El sorgo vuelve a ganar protagonismo entre el mercado externo y la necesidad de diversificar

La demanda internacional, el peso de China y la búsqueda de alternativas al maíz en regiones condicionadas por la chicharrita vuelven a poner al cultivo en el centro de la escena. La elección del híbrido aparece como una decisión vinculada al destino final: grano, silaje o pastoreo.

El sorgo llega a la campaña 2026/27 con argumentos que exceden su tradicional papel como cultivo de ambientes restrictivos. La demanda internacional, el protagonismo de China en el comercio y una oferta mundial que presenta ajustes en algunos de los principales países productores conforman un escenario que vuelve a darle interés al cereal argentino. A nivel local, además, el cultivo aparece como una alternativa dentro de las rotaciones agrícolas y ganaderas.

Argentina ya tiene un mercado de exportación consolidado. En los últimos años, China se convirtió en el principal destino del sorgo argentino y concentró cerca del 89% de las toneladas exportadas durante el último lustro. La campaña 2024/25 alcanzó una producción de 2,9 millones de toneladas sobre una superficie de alrededor de un millón de hectáreas, según datos oficiales.

El escenario internacional también aporta un elemento para seguir de cerca. Para 2026/27, el USDA redujo nuevamente su estimación de producción de sorgo de Estados Unidos, mientras que las proyecciones para Australia también contemplan una cosecha menor respecto de campañas anteriores. Al mismo tiempo, China mantiene un nivel elevado de consumo e importación dentro del mercado mundial.

El destino define la elección

En ese contexto, la discusión deja de ser solamente cuánto rinde un híbrido. Para el productor, la elección comienza por definir qué se busca obtener del lote.

En sorgo granífero, la calidad del grano, el rendimiento, la adaptación al ambiente y las características que demanda el mercado pueden modificar el resultado comercial. En los planteos ganaderos, en cambio, entran en juego otras variables: producción de materia seca, calidad nutricional, aptitud para silaje o posibilidad de utilización mediante pastoreo.

El concepto adquiere especial importancia en zonas donde el sorgo compite directamente con el maíz. No todos los ambientes tienen el mismo potencial ni todos los sistemas productivos necesitan el mismo tipo de planta. Por eso, la fecha de siembra, la densidad, la disponibilidad de agua y el momento de aprovechamiento forman parte de una misma decisión.

Una alternativa frente a la chicharrita

La situación sanitaria del maíz también modificó el lugar que ocupa el sorgo dentro de las rotaciones. Dalbulus maidis se consolidó en los últimos años como una de las principales amenazas para el cultivo de maíz, especialmente en el norte argentino. Estudios de INTA documentaron una fuerte expansión de la plaga hacia distintas regiones durante la campaña 2024/25.

El sorgo no es hospedero adecuado para completar el ciclo biológico de la chicharrita del maíz. Investigaciones de Embrapa y trabajos de especialistas argentinos señalan que, a diferencia del maíz, el insecto no logra completar allí su ciclo, por lo que la incorporación del cultivo puede formar parte de estrategias de rotación en regiones donde la presión de D. maidis constituye una preocupación.

Esto no convierte al sorgo en un reemplazo automático del maíz. La decisión depende del ambiente, del sistema y del destino de la producción. Pero sí amplía las alternativas disponibles para planteos agrícolas y ganaderos que buscan distribuir riesgos.

Un cultivo con varios destinos

El otro aspecto que explica el renovado interés es su capacidad de adaptarse a diferentes sistemas. El sorgo puede destinarse a producción de grano, silaje de planta entera o aprovechamiento forrajero, una característica especialmente relevante para establecimientos ganaderos que necesitan generar volumen de materia seca durante el verano.

Ensayos y evaluaciones recientes del INTA también ubican al sorgo entre las alternativas forrajeras capaces de aportar biomasa y tolerancia frente a períodos de déficit hídrico, con distintas posibilidades de aprovechamiento según el sistema.

Así, de cara a la nueva campaña, la discusión sobre el sorgo vuelve a pasar por una cuestión básica pero determinante: qué se pretende producir y para qué mercado o sistema. En un contexto de demanda internacional sostenida y de cambios en los planteos productivos, la elección del material deja de ser una decisión aislada y pasa a formar parte de la estrategia completa del lote.

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