«En ganadería, el verdadero debate no pasa por cuánto cuesta prevenir, sino por dimensionar el costo de no hacerlo»

Fernando Matticoli, Director Comercial de Laboratorio CDV, analizó el impacto económico de las enfermedades en los rodeos y advirtió que la intervención tardía atenta contra la rentabilidad

En un escenario ganadero atravesado por la variabilidad climática y exigencias de mercado cada vez más estrictas, la eficiencia del sistema productivo depende fuertemente de la planificación sanitaria. En entrevista exclusiva con ZonaCampo, Fernando Matticoli, Director Comercial del Laboratorio CDV, detalló las claves para comprender la sanidad como una decisión estratégica de gestión y advirtió sobre las pérdidas invisibles que genera llegar tarde a la prevención en el campo.

«Las enfermedades provocan más del 20% de las pérdidas en la producción mundial»

Al analizar los números que afectan los márgenes de los establecimientos, Matticoli fue contundente:

«En la producción ganadera existen costos que se reflejan de manera inmediata en los indicadores económicos y otros que permanecen ocultos hasta que comprometen la rentabilidad del sistema. Entre estos últimos, uno de los más relevantes es el de intervenir cuando el problema sanitario ya se ha instalado».

En ese sentido, citó datos clave de organismos internacionales:

«Según la Organización Mundial de Sanidad Animal (WOAH), las enfermedades animales provocan más del 20% de las pérdidas de la producción animal mundial. Esta realidad demuestra que la prevención no constituye un costo, sino una de las inversiones más rentables para cualquier sistema productivo», remarcó el ejecutivo.

«El mayor costo suele ser el tiempo perdido entre la aparición del problema y su detección»

Consultado sobre el impacto real de un brote sanitario en el lote, el Director Comercial de CDV explicó que el daño económico trasciende ampliamente la compra de medicamentos:

«Un brote sanitario trasciende ampliamente el costo del tratamiento. Afecta la eficiencia productiva, deteriora los índices reproductivos, reduce las ganancias de peso, incrementa los requerimientos operativos, altera la planificación del establecimiento y, en muchos casos, limita el acceso a determinados mercados».

Asimismo, puso el foco en el recurso más valioso y crítico de la empresa agropecuaria:

«Sin embargo, el mayor costo suele ser menos visible: el tiempo perdido entre la aparición del problema y su detección, un recurso irrecuperable que condiciona la capacidad de respuesta y amplifica las consecuencias».

«La prevención protege el valor de todas las inversiones en genética, nutrición e infraestructura»

Para Matticoli, el enfoque sanitario no debe aplicarse como un ‘apagafuegos’:

«La prevención debe entenderse como una decisión estratégica de gestión y no como un costo operativo. Diseñar e implementar programas sanitarios junto al médico veterinario permite reducir riesgos, mejorar la productividad, proteger las inversiones realizadas y aportar previsibilidad a una actividad donde cada variable influye sobre el resultado final».

En relación al paquete tecnológico del establecimiento, destacó:

«Existe una dimensión que suele subestimarse: la prevención protege el valor de todas las inversiones realizadas en genética, nutrición, infraestructura y manejo. Ninguno de esos avances alcanza su máximo potencial si la sanidad no acompaña el proceso productivo con la misma consistencia. La eficiencia de un sistema es el resultado de la interacción de todos sus componentes».

«Anticiparse deja de ser una ventaja para convertirse en una condición indispensable»

De cara al futuro del sector y a las exigencias de sostenibilidad y trazabilidad en los mercados internacionales, Matticoli reafirmó la importancia del diagnóstico y la visión integral:

«En CDV impulsamos una visión alineada con el concepto de Una Sola Salud (One Health), que reconoce la interdependencia entre la salud animal, la salud humana y el ambiente. Prevenir no solo mejora los indicadores productivos, refuerza la seguridad alimentaria, promueve un uso más eficiente de los recursos y contribuye al desarrollo sostenible de toda la actividad ganadera».

Finalmente, dejó una reflexión central para la toma de decisiones en la empresa ganadera:

«La innovación, el diagnóstico y la investigación sólo generan valor cuando se traducen en decisiones concretas. La historia sanitaria argentina ofrece ejemplos contundentes, como el brote de aftosa de 2001. En un contexto donde la competitividad depende cada vez más de la capacidad de anticipación, invertir en prevención constituye una de las decisiones de gestión con mayor retorno».

 

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