Se los acusa por roturas de silo bolsas y pérdidas en los lotes. Se los persigue, se los señala, se los convierte en problema. Pero para la ciencia, los armadillos podrían estar contando otra historia: la de un paisaje que cambió más rápido que sus habitantes. Para entender ese equilibrio cada vez más tenso entre producción y fauna silvestre, dialogamos con el Dr. Agustín M. Abba, biólogo e investigador del CONICET en el CEPAVE (UNLP), uno de los mayores especialistas en armadillos del país.

Mulita Dasypus septemcinctus Author Enrique Gonzalez
En el paisaje rural de la provincia de Buenos Aires y el centro de Argentina, ver un peludo cruzar un camino o una mulita refugiarse entre los pastos es una imagen cotidiana. Sin embargo, bajo esa coraza se esconde una realidad biológica diversa que a menudo choca con la actividad agropecuaria. El conflicto por las roturas en los silos bolsa ha puesto a estos animales bajo la lupa, pero ¿son realmente una plaga o simplemente un síntoma de un ecosistema transformado?

Agustín M. Abba, biólogo e investigador del CONICET en el CEPAVE (UNLP), uno de los mayores especialistas en armadillos del país.
No todos son iguales
Uno de los errores más frecuentes -advierte Abba- es meterlos a todos en la misma bolsa.
En la provincia de Buenos Aires conviven seis especies distintas de armadillos, pertenecientes a dos familias diferentes (Dasypodidae y Chlamyphoridae), con historias evolutivas y respuestas ecológicas muy distintas.
Pero en el conflicto productivo hay un protagonista claro: el peludo (Chaetophractus villosus).
Robusto, adaptable y oportunista, es el gran “ganador” de la agriculturización. Puede alcanzar los 5 kilos y encontró en la siembra directa, los rastrojos y los ambientes intervenidos un escenario favorable para expandirse.
En cambio, la mulita pampeana (Dasypus hybridus) representa el reverso de esa historia. Más pequeña, dependiente del pastizal natural y con una dieta fuertemente basada en hormigas, no logró adaptarse con la misma eficacia a la transformación del hábitat.
“Es un bicho de pastizales nativos. La agriculturización redujo mucho su ambiente”, explica Abba.
Ahí aparece el primer dato clave: no todos avanzan. Algunos retroceden.

Las seis especies distintas de armadillos de la provincia de Buenos Aires (fotos tomadas de Abba et al. 2019. Ciencia Hoy 28: 54-59)
Las seis especies distintas de armadillos de la provincia de Buenos Aires
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El Peludo (Chaetophractus villosus): El más robusto (hasta 5 kg) y adaptable. Es el «ganador» de la agriculturización.
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La Mulita Pampeana (Dasypus septemcinctus): La «mulita de siempre». No supera los 2 kg, es casi lampiña y depende de pastizales naturales. Tiene una reproducción asombrosa llamada poliembrionía específica: «Siempre tienen partos múltiples de gemelos idénticos… puede llegar a tener 12 crías».
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La Mulita de nueve bandas (Dasypus novemcinctus): Especie hermana de la pampeana que ingresó desde el norte hace apenas 25 años y se encuentra principalmente en el Delta y el norte bonaerense.
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El Piche Llorón (Chaetophractus vellerosus): Más pequeño que el peludo (900g). Abba advierte que su población en el este (Bahía de Samborombón y alrededores) está categorizada como «En Peligro» debido a la minería de conchilla.
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El Piche Patagónico (Zaedyus pichiy): Típico del monte y la Patagonia, presente en el oeste y sur provincial.
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El Pichiciego Menor (Chlamyphorus truncatus): Una joya biológica de 120 gramos, extremadamente rara y difícil de estudiar. Solo presente en el sur de Buenos Aires, asociado a los suelos sueltos y arenosos.

Mulita Dasypus septemcinctus
El conflicto del silo bolsa: ¿ataque o consecuencia?
Las roturas de silo bolsas instalaron el debate en el campo. ¿Son responsables directos? ¿Buscan alimento?
Abba es claro: «no buscan el silo, se lo encuentran. Son omnívoros y no suelen romper el silo como estrategia principal de alimentación, los peludos exploran con el olfato y las garras. Si encuentran un objeto extraño, lo inspeccionan. Si hay roedores debajo, por allí los siguen. Si el terreno facilita una cueva, excavan. La rotura suele ser una consecuencia indirecta de ese comportamiento.»
Una vez abierto el plástico, pueden aprovechar el grano. Pero no es su motivación primaria.
El problema, según el investigador, no es sólo biológico sino territorial.
“El control individual es inapropiado y está prohibido . Se eliminan animales en un campo y a los pocos días llegan otros desde los alrededores. No es una plaga declarada ni un problema aislado.”
Es decir: no se trata de individuos sueltos, sino de una dinámica poblacional favorecida por el sistema productivo.
«Lejos de plantear un dilema binario entre producir o conservar, los estudios desarrollados por Abba, Zufiaurre y Bilenca proponen manejo integrado (ver Visión Rural XXVII (136):26-31) .»

Mulita Dasypus septemcinctus Author Damián Ganime
Agriculturización y ganadores del nuevo paisaje
El avance agrícola, la simplificación del paisaje y la reducción del pastizal natural generaron un nuevo escenario ecológico.
Algunas especies, como el peludo (Chaetophractus villosus), aumentaron su abundancia hasta niveles que generan conflicto. Otras, como la mulita pampeana (Dasypus septemcinctus) o el piche llorón (Chaetophractus vellerosus), cuya población del este bonaerense está categorizada como En Peligro, quedaron relegadas o fragmentadas.
Aquí el concepto de “termómetro del paisaje” cobra sentido.
La presencia masiva de ciertas especies y el retroceso de otras no es casualidad. Refleja qué tipo de ambiente estamos construyendo.
En este punto, el trabajo de la Alianza del Pastizal aporta otra dimensión: la conservación productiva. Se trata de una iniciativa liderada por BirdLife International e implementada en Argentina por Aves Argentinas, que nuclea a productores, técnicos y asesores comprometidos con una producción sostenible.

Pablo Grilli, Coordinador del Programa Pastizales de Aves Argentinas y asesor de la Alianza del Pastizal
El Dr. Pablo Grilli, Coordinador del Programa Pastizales de Aves Argentinas y asesor de la Alianza del Pastizal, sostiene que el pastizal natural no puede pensarse únicamente como soporte forrajero.
“El pastizal es mucho más que el recurso para engordar animales. Es una trama ecológica singular y frágil, que funciona con una lógica natural previa a nuestras matrices productivas”, señala.
Desde esa mirada, la ganadería sobre campo natural puede transformarse en aliada de la biodiversidad. Existen establecimientos donde la mulita pampeana o el piche llorón conviven con rodeos en producción, porque el manejo mantiene la estructura del ambiente.
“Estos armadillos amenazados tienen todo el derecho de seguir en las pampas, entre nosotros”, afirma Grilli. Y plantea un desafío que trasciende las áreas protegidas: que sus poblaciones puedan sostenerse también en campos productivos.
En paralelo, Abba advierte sobre los impactos indirectos del modelo agrícola. “Las fumigaciones no afectan directamente al armadillo, pero sí a lo que come”, explica, en referencia a la fuerte dependencia de hormigas en la dieta de la mulita.

Peludo Chaetophractus villosus Author Damián Ganime
Convivir: estrategias con base científica
Lejos de plantear un dilema binario entre producir o conservar, los estudios desarrollados por Abba, Zufiaurre y Bilenca proponen manejo integrado.
Algunas medidas concretas:
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Disponer los silo bolsas en fila, evitando configuraciones en paralelo que generan corredores de refugio.
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Mantener higiene en el perímetro para reducir la presencia de roedores.
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Utilizar barreras físicas en zonas de alta densidad.
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Planificar el emplazamiento en función del entorno.
No se trata de erradicar, sino de gestionar.

Peludo Chaetophractus villosus Author Sebastian Preisz
Un cambio de mirada
Los armadillos no aparecieron de la nada. Tampoco son invasores recientes. Son habitantes históricos del territorio que hoy interactúan con un sistema productivo profundamente transformado.
“Todos los armadillos están afectados por las actividades humanas”, resume Abba.
La pregunta, entonces, deja de ser si son una plaga.
Y pasa a ser otra: ¿qué nos está diciendo su presencia sobre el paisaje que estamos construyendo?
Entender esa señal puede ser el primer paso para reducir conflictos, mejorar el manejo y sostener una producción que conviva con la biodiversidad en lugar de enfrentarla.

Á»Áreas de distribución de las seis especies de armadillos actuales de la provincia de Buenos Aires (mapas tomados de Abba et al. 2019. Ciencia Hoy 28: 54-59 y dibujos modificados de Díaz y Barquez 2002).. De izquierda a derecha, arriba, peludo ( Chaetophractus villosus ), piche llorón ( Chaetophractus vellerosus ) y mulita pampeana ( Dasypus septemcinctus ); abajo, piche patagónico ( Zaedyus pichiy ), pichiciego menor ( Chlamyphorus truncatus ) y mulita de nueve bandas ( Dasypus novemcinctus ).Figura L Morote y AM Abba. Infografia tomada de Abba et al. 2019. Ciencia Hoy 28: 54-59)

Piche llorón. Foto Pablo Grilli

Mulita pampeana. Foto Daniel Acosta

Piche patagónico. Foto Alain Gourichon

Mulita de nueve bandas. Foto Belén Etchegaray

Pichiciego menor. Foto Mariella Superina