El veterinario Augusto Nascimbene, integrante del staff técnico de Laboratorio Agropharma, fue uno de los disertantes de la cuarta edición de La Ganadería que Viene. Durante su presentación explicó cómo el manejo del anestro y la concentración de celos pueden mejorar significativamente la eficiencia reproductiva, aumentar la cantidad de terneros destetados y potenciar la rentabilidad de los sistemas de cría.

En un contexto donde la rentabilidad de las empresas ganaderas depende cada vez más de la eficiencia productiva, la reproducción vuelve a ocupar un lugar central dentro de las estrategias de manejo. Bajo esa premisa, el médico veterinario Augusto Nascimbene, integrante del staff técnico de Laboratorio Agropharma, participó como disertante de la cuarta edición de La Ganadería que Viene, donde abordó una temática clave para los rodeos de cría: la concentración de celos y su impacto sobre la productividad.
Durante su exposición, Nascimbene sostuvo que la ganadería actual exige dejar atrás objetivos exclusivamente reproductivos para enfocarse en indicadores productivos concretos. “Ya no alcanza con lograr un ternero por vaca por año. Lo importante es que esas vacas se preñen temprano para producir más kilos de ternero destetado por hectárea”, explicó.
Según detalló, las vacas que paren al inicio de la temporada tienen mayores posibilidades de volver a preñarse rápidamente, mientras que aquellas que paren tarde ingresan al siguiente servicio con menos días posparto y menores chances de retomar la actividad reproductiva. Esto genera un círculo que termina afectando la cantidad y el peso de los terneros obtenidos.
Uno de los principales obstáculos para alcanzar altos índices reproductivos es el anestro posparto, es decir, la ausencia de ciclicidad luego del parto. Nascimbene señaló que diversos estudios muestran que entre los 60 y 90 días posparto cerca del 80% de las vacas pueden encontrarse en anestro al inicio del servicio, reduciendo considerablemente las posibilidades de preñez temprana.
Las consecuencias económicas son significativas. El especialista indicó que un retraso de apenas 21 días en la concepción puede representar pérdidas de entre 20 y 35 dólares por vaca, mientras que un anestro prolongado puede generar menos terneros destetados y menores pesos al momento del destete. Incluso, mencionó que sobre un rodeo de 100 vacas, un retraso promedio de 30 días en la preñez puede traducirse en la pérdida de tres terneros por año y destetes entre 15 y 25 kilos más livianos.
Frente a este escenario, el veterinario destacó el papel de las biotecnologías reproductivas para acortar los períodos de anestro y concentrar los celos al inicio del servicio. Estas herramientas permiten incrementar la cantidad de vacas ciclando, mejorar las tasas de preñez temprana y lograr una distribución más concentrada de las pariciones.
“Lo que buscamos es tener más vacas preñadas cabeza de parición. Cada ciclo reproductivo que se pierde significa entre 20 y 40 kilos menos de ternero al destete”, remarcó.
A lo largo de la charla presentó resultados obtenidos en distintos establecimientos ganaderos de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Salta, donde la aplicación de protocolos de inducción de ciclicidad permitió aumentar la cantidad de hembras ciclando, mejorar los porcentajes de preñez y reducir las pérdidas gestacionales. En varios casos, las mejoras oscilaron entre 10 y 15 puntos porcentuales respecto de los rodeos que no recibieron tratamiento.
Nascimbene también destacó que la concentración de las pariciones genera rodeos más uniformes y terneros más pesados al destete, impactando directamente sobre los ingresos de la empresa ganadera. En ese sentido, mostró simulaciones donde la combinación de mayores porcentajes de destete y mayores pesos finales puede prácticamente duplicar la producción de kilos de ternero por hectárea.
Como mensaje final, el profesional subrayó que existen herramientas accesibles para mejorar la eficiencia reproductiva y que la clave está en planificar con anticipación. “Se pueden hacer cosas simples, que no requieren grandes inversiones. El desafío es trabajar para lograr más vacas preñadas temprano y transformar esa mejora reproductiva en más kilos de carne y más rentabilidad para el productor”, concluyó.