Especiales

¡Abrile que viene mayo!

Bolazos, macanas, historias tan atrapantes como inverosímiles. Nuestro colaborador Daniel Lecointre relata las andanzas de dos gauchos mentirosos que supieron hacer las delicias de los vecinos de San Jorge


Por Daniel Lecointre, exclusivo para Zona Campo. 

¿Mentirosos? La palabra que use en el título es algo incorrecta. Supongo que la mentira tiene la intención de engañar o hacer un daño, aunque a veces se hace buena y es piadosa. Pero estos paisanos usaban otra, la "mentira" humorística. Eran fabuleros, imaginativos. Poetas sin papel. Bolaceros, macaneadores, bah.


La audiencia sabía de antemano que no era verdad lo que estaban contando. Pero los escuchaban igual, por respeto ese don tan difícil, el de cautivar con un relato.


Entrará primero al escenario Vale Diez. Así le decían a este hombre. Mitad jornalero, mitad tumbeador (tumbeador es el título anterior al de croto), frecuentaba los campos de los Carreras, La Normendie y los Boudin. En el camino que va desde San Jorge a Rocha. Los hechos ocurren más o menos en la década del treinta.


Era verdad que tenía un alazán sobresaliente. Ligerito en las cuadreras y buena rienda en el trabajo. También es cierto que poseía un nombre muy bonito, "Guitarra de Oro". La imaginaciónde su dueño vio eso, en la anatomía y el color del pelo de su animal.


Lo que no era cierto, son las hazañas que realizaba el Guitarra. Siempre arrancaba los relatos con una verdad conocida por los oyentes (método típico, bien probado, del bolacero), y cuando ya los tenía atrapados, los empezaba a envolver en su trama. Las "víctimas", cerraban un ojo, o se tocaban con el codo, pero lo dejaban actuar. Por ahí, si uno pudiera leerles la mente, todo juntos estarían cantando a coro un armonioso "¡Abrile que viene mayo!", pero cualquier interrupción hubiera dejado a todos sin el jugoso relato.


Se disparó el Guitarra


Este cuento tuvo lugar en la inmensa llanura, un fogón con buena leña iba dorando la carne. La pava, reclinada sobre las brasas, calentando el agua para el vermut criollo, y un círculo de paisanos custodiando toda esa magia. Sentados en troncos, recados, o cabezas de vacas, parecían penitentes en pleno rezo. Las espaldas arqueadas y la mirada perdida en el baile primitivo de las llamas. Alguien sin querer, sacó el tema de las fiestas del 25 Mayo, y lo demás, ya es la voz de Vale Diez:


"Ahh, la que me hizo el Guitarra ese día no tiene gollete", y se quedó en silencio, esperando que alguien picara…y picó. "¿qué pasó, don"


"Había carreras de sortijas en Las Martinetas y allá nos juimos con el Guitarra. El pueblo estaba lindamente decorado. Banderines celestes y blancos, la banda militar, los ferroviarios. Almacenes,calles y cantinas, llenas de bote a bote. Paisanos de mil lugares, con las mejores pilchas. Era una pintura ver tanto oro y plata en los aperos, brillando al sol, como los ojos de las niñas que nos saludaban al pasar"


"En las primeras arremetidas saqué tres sortijas, andaba derecho ese día. Encare la cuarta y también me la quedé…Pero ahí ocurrió lo que yo tanto temía…Es el único defecto que tiene el Guitarra: se me disparó…(se dice así cuándo uno tira las riendas para sujetaral caballo y este muerde el freno sin respetar la orden. Por lo general corren unos quinientos metros, hasta que se cansan o se llevan por delante un alambrado) Yo sabía que era de gusto tironear las riendas, así que lo dejé. ¿Ustedes han visto como se estira pa correr este animal, no? Bueno…así íbamos, en toda la juria, por la cuneta del camino que va a la par de las vías. Parece mentira lo que voy a decir, pero en la entrada de una estancia, pasamos limpito por adentro del tubo de la alcantarilla…Que susto me pegó".


"Cuando quise acordar estábamos llagando a Rocha. No va la casualidad que también había fiesta y carreras de sortijas en el pueblo.Cuando agarró la calle principal yo temí lo pior. Aquí hacemos un desastre atropellando el gentío pensé. "Guarda, guarda"….gritaba yo. La gente se dio cuenta de que esta tromba era imparable, y nos abrió paso. Ya que estaba le hice un tiro a la sortija, y también la saqué".


"Yo pensé que después de esto ya estaría cansado. Ahh ... fue pa pior, tomo más velocidad todavía,como sería que a los pocos minutos estábamos llegando a Muñoz, y también estaban defiesta patria. Cruzamos el centro del pueblo como una bola de fuego y me saqué la sortija. No quiero exagerar ni un metro, pero recién pasando Pourtale y haciendo el mismo espectáculo, lo pude sujetar. Me bajé, y con cara de enojado le pregunté: ``- ¿Porque me haces esto Guitarra?-´´ Lo que son los animales…agachó la cabeza, con vergüenza, como si entendiera lo que le había dicho".


"Y nos volvimos…por el mismo camino. Pidiendo disculpas en cada pueblo por el bochorno que habíamos causado.Y así llegamos otra vez a Martinetas, justo cuando me tocaba recibir el premio. A la tardecita ya estábamos en casa. Le di un baño y lo largué pa que descanse. Yo lo miraba mientras se revolcaba en la tierrita suelta y pensé: Veinte leguas ha corrido hoy este caballo y esta como si nada.


"No…si no gano ni pa disgusto con este Guitarra", remató Vale Diez y se quedó serio, como si hubiera contado algo de lo más normal.



 Derecho a la manga


En otra oportunidad, alguien sacó el tema de los toros bravos. Del peligro que representan cuando se empacan y no hay quien los mueva. Más de un caballo o su jinete han muerto ensartados en las aspas de estos gigantes. Esto despertó la imaginación de Vale Diez y arrancó así: "No me toquen ese tema, che. Estoycon miedo de que me echen de la estancia…Culpa de otra linda gauchada que se mandó Guitarra de Oro".


"Los patrones han comprado unos toros de alta calidad pa mejorar el rodeo. Pagaron una fortuna por ellos. Pero hay uno que es una fiera. No deja trabajar a los otros reproductores, incluso ha herido fiero a dos de ellos, no sé si van a vivir. Mi caballo había visto a los mejores paisanos intentando sacarlo del potrero, o echarlo a la manga. Nadie podía. Corta los lazos, los perros vuelan por el aire. Es lógico, medio metro de cuernos y mil kilos de músculos enloquecidos, no se pueden dominar"


"La otra semana corrió a uno de los peones. Desesperado el pobre muchacho se tuvo que meter en el rancho. Temblando de miedo. Como a las dos horas miro por la rendija de la cerradura…Les va a parecer que uno macanea, pero les juro que fue así. Del otro lado, vio el ojo inmenso del toro que lo estaba espiando. Si hubiera salido no contaba el cuento. Vengativo el bicho".


"Con estos antecedentes, ni me le acercaba cuando salía a recorrer, no vaya a ser que se ofenda y me tenga a mal traer. Yo lo había notado raro ese día a mi caballo, pero nunca pensé que iba a hacer semejante cosa. El toro estaba pastiando cerca del alambrado, que mil metros más allá, termina en la tranquera de la manga. El Guitarra se estremeció y arrancó una carrera como no lo había visto nunca. Al instante se sintió el estruendo del pecho de mialazán contra las paletasdel toro".


"El bruto se arqueó como un acordeón, y fue a dar contra el alambrado. Cuando se quiso acomodar,el Guitarra lo llevaba ponga y ponga, bien apretado contra el alambre, sin darle tiempo a pensar. La escena era impresionante, yo apenas si me podía sostener en el recado. A un lado,el toro bufaba enloquecido arrancándole astillas a los postes y varillas. Era una montaña de músculos ondulantes queriendo escaparse. Al otro lado, volaban pedazos de tierra y pasto que arrancaban las patas de mi caballo, empeñado en apretar al animal".


"Así, en una carrera brutal llegamos hasta la puerta de la manga, recién ahí el guitarra aflojó la presión pa que entrara. Todavía no puedo creer lo que vi… El toro se había gastado contra el alambrado, y cayó al suelo como una alfombra, solo quedaba el cuero. Al otro día la peonada daba vueltas y vueltas alrededor del misterio, sin entender lo que había pasado. Vi que alguno se persignaba, y no es pa menos…solo mandinga podía hacer algo así", concluyó y llevó la mirada al suelo, sugerencia incluida en el "manual del bolacero" para invitar a la reflexión.


Lo que es la casualidad


Antes que se me termine la hoja y sin entrar en detalles, les cuento una más, de otro de los grandes bolaceros de la zona: el paisano Basualdo. El hombre estaba en un baile en Muñoz, y la señorita más codiciada, (como no podía ser de otra manera), se había enamorado de él. La pista estaba llena de parejas, y ellos bailando tangos y paso dobles, con los ojos cerrados, bien abrazados, como si fueran uno solo.


Esto molestó a más de uno, hasta que alguien le puso la mano en el hombro, y lo invitó a salir. Dejó a la señorita en una mesa y le dijo "Espéreme un segundo,arreglo con este coso, y la saco de aquí como gallina robada". Todo un galán. Pero mejor dejemos que sea Basualdo el que la siga contando.


"Cuando salí del salón, el hombre me estaba esperando con el cuchillo en una mano y el poncho en la otra.No había nada que hablar, y yo que no soy manco para el fierro, nos trenzamos enseguida. Iba linda la cosa, lo sobraba en habilidad, hasta que apareció otro enamorado, y después un milico. Los iba atendiendo juntos o por separados. Ya les había hecho varios rayones, para ver si se les pasaba el enamoramiento. Pero me di cuenta que eso es imposible. Ya tenían la enfermedad sin remedio que causan los ojos de esa mujer".


"Yo no los quería matar, así que empecé a preparar la retirada. Sabiendo de éstas cosas, había dejado el caballo escondido, la cincha apretada y las riendas arriba. Monte de un salto, les tiré unos insultos y salí por el camino que va a Rocha. La noche estaba hermosa…hermosa para pasear con mi enamorada, y no para ir en toda la furia, disparándole a los milicos".


"Ustedes no saben lo es este caballo, ni soñando me alcanzaban. Pero cuando iba por la mitad del camino y solo se escuchaba el redoble de las patas castigando la huella…Me di cuenta que ¡estaba cayendo en una trampa! La policía iba a llamar a Rocha, y allá me van a estar esperando. Entonces sujeté el pingo, lo paré abajo del hilo del telégrafo, saqué el cuchillo y de un tajo lo corté".


"Yo sé que cuesta creer tanta casualidad, pero no va que en el momento que iban cayendo los cables al suelo, se escuchó clarito la voz del oficial de Muñoz diciendo: "Atrapen a Basualdo, atrapen a Basualdo"… lo que es la casualidad", remató con gesto serio mientras una parte de la paisanada abría los ojos con asombro, mientras que la otra se esmeraba en aguantar la risa.


Este hombre tenía cierta instrucción, se nota en el vocabulario. Pero confiaba en la inocencia y el desconocimiento telegráfico, al menos una parte, de su púbico.


Otras cien mentiras nacidas en la imaginación de estos paisanos quedarán para otro día. Un día cualquiera, cuando en algún ranchito se monte el viejo teatro campero y un artista de botas, puñal, y sombrero empiece a contar un cuento, para deleite de su audiencia de niños,paisanos, y de ustedes también. El telón será, como siempre, el sabor de la yerba, el aroma del asado y el humito de la leña. 

Histórico: Argentina exportará harina de soja a Ch...
SENASA estableció las fechas de la campaña de afto...

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Bolazos, macanas, historias tan atrapantes como inverosímiles. Nuestro colaborador Daniel Lecointre relata las andanzas de dos gauchos mentirosos que supieron hacer las delicias de los vecinos de San Jorge


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¿Mentirosos? La palabra que use en el título es algo incorrecta. Supongo que la mentira tiene la intención de engañar o hacer un daño, aunque a veces se hace buena y es piadosa. Pero estos paisanos usaban otra, la "mentira" humorística. Eran fabuleros, imaginativos. Poetas sin papel. Bolaceros, macaneadores, bah.


La audiencia sabía de antemano que no era verdad lo que estaban contando. Pero los escuchaban igual, por respeto ese don tan difícil, el de cautivar con un relato.


Entrará primero al escenario Vale Diez. Así le decían a este hombre. Mitad jornalero, mitad tumbeador (tumbeador es el título anterior al de croto), frecuentaba los campos de los Carreras, La Normendie y los Boudin. En el camino que va desde San Jorge a Rocha. Los hechos ocurren más o menos en la década del treinta.


Era verdad que tenía un alazán sobresaliente. Ligerito en las cuadreras y buena rienda en el trabajo. También es cierto que poseía un nombre muy bonito, "Guitarra de Oro". La imaginaciónde su dueño vio eso, en la anatomía y el color del pelo de su animal.


Lo que no era cierto, son las hazañas que realizaba el Guitarra. Siempre arrancaba los relatos con una verdad conocida por los oyentes (método típico, bien probado, del bolacero), y cuando ya los tenía atrapados, los empezaba a envolver en su trama. Las "víctimas", cerraban un ojo, o se tocaban con el codo, pero lo dejaban actuar. Por ahí, si uno pudiera leerles la mente, todo juntos estarían cantando a coro un armonioso "¡Abrile que viene mayo!", pero cualquier interrupción hubiera dejado a todos sin el jugoso relato.


Se disparó el Guitarra


Este cuento tuvo lugar en la inmensa llanura, un fogón con buena leña iba dorando la carne. La pava, reclinada sobre las brasas, calentando el agua para el vermut criollo, y un círculo de paisanos custodiando toda esa magia. Sentados en troncos, recados, o cabezas de vacas, parecían penitentes en pleno rezo. Las espaldas arqueadas y la mirada perdida en el baile primitivo de las llamas. Alguien sin querer, sacó el tema de las fiestas del 25 Mayo, y lo demás, ya es la voz de Vale Diez:


"Ahh, la que me hizo el Guitarra ese día no tiene gollete", y se quedó en silencio, esperando que alguien picara…y picó. "¿qué pasó, don"


"Había carreras de sortijas en Las Martinetas y allá nos juimos con el Guitarra. El pueblo estaba lindamente decorado. Banderines celestes y blancos, la banda militar, los ferroviarios. Almacenes,calles y cantinas, llenas de bote a bote. Paisanos de mil lugares, con las mejores pilchas. Era una pintura ver tanto oro y plata en los aperos, brillando al sol, como los ojos de las niñas que nos saludaban al pasar"


"En las primeras arremetidas saqué tres sortijas, andaba derecho ese día. Encare la cuarta y también me la quedé…Pero ahí ocurrió lo que yo tanto temía…Es el único defecto que tiene el Guitarra: se me disparó…(se dice así cuándo uno tira las riendas para sujetaral caballo y este muerde el freno sin respetar la orden. Por lo general corren unos quinientos metros, hasta que se cansan o se llevan por delante un alambrado) Yo sabía que era de gusto tironear las riendas, así que lo dejé. ¿Ustedes han visto como se estira pa correr este animal, no? Bueno…así íbamos, en toda la juria, por la cuneta del camino que va a la par de las vías. Parece mentira lo que voy a decir, pero en la entrada de una estancia, pasamos limpito por adentro del tubo de la alcantarilla…Que susto me pegó".


"Cuando quise acordar estábamos llagando a Rocha. No va la casualidad que también había fiesta y carreras de sortijas en el pueblo.Cuando agarró la calle principal yo temí lo pior. Aquí hacemos un desastre atropellando el gentío pensé. "Guarda, guarda"….gritaba yo. La gente se dio cuenta de que esta tromba era imparable, y nos abrió paso. Ya que estaba le hice un tiro a la sortija, y también la saqué".


"Yo pensé que después de esto ya estaría cansado. Ahh ... fue pa pior, tomo más velocidad todavía,como sería que a los pocos minutos estábamos llegando a Muñoz, y también estaban defiesta patria. Cruzamos el centro del pueblo como una bola de fuego y me saqué la sortija. No quiero exagerar ni un metro, pero recién pasando Pourtale y haciendo el mismo espectáculo, lo pude sujetar. Me bajé, y con cara de enojado le pregunté: ``- ¿Porque me haces esto Guitarra?-´´ Lo que son los animales…agachó la cabeza, con vergüenza, como si entendiera lo que le había dicho".


"Y nos volvimos…por el mismo camino. Pidiendo disculpas en cada pueblo por el bochorno que habíamos causado.Y así llegamos otra vez a Martinetas, justo cuando me tocaba recibir el premio. A la tardecita ya estábamos en casa. Le di un baño y lo largué pa que descanse. Yo lo miraba mientras se revolcaba en la tierrita suelta y pensé: Veinte leguas ha corrido hoy este caballo y esta como si nada.


"No…si no gano ni pa disgusto con este Guitarra", remató Vale Diez y se quedó serio, como si hubiera contado algo de lo más normal.



 Derecho a la manga


En otra oportunidad, alguien sacó el tema de los toros bravos. Del peligro que representan cuando se empacan y no hay quien los mueva. Más de un caballo o su jinete han muerto ensartados en las aspas de estos gigantes. Esto despertó la imaginación de Vale Diez y arrancó así: "No me toquen ese tema, che. Estoycon miedo de que me echen de la estancia…Culpa de otra linda gauchada que se mandó Guitarra de Oro".


"Los patrones han comprado unos toros de alta calidad pa mejorar el rodeo. Pagaron una fortuna por ellos. Pero hay uno que es una fiera. No deja trabajar a los otros reproductores, incluso ha herido fiero a dos de ellos, no sé si van a vivir. Mi caballo había visto a los mejores paisanos intentando sacarlo del potrero, o echarlo a la manga. Nadie podía. Corta los lazos, los perros vuelan por el aire. Es lógico, medio metro de cuernos y mil kilos de músculos enloquecidos, no se pueden dominar"


"La otra semana corrió a uno de los peones. Desesperado el pobre muchacho se tuvo que meter en el rancho. Temblando de miedo. Como a las dos horas miro por la rendija de la cerradura…Les va a parecer que uno macanea, pero les juro que fue así. Del otro lado, vio el ojo inmenso del toro que lo estaba espiando. Si hubiera salido no contaba el cuento. Vengativo el bicho".


"Con estos antecedentes, ni me le acercaba cuando salía a recorrer, no vaya a ser que se ofenda y me tenga a mal traer. Yo lo había notado raro ese día a mi caballo, pero nunca pensé que iba a hacer semejante cosa. El toro estaba pastiando cerca del alambrado, que mil metros más allá, termina en la tranquera de la manga. El Guitarra se estremeció y arrancó una carrera como no lo había visto nunca. Al instante se sintió el estruendo del pecho de mialazán contra las paletasdel toro".


"El bruto se arqueó como un acordeón, y fue a dar contra el alambrado. Cuando se quiso acomodar,el Guitarra lo llevaba ponga y ponga, bien apretado contra el alambre, sin darle tiempo a pensar. La escena era impresionante, yo apenas si me podía sostener en el recado. A un lado,el toro bufaba enloquecido arrancándole astillas a los postes y varillas. Era una montaña de músculos ondulantes queriendo escaparse. Al otro lado, volaban pedazos de tierra y pasto que arrancaban las patas de mi caballo, empeñado en apretar al animal".


"Así, en una carrera brutal llegamos hasta la puerta de la manga, recién ahí el guitarra aflojó la presión pa que entrara. Todavía no puedo creer lo que vi… El toro se había gastado contra el alambrado, y cayó al suelo como una alfombra, solo quedaba el cuero. Al otro día la peonada daba vueltas y vueltas alrededor del misterio, sin entender lo que había pasado. Vi que alguno se persignaba, y no es pa menos…solo mandinga podía hacer algo así", concluyó y llevó la mirada al suelo, sugerencia incluida en el "manual del bolacero" para invitar a la reflexión.


Lo que es la casualidad


Antes que se me termine la hoja y sin entrar en detalles, les cuento una más, de otro de los grandes bolaceros de la zona: el paisano Basualdo. El hombre estaba en un baile en Muñoz, y la señorita más codiciada, (como no podía ser de otra manera), se había enamorado de él. La pista estaba llena de parejas, y ellos bailando tangos y paso dobles, con los ojos cerrados, bien abrazados, como si fueran uno solo.


Esto molestó a más de uno, hasta que alguien le puso la mano en el hombro, y lo invitó a salir. Dejó a la señorita en una mesa y le dijo "Espéreme un segundo,arreglo con este coso, y la saco de aquí como gallina robada". Todo un galán. Pero mejor dejemos que sea Basualdo el que la siga contando.


"Cuando salí del salón, el hombre me estaba esperando con el cuchillo en una mano y el poncho en la otra.No había nada que hablar, y yo que no soy manco para el fierro, nos trenzamos enseguida. Iba linda la cosa, lo sobraba en habilidad, hasta que apareció otro enamorado, y después un milico. Los iba atendiendo juntos o por separados. Ya les había hecho varios rayones, para ver si se les pasaba el enamoramiento. Pero me di cuenta que eso es imposible. Ya tenían la enfermedad sin remedio que causan los ojos de esa mujer".


"Yo no los quería matar, así que empecé a preparar la retirada. Sabiendo de éstas cosas, había dejado el caballo escondido, la cincha apretada y las riendas arriba. Monte de un salto, les tiré unos insultos y salí por el camino que va a Rocha. La noche estaba hermosa…hermosa para pasear con mi enamorada, y no para ir en toda la furia, disparándole a los milicos".


"Ustedes no saben lo es este caballo, ni soñando me alcanzaban. Pero cuando iba por la mitad del camino y solo se escuchaba el redoble de las patas castigando la huella…Me di cuenta que ¡estaba cayendo en una trampa! La policía iba a llamar a Rocha, y allá me van a estar esperando. Entonces sujeté el pingo, lo paré abajo del hilo del telégrafo, saqué el cuchillo y de un tajo lo corté".


"Yo sé que cuesta creer tanta casualidad, pero no va que en el momento que iban cayendo los cables al suelo, se escuchó clarito la voz del oficial de Muñoz diciendo: "Atrapen a Basualdo, atrapen a Basualdo"… lo que es la casualidad", remató con gesto serio mientras una parte de la paisanada abría los ojos con asombro, mientras que la otra se esmeraba en aguantar la risa.


Este hombre tenía cierta instrucción, se nota en el vocabulario. Pero confiaba en la inocencia y el desconocimiento telegráfico, al menos una parte, de su púbico.


Otras cien mentiras nacidas en la imaginación de estos paisanos quedarán para otro día. Un día cualquiera, cuando en algún ranchito se monte el viejo teatro campero y un artista de botas, puñal, y sombrero empiece a contar un cuento, para deleite de su audiencia de niños,paisanos, y de ustedes también. El telón será, como siempre, el sabor de la yerba, el aroma del asado y el humito de la leña. 

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