¿Por qué cada vez hay menos tambos y por qué el Holando volvió a faltar en Palermo?

Tomás Bonfiglio, joven productor tambero y una de las nuevas voces del agro en redes, tomó una conversación con Leonardo García -jurado Holando en Palermo 2025 y referente de una vida dedicada a la lechería-— como punto de partida para plantear dos preguntas que exceden a la exposición: ¿por qué desaparecen los tambos argentinos y qué habría que cambiar para que el Holando vuelva a Palermo?

Con apenas 21 años, Tomás Bonfiglio forma parte de una nueva generación de productores que decidió quedarse en el campo y, al mismo tiempo, contar en redes sociales lo que pasa puertas adentro de la actividad agropecuaria. Productor tambero, vinculado desde chico a la lechería y con una creciente presencia en redes, Tomás utiliza esas plataformas para poner sobre la mesa debates que muchas veces quedan puertas adentro del sector.

Esta vez, tomó como punto de partida una conversación con Leonardo García, jurado de la raza Holando en Palermo 2025 y protagonista de una vida ligada al tambo, para intentar entender una situación que excede a la pista de exposiciones: cada vez hay menos tambos y, mientras el Holando volvió a Palermo después de cinco años de ausencia, en 2026 la raza volvió a quedar afuera.

Desde su mirada como joven productor, Bonfiglio plantea los problemas que enfrenta la actividad —el recambio generacional, los costos, la concentración y la falta de incentivos— y abre una discusión que mira mucho más allá de Palermo: qué lechería quiere construir la Argentina para los próximos años y qué condiciones hacen falta para que los jóvenes sigan eligiendo el tambo.>

Después de la ausencia del Holando en Palermo 2026, la pregunta es inevitable: ¿qué está pasando con la lechería argentina?

Tomás Bonfiglio: Yo creo que hay que hacerse una pregunta mucho más grande: ¿por qué cada vez tenemos menos tambos? Y para mí hay varias respuestas.

Hace poco hablé con Leonardo García, que para mí es un referente y una inspiración. Leo tiene una historia increíble: llegó a la Argentina a los 18 años con un bolso y el mate bajo el brazo, dedicó toda su vida al tambo y el año pasado tuvo el honor de ser el jurado del Holando en Palermo. Lo que me contó me hizo pensar mucho sobre lo que está pasando.

¿Por qué se cierran los tambos?

TB: Primero, por el cambio generacional. Los costos son cada vez más altos y hoy hay que ser mucho más eficiente. Los tambos grandes pueden crecer porque tienen escala y pueden incorporar tecnología, pero cuando en un tambo chico no aparece una nueva generación que quiera continuar, muchas veces termina cerrando.

Yo tengo 21 años y estoy viviendo ese recambio generacional. Sé lo que significa elegir quedarse en el campo. Pero también entiendo que no todos los jóvenes quieren hacerlo.

¿La actividad también está cambiando geográficamente?

TB: Sí. Leo me planteaba que la lechería se está corriendo cada vez más hacia el oeste. En los próximos cuatro o cinco años, según su visión, una parte muy importante de la lechería argentina podría estar concentrada allí, porque hay campos más grandes y otras condiciones productivas.

Eso también explica parte de lo que está pasando con algunas cuencas tradicionales de Buenos Aires.

¿Y por qué volvió a faltar el Holando en Palermo?

TB: Acá aparece un problema concreto: los costos.

Llevar una vaca a Palermo puede costar entre 2 y 3 millones de pesos por animal, contando preparación, alimentación, traslado, hotel y comida del personal. Y solamente la inscripción ronda los $500.000 por animal.

Entonces hay que preguntarse: ¿qué recibe el cabañero a cambio? Las razas carniceras tienen la posibilidad de vender reproductores y recuperar parte de esa inversión. En el caso del Holando, hoy esa posibilidad no existe de la misma manera.

Leonardo García, el año pasado en Palermo

¿Entonces hay que sacar al Holando de Palermo?

TB: Todo lo contrario. Hay que lograr que vuelva.

Palermo tiene una difusión enorme y es una oportunidad para que la gente de la ciudad conozca qué hay detrás de la leche y de una vaca lechera.

Pero para que vuelva hay que bajar los costos. Por ejemplo, Leo plantea que las razas lecheras podrían participar durante la última semana de la exposición y no permanecer tantos días en Buenos Aires.

También debería existir una forma de que una industria retire la leche producida durante esos días y se la pague al cabañero.

¿Quiénes deberían involucrarse?

TB: Todos los que forman parte de la cadena: industrias lácteas, empresas de alimentación, genética, insumos. Si todos queremos que haya una lechería fuerte en el futuro, también tenemos que ayudar a que los cabañeros puedan mostrar sus animales.

Incluso debería revisarse la posibilidad de que puedan conseguir sponsors y visibilizar a esas empresas.

¿Cuál sería entonces el mensaje?

TB: Que esto no es solamente una discusión sobre Palermo. Es una discusión sobre qué lechería queremos tener dentro de diez años.

Si queremos que haya jóvenes que sigamos en el campo, que los tambos chicos tengan posibilidades y que el Holando vuelva a Palermo, tenemos que hacer que la actividad sea viable.

Y como me dijo Leo: “Si bajan los costos, las vacas lecheras van a volver”.

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