A partir del 3 de agosto de 2026 comenzará una nueva etapa en la implementación de la identificación electrónica bovina en la Argentina. Si bien la obligatoriedad de identificar electrónicamente a los terneros nacidos desde el 1° de enero de 2026 ya estaba vigente, desde esa fecha el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) pondrá en funcionamiento los controles automáticos en el Sistema Integrado de Gestión de Sanidad Animal (SIGSA) para validar los movimientos de hacienda.
La medida, establecida por la Resolución 841/2025, implica que antes de emitir un Documento de Tránsito Electrónico (DT-e) deberán estar registrados en el SIGSA los dispositivos electrónicos colocados a los animales. Además, al momento de cerrar el DT-e en el establecimiento de destino será obligatorio declarar el 100% de las caravanas electrónicas de los terneros y terneras recibidos.
En la práctica, el cambio más importante no está solamente en la colocación del chip RFID, sino en la validación informática de toda la información. El sistema verificará automáticamente que los dispositivos electrónicos declarados coincidan con los registrados en el establecimiento de origen antes de autorizar el movimiento.
Si durante el proceso existen inconsistencias, faltan dispositivos registrados o no puede validarse la identificación electrónica, el movimiento no podrá cerrarse correctamente hasta regularizar la situación. Por eso, SENASA recomienda que los productores revisen previamente el stock de caravanas electrónicas declarado en SIGSA y comprueben el correcto funcionamiento de los lectores electrónicos utilizados en la manga.
«Es una herramienta que agregará valor a toda la cadena»
Para Pablo I. Grahmann, contador público y vicepresidente de la Cámara Argentina de Feedlot, la entrada en vigencia de estos controles no representa una sorpresa para el sector.
«Es una medida que SENASA viene anunciando desde el año pasado. Su implementación se postergó y los productores tuvimos tiempo para adaptar nuestros sistemas y empezar a entender la metodología», señaló.
El dirigente considera que el verdadero impacto de la identificación electrónica va mucho más allá del cumplimiento de una exigencia administrativa.
«Si hoy queremos hablar de calidad de carne, de mercados de alto valor y de diferenciar producciones, este es el camino. La correcta trazabilidad permitirá conocer el historial completo de cada animal, desde dónde nació y cómo fue criado hasta los establecimientos por los que pasó. Esa información será clave para responder a las exigencias de mercados como el europeo.»
Grahmann destacó además que el sistema permitirá generar información útil para toda la cadena.
«Quienes compramos hacienda podremos analizar el comportamiento de los animales según su origen, reconocer a los productores que invierten en genética y sanidad y diferenciar aquellos rodeos que ofrecen mejores resultados. Es una herramienta que ayudará a agregar valor a la producción.»
Otro de los beneficios que mencionó está relacionado con la sanidad y la eficiencia productiva.
«La identificación individual permitirá evitar vacunaciones innecesarias contra la fiebre aftosa en categorías que ya no las requieren, reduciendo movimientos, estrés y pérdidas de peso. Cada vez que un animal debe pasar por la manga pierde kilos y eficiencia. Multiplicado por millones de cabezas, el impacto económico para la ganadería es muy importante.»
El vicepresidente de la Cámara Argentina de Feedlot también remarcó que la trazabilidad electrónica abrirá la puerta a sistemas de producción diferenciados y certificaciones cada vez más demandadas por los consumidores y los mercados internacionales.
«Va a permitir segregar producciones, certificar animales 100% pastoriles y permitirnos a los feedloteros poner en agenda regresar a los promotores de crecimiento los cuales presentan para la producción una mejora necesaria y sustancial para el negocio. Al principio habrá un proceso de adaptación, pero en el futuro será una herramienta muy valiosa para mejorar la competitividad de la carne argentina» cerró.
En las ferias advierten sobre los desafíos operativos
Más allá de las ventajas que ofrece la identificación electrónica, quienes trabajan diariamente en los remates feria señalan que la implementación traerá importantes desafíos operativos, especialmente por el gran volumen de animales que se comercializan en cada jornada.
Para Gabriela Iturrioz, de la consignataria Néstor Hugo Fuentes S.A., el principal punto de atención pasa por la operatoria de recepción de la hacienda y el control de los dispositivos electrónicos.
«Cuando SENASA emitió esta medida no generó la obligatoriedad para el productor de cría de hacer este proceso. En nuestro caso, cuando la hacienda llega a un remate feria, la responsabilidad recae sobre el consignatario.»
Según explicó, llevar adelante un control individual de cada animal resulta prácticamente inviable en remates de gran escala.
«Desde un punto de vista práctico es imposible volver a pasar por la manga los 2.500 o 3.000 animales que podemos tener en un remate. Por eso hacemos una selección de qué clientes controlamos y cuáles no, según el conocimiento que tenemos de cada productor.»
Por ese motivo, la firma decidió incorporar un procedimiento adicional.
«A partir de este remate ya les estamos pidiendo a los compradores que dentro de las 48 o 72 horas controlen las caravanas electrónicas de los animales que reciben.»
Iturrioz aseguró que durante los primeros meses de implementación aparecieron distintos inconvenientes que complican la trazabilidad.
«Muchas veces el productor coloca mal el chip porque utiliza incorrectamente la pinza y el dispositivo se cae, quedando solamente la tarjeta visual. Otras veces las caravanas quedan invertidas entre machos y hembras, o directamente nos informan números equivocados.»
También señaló que existen errores administrativos que terminan generando diferencias entre la información cargada y la realidad del lote.
«Hay casos en los que se rompe una caravana, se reemplaza por otra y después ese cambio nunca se corrige en el sistema. Todo eso hace muy difícil seguir correctamente la trazabilidad.»
La consignataria considera que el 3 de agosto marcará un antes y un después para toda la cadena comercial.
«Hasta ahora, al menos en los movimientos destinados a consumo interno, no veíamos una exigencia tan estricta sobre la declaración de los dispositivos electrónicos. Entendemos que eso cambiará desde el 3 de agosto y que todos tendremos que extremar los controles para evitar inconvenientes.»
Un sistema que sigue siendo dual
La identificación oficial continúa siendo un sistema integrado por una caravana visual y un dispositivo electrónico RFID, que puede consistir en un botón electrónico, un bolo ruminal o un transpondedor inyectable autorizado.
Además, una vez colocados los dispositivos, los productores disponen de un plazo de 10 días hábiles para informar esa identificación al SENASA mediante los mecanismos habilitados.
Qué deberán tener en cuenta los productores desde el 3 de agosto
- Registrar previamente en SIGSA las caravanas electrónicas colocadas.
- Verificar que el stock declarado coincida con el disponible.
- Emitir el DT-e únicamente con los dispositivos correctamente registrados.
- Declarar el 100% de las caravanas electrónicas al momento de cerrar el movimiento en destino.
- Comprobar el funcionamiento de los lectores electrónicos antes de realizar cargas importantes.
Con esta nueva etapa, el SENASA busca consolidar un sistema de trazabilidad individual más preciso, fortalecer los controles sanitarios y agilizar la verificación de los movimientos de hacienda mediante procesos completamente digitalizados.
Sin embargo, la implementación también pondrá a prueba la coordinación entre productores, consignatarios, ferias, feedlots y demás actores de la cadena. Mientras desde el sector destacan el potencial de la trazabilidad electrónica para mejorar la competitividad de la carne argentina, quienes trabajan diariamente con miles de animales advierten que el éxito del sistema dependerá de la correcta colocación de los dispositivos, de la calidad de la información cargada en el SIGSA y de la adaptación operativa de todos los eslabones involucrados.



