La fotografía lo apasionó desde la infancia, estudió Turismo porque soñaba con viajar y una experiencia en Australia terminó cambiándole la vida. Hoy, al frente de Narvagro, recorre miles de kilómetros cada temporada registrando los reproductores de algunas de las principales cabañas del país y es uno de los responsables de inmortalizar los grandes momentos de la ganadería argentina.

Mucho antes de que las rutas, los remates y las pistas de Palermo formaran parte de su rutina, Agustín Narvarte ya vivía con una cámara entre las manos. No era un trabajo ni un proyecto de vida. Era simplemente una pasión que comenzó en la infancia.
«Desde que soy chico, siempre la fotografía fue lo que más me gustó. Me acuerdo de mi mamá sacándonos muchas fotos y creo que, sin querer, ella me transmitió esa pasión. Nunca imaginé que hoy terminaría siendo mi sustento de vida», cuenta.
Los recuerdos se mezclan con aquellas primeras imágenes tomadas casi por juego. Pedía prestada la cámara de la familia, fotografiaba cualquier cosa que llamara su atención e incluso intentaba capturar la luna con los primeros teléfonos celulares que incorporaban una cámara.
Cuando consiguió su primer trabajo compró su primera cámara fotográfica. La utilizó durante años para alimentar un hobby que jamás imaginó convertir en una profesión.



Un sueño llamado Australia
Al terminar la escuela decidió estudiar la Licenciatura en Turismo en Tandil. Permaneció allí casi diez años y reconoce que la elección de la carrera tenía mucho que ver con su deseo de conocer el mundo.
«Siempre asocié el turismo con viajar, estar en movimiento y conocer gente. Hoy, aunque no ejerzo la profesión, mi trabajo tiene mucho de eso. Estoy permanentemente recorriendo campos, viajando y conociendo personas distintas.»
Su familia acompañó cada una de esas decisiones. Primero la carrera universitaria y, más tarde, una experiencia que marcaría un antes y un después: viajar a Australia.
«Fue una experiencia increíble, muy intensa. Estás lejos de tu zona de confort, en otro idioma y resolviendo todo por tu cuenta. Vivís un montón de cosas en carne propia.«
Durante ese viaje compró una cámara y un lente que en aquel momento eran prácticamente inaccesibles en Argentina. Lo hizo pensando únicamente en seguir disfrutando de la fotografía.
«Sin saberlo, estaba comprando el equipo que después, el 3 de junio de 2021, me permitió filmar hacienda por primera vez. Ese equipo que compré para seguir disfrutando de un hobby terminó convirtiéndose en mi herramienta de trabajo.»

Una oportunidad inesperada
De regreso en Argentina apareció una propuesta que cambiaría definitivamente su vida profesional.
Un amigo le preguntó si se animaba a filmar toros para un remate. «No tenía nada que perder. Me divertía, me parecía desafiante y algo nuevo.»
Narvarte suele repetir que Narvagro no nació de una idea propia. «No fue una idea que me surgió a mí; fue una necesidad de alguien más.»
Aquella necesidad coincidía con un momento muy particular para la ganadería argentina. La pandemia había obligado a reinventar la forma de realizar los remates y las imágenes comenzaron a ocupar un papel fundamental.
«Uno se da cuenta de que en la necesidad de otro también hay una oportunidad para uno.»
Así, el 3 de junio de 2021, filmó su primer toro. Sin saberlo, ese día también comenzaba la historia de Narvagro.

Del hobby a una empresa especializada
Los comienzos estuvieron lejos de ser sencillos.
Aceptó aquel primer trabajo sin dominar completamente los programas de edición y mientras todavía filmaba ya sabía que tendría que comprar una computadora capaz de procesar ese material.
Con el tiempo llegaron las capacitaciones, nuevas cámaras, drones y horas de aprendizaje.
«Uno va perfeccionando el ojo y genera un criterio», dice al comparar aquellos primeros trabajos con las producciones actuales.
Pero también hubo otro aprendizaje fundamental.
«Hay gente que me enseñó qué se busca, qué es lo que importa y qué es lo que no. Si no tenés personas generosas con su conocimiento, es muy difícil hacerse de un criterio propio.»
Así nació Narvagro, una marca que combina su apellido con el agro y que hoy presta servicios de fotografía y producción audiovisual para cabañas, remates y exposiciones ganaderas de distintos puntos del país.



Un trabajo que empieza antes del amanecer
Actualmente Narvagro transita su sexta temporada y, especialmente durante julio y agosto, los días comienzan cuando todavía es de noche.
«Muchas veces hay que viajar de madrugada para llegar temprano al campo, donde ya nos esperan con la hacienda loteada, preparada y, en muchos casos, hasta bañada. Ahí armamos el set de filmación y empiezan a pasar animal tras animal buscando siempre la mejor toma.»
Lo que el público observa en apenas unos minutos de video es el resultado de una larga jornada de trabajo en equipo.
«La idea siempre es que el trabajo sea dinámico, que todos aportemos desde el lugar que nos toca y que los protagonistas, que son los animales, se vean de la mejor manera posible.»
Esas imágenes no sólo muestran un reproductor. Muchas veces son la principal herramienta con la que un comprador evalúa un animal antes del remate.

El campo como lugar de pertenencia
Hay otra razón por la que Narvarte siente que encontró su lugar.
Su infancia transcurrió en una casa quinta, siempre en contacto con la naturaleza.
«Gran parte de mi infancia la viví afuera y hoy eso es algo que me encanta de mi trabajo. Estar a la intemperie, sentir el frío de la mañana, la humedad, trabajar rodeado de hacienda… todo eso me conecta con lo que vivía cuando era chico.»
Quizás por eso nunca sintió que trabajar en el campo fuera un sacrificio. Al contrario.
Encontró un ámbito donde la pasión por la fotografía, el movimiento constante y el contacto con la naturaleza convivían en una misma profesión.

El privilegio de estar en Palermo
Si hay un escenario que resume el crecimiento profesional de Narvarte es la pista central de la Exposición Rural de Palermo.
Este año volvió a cubrir, por quinta temporada consecutiva, la jura de la raza Hereford.
Aunque hoy parezca parte de la rutina, recuerda perfectamente lo que sintió la primera vez.
«Me acuerdo de todos los nervios que tenía por poder estar ahí y hacer el mejor trabajo posible.»
Hoy esa responsabilidad se transformó en orgullo.
«Es un gusto poder pisar la arena de Palermo y ser quien saca la foto de los campeones, de los Grandes Campeones, y captar esos momentos únicos de cada jura.»
Detrás de cada imagen histórica hay apenas unos segundos para encontrar el mejor ángulo, la mejor luz y el instante exacto en que un ejemplar queda inmortalizado para siempre.

Crecer y sostenerse
Con el paso de los años llegaron nuevos clientes, más kilómetros recorridos y la posibilidad de trabajar junto a algunas de las principales cabañas del país.
Sin embargo, Narvarte asegura que el verdadero desafío nunca fue conseguir el primer trabajo.
«Las primeras oportunidades siempre son importantes, pero más importante todavía es la segunda, porque si te llaman otra vez es porque la primera salió bien. Lo más difícil no es llegar, sino sostenerse.»
Esa filosofía explica buena parte del crecimiento de Narvagro, una empresa que hoy continúa expandiéndose sin perder de vista el compromiso con cada producción.

Cuando la pasión encuentra su lugar
Cinco años después de filmar aquel primer toro, Agustín Narvarte sigue recorriendo rutas, campos y exposiciones con la misma curiosidad del chico que fotografiaba todo lo que encontraba a su alrededor.
La diferencia es que hoy esas imágenes ayudan a comunicar años de selección genética, acompañan remates, muestran el trabajo de las cabañas y forman parte de la historia de la ganadería argentina.
Quizás la mejor síntesis de ese recorrido sea una frase que resume su manera de entender la vida y el trabajo.
«Conecta mucho lo que hago con lo que soy. Estar afuera, en la naturaleza, trabajar por proyectos… todo eso tiene mucho que ver conmigo.»
Y probablemente allí esté la explicación de su historia. La de un hobby que nació en la infancia, encontró una oportunidad en el momento justo y terminó convirtiéndose en una profesión capaz de retratar, con sensibilidad y precisión, algunos de los mejores ejemplares de la ganadería argentina.