La ingeniera civil Silvia Gerpe recuerda aquellas noches en el campo de sus padres, cuando un generador era la única forma de tener electricidad. Años después, esa experiencia dio origen a su empresa que hoy, desde Cañuelas, acerca soluciones energéticas a hogares, empresas y establecimientos agropecuarios
Hay recuerdos que, sin saberlo, terminan trazando el rumbo de una vida y marcando la visión con la que se mira el futuro.
Silvia Gerpe todavía recuerda aquellos fines de semana en el campo de sus padres donde la electricidad era una presencia efímera.
«La luz solo se encendía de noche mediante un generador muy ruidoso, y cuando el combustible se agotaba, la única opción posible era irse a dormir o recurrir a las velas», recuerda.
En aquel entonces no imaginaba que, años después, se dedicaría a encontrar una manera distinta de llevar energía a las personas.
Una idea que encontró su lugar en el campo
Graduada como ingeniera civil en la Universidad de Buenos Aires (UBA), Silvia viajó a España por dos años, donde descubrió una realidad que en ese momento todavía parecía lejana para la Argentina: la energía solar ya formaba parte de la vida cotidiana de las personas. No era una tecnología del futuro, sino una solución presente.
De regreso al país continuó creciendo profesionalmente, desarrolló su carrera liderando proyectos y equipos de trabajo, pero aquella experiencia nunca dejó de acompañarla. Sabía que la energía solar iba a convertirse en una pieza importante del futuro energético argentino y quería ser parte de ese cambio.
Esa idea encontró su primera prueba en un lugar muy especial: el campo de sus padres. Allí realizó su primera instalación solar. Cuando el sistema empezó a funcionar y el generador dejó de ser el protagonista, sintió que estaba viviendo algo mucho más profundo que un cambio tecnológico.
«Tener luz proveniente del sol fue como descubrir un mundo nuevo. Pasamos de no usar la luz durante el día y de depender del ruido del generador por la noche hasta quedarnos a oscuras, a tener energía disponible de otra manera. Ahí entendí que esta tecnología podía cambiarle la vida a muchas personas», recuerda.
El nombre que guarda una historia
Con el tiempo, esa convicción se transformó en un proyecto de vida. Llegaron nuevos desafíos profesionales y nacieron Dante y Luca, sus hijos.
Pocos saben que el nombre de la empresa, DAYLU Energía, nació precisamente de la unión de sus nombres.
«Cuando decidí que era el momento de crear la empresa, un nombre y un símbolo aparecieron casi al mismo tiempo. Elegí el Triskel Celta porque representa el movimiento, el crecimiento y la evolución constante. Esa manera de entender la vida y el aprendizaje es la que también quería transmitirles a Dante y Luca y la que hoy forma parte de la identidad de DAYLU. No fue una elección de marketing, sino una forma de recordar, todos los días, cuál es el verdadero propósito detrás de cada proyecto».
Ellos, junto a mi marido, son mi mayor inspiración. Quería construir una empresa que los representara, de la misma manera que representa mis valores: compromiso, cercanía y la convicción de que la tecnología tiene sentido cuando mejora la vida de las personas.
«Siempre digo que no vendemos equipos. Escuchamos, entendemos cómo vive o trabaja cada cliente y recién ahí diseñamos la solución que mejor se adapta a sus necesidades. La tecnología viene después», explica Silvia.
Con esa filosofía, DAYLU desarrolla soluciones integrales para viviendas, comercios, industrias y establecimientos agropecuarios, que van desde sistemas solares y almacenamiento de energía hasta bombeo de agua, respaldo ante cortes e iluminación.
Un proyecto con raíces en Cañuelas
Convencida de que la mejor manera de generar confianza es que las personas puedan conocer y comprender estas tecnologías, Silvia decidió instalar, junto a su familia, un Showroom que abre los sábados en el centro de Cañuelas: un espacio pensado para recibir a quienes buscan asesoramiento, entender cómo funcionan estos sistemas, ver los equipos funcionando y encontrar una solución adaptada a su realidad.
La elección de Cañuelas tampoco fue casual.
«Hacía tiempo que veía en Cañuelas una ciudad en plena transformación. La llegada del Mercado Agroganadero a la Ruta 6 y el desarrollo del Polo Agroganadero Comercial reflejaban una visión moderna, integradora y sustentable de la región. Pero, por sobre todo, encontré una comunidad emprendedora, y con un enorme potencial de crecimiento. Sentí que era el lugar indicado para que DAYLU echara raíces y acompañara ese desarrollo», señala.
«Empezamos invirtiendo en un terreno y trabajando junto a los vecinos, pero sentía que necesitábamos un lugar donde las personas pudieran ver, tocar y entender la tecnología que les proponíamos. Así nació el Showroom. Desde entonces, cada vez más familias, empresas y productores se acercan a conocernos y confían en nuestro trabajo. Haber tenido la oportunidad de aportar luminarias solares para las instalaciones del Mercado Agroganadero fue una enorme satisfacción y, sobre todo, la confirmación de que habíamos elegido el lugar indicado para crecer y formar parte del desarrollo de la comunidad», cuenta.
El campo, un lugar con enorme potencial
Desde su experiencia técnica y su contacto con el sector, Silvia sostiene que el campo es uno de los ámbitos donde estas tecnologías todavía tienen muchísimo por aportar.
«Cuando se habla de energía en el campo, muchas veces se piensa únicamente en la electricidad. Pero el agua también representa un desafío, especialmente en los establecimientos de mayor superficie. Durante años, los molinos tradicionales fueron una gran solución, aunque requieren mantenimiento y dependen del viento. En muchos otros casos, el abastecimiento de agua o la energía para distintos sectores del campo sigue dependiendo de grupos electrógenos».
«Frente a esa realidad, el bombeo solar es una alternativa que todavía está poco difundida y que, a mi entender, tiene un enorme potencial para el sector agropecuario. Más que una tecnología, es una herramienta que aporta autonomía, seguridad y tranquilidad. Significa saber que una bomba seguirá funcionando, que una vivienda contará con respaldo o que un establecimiento podrá continuar trabajando cuando más lo necesita», enfatiza.
Fiel a esa manera de entender su profesión, Silvia continúa capacitándose de manera permanente, convencida de que acompañar un sector en constante evolución también implica seguir aprendiendo.
Actualmente es Diplomada por la UCEMA en Proyectos de Energías Renovables y Almacenamiento, Auditora de la norma ISO 50001 –Sistema de Gestión de la Energía– y cursa una Certificación Avanzada en Gestión Eficiente de la Energía en el Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA), formaciones que fortalecen su trabajo diario y le permiten brindar un asesoramiento cada vez más integral.
«La energía es un sector que evoluciona todos los días. Por eso creo que capacitarse de manera permanente es una responsabilidad. No solo para ofrecer mejores soluciones, sino también para ayudar a las personas a entender, de una manera simple y clara, las alternativas que hoy existen», concluye.
Quizás por eso, cada vez que acompaña a un cliente que todavía depende de un generador para tener energía, Silvia recuerda aquellas noches en el campo de sus padres. Hoy sabe que existen otras alternativas. Y desde hace años trabaja para que cada vez más familias, empresas y productores descubran que un generador ya no tiene por qué ser la única opción.
«Estoy convencida de que la energía no debería ser un privilegio ni una preocupación permanente. Debería ser una herramienta para que las personas puedan vivir, producir y crecer con más tranquilidad. Si desde DAYLU logramos acercar esa oportunidad a cada vez más familias, empresas y productores, entonces estamos haciendo bien nuestro trabajo», concluye Silvia.
Para contactar a Daylu por WhatsApp: 11 5980-0804
Showroom: Alem 1151 Cañuelas
Servicios que ofrece:
Sistemas solares fotovoltaicos (on-grid, híbridos y off-grid)
Bombeo solar
Iluminación solar
Termotanques solares
Diagnóstico, diseño, instalación, monitoreo y servicio posventa.