En La Ganadería que Viene 2026, el reconocido investigador del INTA Aníbal Pordomingo profundizó sobre el concepto de eficiencia desde una mirada integral. Explicó cómo el rendimiento carnicero, la calidad de la res y herramientas como el consumo residual (RFI) comienzan a redefinir los criterios de selección y producción en la ganadería argentina. Mirá el video completo en esta nota

La eficiencia ya no puede medirse únicamente por los kilos producidos o por la conversión alimenticia. Ese fue el eje de la exposición de Aníbal Pordomingo uno de los principales referentes argentinos en nutrición y producción de carne bovina, quien participó de la cuarta edición de La Ganadería que Viene invitado por Productores de Limangus Argentinos (Proliar).
Bajo el título «La eficiencia de conversión a carne desde la genética. Tiempos de RFI y rendimiento carnicero», el especialista propuso una mirada que va más allá de la tradicional relación entre alimento consumido y ganancia de peso, incorporando variables que hoy comienzan a tener cada vez mayor peso en toda la cadena: el rendimiento de la res, la cantidad efectiva de carne comercializable y los atributos de calidad que demanda el mercado.
Del kilo vivo al kilo de carne
Uno de los conceptos centrales de la presentación fue que el negocio comienza a mirar cada vez más allá del peso vivo del animal.
Pordomingo explicó que producir más kilos ya no alcanza si esos kilos no se traducen en una mayor cantidad de carne comercializable.
«El sector está mirando más allá del peso vivo», señaló al presentar distintos trabajos donde se evaluó el rendimiento carnicero completo de los animales y la cantidad efectiva de carne obtenida luego de la despostada.
En algunos de esos ensayos, determinados animales alcanzaron rendimientos cercanos al 82% de carne comercial, un resultado que muestra el enorme potencial que existe para seguir mejorando la eficiencia económica sin necesidad de incrementar el tamaño de los rodeos.
Más músculo, no necesariamente animales más grandes
El investigador remarcó que todavía existe un importante margen para aumentar la producción de carne trabajando sobre características como la musculatura.
En ese sentido destacó el valor de indicadores como el área de ojo de bife, cuya relación con el rendimiento carnicero permite anticipar el potencial de producción de cortes de mayor valor.
Según explicó, incluso dentro de una misma raza existe una enorme variabilidad genética que abre oportunidades para producir más carne sin modificar significativamente el tamaño adulto de los animales.
La calidad también entra en la ecuación
Pordomingo sostuvo que la eficiencia no debe analizarse únicamente desde la cantidad de carne producida.
Los mercados, especialmente los internacionales, incorporan cada vez con mayor fuerza atributos vinculados a la calidad, como el marmoreo, que permiten acceder a segmentos de mayor valor.
Durante la exposición mostró ejemplos obtenidos en distintos sistemas productivos donde fue posible alcanzar niveles de marmoreo comparables con los exigidos por programas premium sin generar excesos de grasa de cobertura.
El RFI como herramienta genética
Uno de los capítulos finales de la conferencia estuvo dedicado al Consumo Residual de Alimento (RFI), una herramienta sobre la que Pordomingo viene investigando desde hace varios años y que ya había anticipado como uno de los temas centrales de su presentación.
El especialista recordó que este indicador permite identificar animales capaces de consumir menos alimento para lograr el mismo desempeño productivo, convirtiéndose en una herramienta de selección genética de enorme interés para los sistemas de producción.
A diferencia de seleccionar únicamente por conversión alimenticia, el RFI permite mejorar la eficiencia sin modificar otros atributos como el tamaño adulto, la velocidad de crecimiento o el biotipo de los animales.
Una ganadería que mira el valor final
Como cierre de su presentación, Pordomingo dejó planteado un cambio de paradigma que comienza a instalarse en la producción bovina.
La discusión ya no pasa solamente por producir más kilos por animal, sino por generar más carne útil, de mejor calidad y con mayor valor comercial.
Una visión que integra genética, nutrición, rendimiento carnicero y eficiencia productiva, y que representa uno de los grandes desafíos para la ganadería argentina de los próximos años.