Con apenas 30 años, Santiago Alem integra la Mesa Ejecutiva de CARBAP. Contador público y productor agropecuario, asegura que el recambio generacional comienza involucrándose desde joven y sostiene que las decisiones que afectan al agro no impactan sólo sobre una actividad económica, sino también sobre una forma de vida.
Para Santiago Alem, el vínculo con la producción agropecuaria comenzó mucho antes de elegir una carrera universitaria. Su escuela fue la manga, acompañando desde muy chico a su padre, médico veterinario, en las recorridas por los establecimientos rurales.
Como muchos hijos de veterinarios, pensó que su camino también estaría ligado a esa profesión. Sin embargo, una conversación con su padre cambió el rumbo.
«¿Por qué no estudiás algo que también pueda aportar a la empresa?», recuerda que le planteó. La propuesta lo llevó a mirar hacia la contabilidad, una disciplina que ya le despertaba interés durante la escuela secundaria.
Así llegó a la Universidad Nacional del Centro, en Tandil, donde se recibió de contador público. Pero nunca dejó de estar vinculado al campo.
La dirigencia como escuela
Mientras cursaba la carrera, Alem comenzó a participar del Ateneo de la Sociedad Rural de Tandil, experiencia que define como un antes y un después en su vida.
Ese espacio terminó siendo la puerta de entrada a la dirigencia gremial agropecuaria.
Desde allí pasó al Ateneo de CRA, luego presidió la Fundación de la entidad y, años más tarde, fue convocado para integrar la Mesa Ejecutiva de CARBAP, convirtiéndose, con apenas 30 años, en uno de sus dirigentes más jóvenes.
Lejos de hablar de una carrera planificada, asegura que cada desafío llegó como consecuencia del trabajo realizado en el lugar que le tocaba ocupar.
«Hay que concentrarse en hacer lo mejor posible donde a uno le toca estar. Después, las oportunidades llegan.»
Las ovejas, un proyecto que nació de la curiosidad
Aunque la ganadería bovina siempre fue parte de su vida, el ingreso a la producción ovina surgió casi por casualidad.
Mientras participaba del Ateneo, conoció la posibilidad de acceder a los créditos de la Ley Ovina. Investigó el programa, elaboró un proyecto, fue seleccionado y comenzó una nueva actividad productiva.
Así incorporó ovinos Merino, una raza poco habitual para la provincia de Buenos Aires y más adaptada a las condiciones de la Patagonia.
Lo que comenzó como un proyecto financiado terminó convirtiéndose en otra unidad productiva del establecimiento familiar.
El conflicto de 2008 que marcó una generación
Alem reconoce que hubo un hecho que terminó definiendo su mirada sobre la dirigencia agropecuaria.
El conflicto entre el campo y el Gobierno nacional en 2008.
Tenía apenas 13 años, pero recuerda haber entendido que decisiones tomadas muy lejos de los establecimientos podían modificar profundamente la vida de quienes producen.
«Ahí empecé a ver el enorme potencial que tiene el sector agropecuario y cómo decisiones ajenas a la producción podían impedir que ese potencial se expresara.»
Para él, aquel conflicto dejó una enseñanza que todavía mantiene vigente: la necesidad de participar.
«El campo es mucho más que un negocio»
Uno de los conceptos que más enfatiza durante la entrevista es que reducir la actividad agropecuaria a una cuestión económica es quedarse con una parte muy pequeña de la historia.
«La empresa agropecuaria es un negocio y tiene que ser rentable, porque de ahí surge todo el valor que genera. Pero va mucho más allá. El productor tiene pasión, tiene familia, tiene costumbres. Es una forma de vida.»
Por eso considera que muchas veces las decisiones políticas impactan con una profundidad que desde las ciudades cuesta comprender.
«No afectan solamente un resultado económico. También afectan una forma de vivir y una identidad construida durante generaciones.»
Un productor que también mira el mundo
Desde su nuevo rol en CARBAP, Alem sostiene que el productor debe ampliar cada vez más su mirada.
Los cambios económicos del país, los conflictos geopolíticos, los mercados internacionales y el clima forman parte de un mismo escenario que termina condicionando las decisiones dentro de cada establecimiento.
«Hoy ya no alcanza con mirar tranqueras adentro. Lo que pasa en el resto del mundo también influye sobre las decisiones que toma un productor argentino.»
En ese contexto, considera que la eficiencia será el principal diferencial.
Mientras observa con optimismo el presente de la ganadería, reconoce que la agricultura atraviesa un escenario más complejo y que será necesario seguir muy de cerca la evolución de los mercados, el clima y los costos de producción.
El desafío de una nueva generación
Alem cree que el recambio dirigencial no ocurre por casualidad.
Se construye participando, involucrándose y aceptando responsabilidades desde joven.
Su propia historia parece demostrarlo: un chico que acompañaba a su padre veterinario en la manga, que eligió estudiar Contador para aportar una mirada distinta a la empresa familiar y que, paso a paso, encontró en la dirigencia rural otra manera de trabajar por el desarrollo del sector.
Hoy, desde la Mesa Ejecutiva de CARBAP, asegura que el desafío es el mismo que lo movilizó desde aquellos años del Ateneo de Tandil: aportar herramientas para que los productores puedan desarrollar todo el potencial que tiene el campo argentino.



