Menos faena, más retención y señales de un nuevo ciclo ganadero

La caída de la faena vacuna registrada en enero confirmó una tendencia que se arrastra desde mediados de 2025. Con menos animales enviados a frigorífico, mayor retención en los campos y un consumo interno en baja, el mercado ganadero empieza a reacomodarse en el inicio de 2026.

Los números de enero dejaron una señal clara para el mercado ganadero: la faena vacuna volvió a caer y el consumo interno dio otro paso hacia atrás. Lejos de ser un dato aislado, la baja confirma un proceso que se viene consolidando desde agosto del año pasado, impulsado por decisiones productivas, mejores condiciones forrajeras y un escenario de precios que permite al productor manejar otros tiempos.

Durante enero, los productores solicitaron autorización al Senasa para enviar a faena 1,065 millón de cabezas, un volumen 9% inferior al registrado en el mismo mes de 2025. La caída no sorprendió a los analistas: desde agosto del año pasado la faena viene retrocediendo a un ritmo similar mes tras mes, configurando una tendencia que ya no puede considerarse coyuntural.

Con un peso promedio de res cercano a los 231 kilos, la producción de carne del mes se estimó en unas 246.000 toneladas. De ese total, alrededor de 66.000 toneladas fueron certificadas para exportación, lo que dejó unas 180.000 toneladas disponibles para el mercado interno. Ese menor volumen se reflejó rápidamente en el consumo, que cayó a 46,5 kilos por habitante, un 2% menos que el promedio de diciembre y del conjunto de 2025, cuando superaba los 49 kilos per cápita.

La menor cantidad de animales faenados fue parcialmente compensada por un incremento en los kilos por res, una señal clara del cambio de estrategia en los campos. La clave ya no pasa por vender más rápido, sino por alargar los ciclos de engorde y capturar mayor peso por animal.

El telón de fondo explica buena parte del fenómeno. Las lluvias mejoraron la oferta forrajera en muchas regiones y, al mismo tiempo, la relación maíz/carne se volvió favorable, incentivando los encierres y la permanencia de la hacienda tanto en campos como en corrales. En ese contexto, la urgencia por vender se diluyó y la retención volvió a ganar protagonismo.

Este comportamiento tendrá consecuencias en el corto plazo. Los analistas coinciden en que durante el primer cuatrimestre del año la oferta de hacienda seguirá siendo limitada, con menos animales disponibles para faena. Más adelante podría aparecer mayor volumen, pero con animales más pesados, lo que no alcanzaría para compensar la caída en cantidad de cabezas.

Las proyecciones ya hablan de una merma cercana al millón de animales en el total anual, equivalente a una baja del orden del 7% en la faena. Un ajuste que comenzó a confirmarse en enero y que marcará buena parte del pulso del mercado ganadero en 2026, con impacto directo en los precios, el consumo y el equilibrio entre exportación y mercado interno.

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