El médico veterinario Emilio Sequi comparte cómo se vive desde adentro la Guardia Veterinaria Biogénesis Bagó, un servicio que desde hace más de 30 años vela por la salud de los animales que participan de la Exposición Rural de Palermo. Capacitación, adrenalina, trabajo en equipo y una vocación que se renueva en cada edición.

Cuando a Emilio Sequi le propusieron integrar la Guardia Veterinaria de la Exposición Rural de Palermo, su primera reacción estuvo lejos del entusiasmo. Dudó de estar preparado para una responsabilidad semejante.
«Pensé que no iba a estar a la altura. Mi respuesta fue: «No, eso no es para mí»», recuerda.
Finalmente aceptó el desafío y con el paso del tiempo comprendió que formar parte de ese equipo significaba mucho más que asistir a algunos de los animales más valiosos de la ganadería argentina. También implicaba integrar un grupo de profesionales altamente capacitados que se prepara durante todo el año para responder ante cualquier situación sanitaria.
«Me animé al desafío que significa estar ahí, tanto por el tiempo como por el nivel técnico que exige. Es todo un proceso formar parte de la Guardia», asegura. Hoy, después de varias ediciones, resume esa experiencia en una sola palabra: orgullo.

Un trabajo que empieza mucho antes de Palermo
Aunque para el público la Guardia Veterinaria comienza cuando ingresan los primeros animales a la exposición, para sus integrantes el trabajo arranca varios meses antes. Cada año participan de jornadas de capacitación impulsadas por Biogénesis Bagó, donde analizan los casos registrados en la edición anterior, actualizan conocimientos y fortalecen el trabajo en equipo.
La Guardia está integrada por veterinarios de distintos puntos de la provincia de Buenos Aires que durante el resto del año desarrollan su actividad privada. En esta edición, además de Sequi, participaron Juan Insaguarat (Saladillo), Máxi Ogallar (Tres Arroyos), Juan Ignacio Charaf (9 de Julio), Federico Pérez (Chascomús) y Fermín Rodríguez (Benito Juárez).
«Siempre seguimos en contacto, pero volver a encontrarnos y recibir el primer animal que ingresa a la exposición tiene algo muy especial. Ahí empieza la adrenalina», explica.
Un equipo disponible las 24 horas
Durante toda la muestra la Guardia permanece activa sin interrupciones. De día trabajan todos los integrantes del equipo y, por la noche, uno de ellos queda de guardia permanente. Sin embargo, ante cualquier emergencia, la respuesta es inmediata.
«Si ocurre un parto durante la madrugada o aparece un caso complejo, el veterinario de turno llama al resto. Dormimos a pocas cuadras de Palermo y en diez minutos estamos todos trabajando.»
Las noches suelen ser el momento de mayor actividad, especialmente porque la mayoría de los nacimientos ocurren cuando el predio recupera la tranquilidad.
Los nacimientos y los campeones
Para Sequi, los partos siguen siendo los momentos más emocionantes de cada edición. Este año la Guardia asistió al nacimiento de Lionela, la primera ternera nacida en la muestra, una Limangus cuyo nombre fue elegido apenas llegó al mundo.
Pero no fue el único momento especial. También recuerda el caso de un toro Hereford proveniente de Carmen de Patagones que arribó a Palermo con fuertes dolores musculares y articulares después de un largo viaje.
«El propietario estaba muy preocupado. Lo atendimos, iniciamos el tratamiento y le dijimos que se quedara tranquilo, que el toro iba a caminar bien y que podía salir campeón.»
La historia terminó de la mejor manera: el animal se recuperó por completo y terminó consagrándose campeón de la exposición.
«Lo más importante fue que recuperó su salud. Después vino el premio y la alegría del cabañero.»
Una clínica adaptada a un contexto único
Trabajar en Palermo exige un abordaje veterinario particular, no porque cambien los fundamentos de la profesión, sino porque el contexto es completamente diferente al de la práctica cotidiana. Los animales que participan de la exposición representan años de selección genética y un enorme valor productivo, por lo que cada intervención requiere una atención especialmente cuidadosa.
«No es que hagamos una clínica distinta a la que hacemos todos los días, sino que el contexto de Palermo exige otro tipo de seguimiento y de cuidados. Estamos hablando de reproductores de un altísimo valor genético, donde cada detalle cuenta y por eso la capacitación permanente es fundamental», explica Sequi.
Por la Guardia Veterinaria pasan bovinos, equinos, ovinos, porcinos y ejemplares de distintas especies provenientes de todo el país. Cada caso representa un nuevo desafío y exige actuar con rapidez, criterio y un trabajo coordinado entre todos los integrantes del equipo.
Mucho más que una guardia
Desde hace más de tres décadas, con el respaldo de Biogénesis Bagó, la Guardia Veterinaria es uno de los servicios silenciosos pero esenciales de la Exposición Rural de Palermo. Mientras miles de personas disfrutan de la muestra, un grupo de profesionales permanece disponible las 24 horas para velar por la salud y el bienestar de los verdaderos protagonistas.
Para Emilio Sequi, volver cada invierno a Palermo ya es parte de su vida.
«Ser parte de este equipo es un orgullo.»
Porque detrás de cada Gran Campeón, de cada nacimiento y de cada animal que pisa la pista central hay un grupo de veterinarios que trabaja lejos de los reflectores, pero cuyo compromiso resulta fundamental para que la mayor exposición ganadera del país funcione con la excelencia que la caracteriza.