Tomás Bonfiglio es de Ameghino, Buenos Aires, y se convirtió en una de las voces jóvenes más escuchadas del agro en redes sociales. Entre el tambo robotizado, los números del negocio y una historia familiar marcada por caídas y reconstrucciones, el joven productor decidió hablar «de los números que no te cuentan del campo” . En Todo Láctea contó cómo fue hacerse cargo del establecimiento familiar y por qué eligió quedarse en el campo.

Tiene apenas 21 años, pero habla del negocio lechero con la seguridad de alguien que creció entre vacas, números y decisiones difíciles. Tomás Bonfiglio, productor de Ameghino, Buenos Aires, encontró en las redes sociales una forma de mostrar lo que pasa puertas adentro del tambo y explicar una parte del agro que, según él, muchas veces no se cuenta.
La historia familiar fue determinante. Todo comenzó con su abuelo, luego siguieron su padre y su tío, primero con una fábrica de productos lácteos y después con el tambo. Hubo momentos de crecimiento, pero también golpes duros. “Arrancaron con una fábrica de productos lácteos, después se fundieron, hicieron otra. Después se metieron con el tambo y bueno, ahora arranqué yo cuando terminé la escuela”, relató durante su participación en Todo Láctea.
El joven estudió en la escuela agropecuaria de la Sociedad Rural de Realicó, un internado que, según reconoce, le cambió la cabeza. “Me mandaron ahí porque era un poco vago, eso me ayudó mucho, me abrió la cabeza”, contó entre risas, recordando las primeras experiencias lejos de su casa y el duro proceso de adaptación.
Ese paso por la escuela fue clave para definir su futuro. Aunque tuvo la posibilidad de seguir estudiando, eligió quedarse en el campo. “A mí siempre me gustaron los números, siempre fui vendedor”, explicó. Y agregó: “Le dije a mi viejo: no te voy a hacer gastar plata al pedo, me voy a quedar acá y le vamos a meter para adelante”.
Hoy Tomás tiene a cargo el manejo del tambo robotizado familiar y se convirtió en una de las nuevas caras del recambio generacional agropecuario. Desde sus redes comparte videos diarios sobre producción, costos, inversiones y rentabilidad, rompiendo un tabú histórico del sector: hablar de plata.
“No es solo producir, hay que saber vender”, suele repetir. Para él, entender el negocio es tan importante como trabajar en el campo. En sus contenidos explica cuánto vale producir leche, cómo impactan los impuestos y por qué muchos tambos pequeños terminan desapareciendo. “Compramos a dólar y cobramos en pesos”, resume en uno de sus análisis más compartidos.
Pero detrás de los números también aparece una mirada personal sobre el esfuerzo y la responsabilidad. “Mi abuelo se fundió, mi papá sacó todo a flote y yo ahora sigo”, expresó en una entrevista reciente. Ese legado es el que hoy intenta sostener mientras combina el trabajo diario en el campo con la creación de contenido en redes.
Durante su charla en Todo Láctea también habló del desafío que significó trabajar junto a su padre y empezar a ganar lugar dentro de la empresa familiar. “Mi viejo es de los tipos de antes, la palabra de él y listo. Y yo también tengo carácter”, contó. “Yo decía: si me quedo acá, tengo que ser productivo. Mínimamente que el tambo ande bien”.
Entre ordeñes robotizados, videos virales y cuentas que cierran cada vez más finas, Tomás Bonfiglio representa una nueva generación de productores que no solo trabaja en el campo, sino que también busca contar lo que pasa adentro del negocio agropecuario argentino.