las autoridades argentinas e inició la ocupación que se mantiene hasta la actualidad, sostenida en base a explotaciones privadas ganaderas y condiciones paupérrimas para los empleados rurales.

Pero la bandera argentina no desapareció sin resistencia. Apenas unos meses después de la ocupación, el 26 de agosto de 1833 Antonio Rivero, un joven gaucho entrerriano que trabajaba como peón rural en las islas, encabezó una rebelión junto a otros criollos. Durante varios meses recuperaron el control del asentamiento e izaron nuevamente la bandera celeste y blanca. Finalmente, tras siete meses de resistencia fueron derrotados por fuerzas británicas, pero aquel episodio quedó grabado como el primer acto frente a la ocupación extranjera.

La figura de Rivero ha sido objeto de distintos análisis historiográficos. Existen debates sobre las motivaciones iniciales del levantamiento, pero con el paso del tiempo, aquel peón de campo dejó de ser solo un personaje histórico para convertirse en un símbolo de la defensa de la soberanía nacional y de la participación del hombre de campo en una causa que atravesó generaciones.

Incluso, su nombre ha sido utilizado para hacer mención de un conjunto de leyes provinciales adoptadas por varias provincias con litoral marítimo argentino, que establecen restricciones o incluso impedimentos de amarre y abastecimiento a barcos con bandera inglesa que operan en apoyo de la explotación económica de las Malvinas, como pesqueros, petroleros o embarcaciones de apoyo logístico vinculadas a actividades consideradas ilegales por la Argentina.

Desde entonces, la Argentina sostuvo de manera ininterrumpida y con independencia del color político del gobierno en curso, su reclamo diplomático sobre las islas. En 1965, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Resolución 2065, que reconoció la existencia de una disputa de soberanía entre la Argentina y el Reino Unido e invitó a ambos países a encontrar una solución mediante negociaciones pacíficas.

Así llegamos hasta el 2 de abril de 1982, en que la causa escaló a niveles bélicos dando lugar a la guerra que todos conocemos y que dejó como saldo casi 700 soldados argentinos fallecidos. Vale aclarar que, si bien el conflicto armado concluyó el 14 de junio con la rendición argentina, los reclamos de soberanía por vía diplomática no concluyeron, continuando vigentes hasta hoy e incluso adquiriendo rango constitucional.

Casi dos siglos después del levantamiento de Rivero, la causa Malvinas volvió a ocupar el centro de la escena mundial desde un lugar inesperado: tras la victoria de la Selección Argentina frente a Inglaterra en la semifinal del último Mundial, algunos jugadores de la Scalonetta desplegaron una bandera con la leyenda «Las Malvinas son Argentinas».

La imagen recorrió el planeta, generó críticas de dirigentes británicos y abrió un intenso debate en los medios del Reino Unido. Incluso el prestigioso diario The Guardian publicó una columna de opinión en la que un periodista sostuvo bajo el título (traducido) “¿Las Malvinas son Argentinas? No tanto, pero las Falkland no pueden permanecer británicas por siempre” que la cuestión no debería considerarse una cuestión definitivamente resuelta y que el diferendo merece volver a ser discutido.

La historia de Malvinas no comenzó en 1982. Comenzó siglos antes, con la presencia española, continuó con la sucesión de derechos ejercida por la Argentina independiente y encontró en Antonio Rivero a uno de sus primeros protagonistas. Un gaucho, un peón rural, un hombre de la campaña que eligió resistir cuando la bandera argentina era arriada de las islas. Casi doscientos años después, esa misma bandera volvió a desplegarse ante los ojos del mundo, recordando que la cuestión Malvinas sigue siendo parte de la identidad, la memoria y el reclamo permanente de la Nación Argentina.

 

Fuentes recomendadas

Archivo General de la Nación Argentina.

Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto – Cuestión Malvinas.

Constitución de la Nación Argentina, Disposición Transitoria Primera.

Resolución 2065 (XX) de la Asamblea General de las Naciones Unidas (1965).

Paul Groussac, Las Islas Malvinas.

Laurio H. Destéfani, Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur.

José María Rosa, Historia Argentina.

Simon Jenkins, «Las Malvinas son Argentinas? Not quite – but the Falklands cannot remain British for ever», The Guardian, 16 de julio de 2026.

Cobertura de The Guardian sobre la bandera desplegada por la Selección Argentina tras la semifinal del Mundial frente a Inglaterra.