La Mireya: una historia familiar que encontró en el Limangus su camino de crecimiento

Los hermanos Adrián y Eugenio Cabado llevan adelante el establecimiento familiar sobre el Enlace Néstor Kirchner, en el límite de los partidos de Olavarría y Azul. Lo que comenzó como una actividad ganadera impulsada por su padre se transformó, con los años, en un proyecto de selección de Limangus que hoy suma más de una década de participación en remates.

Hay decisiones que en una empresa ganadera no se toman de un día para el otro. Se construyen con años de trabajo, observación y aprendizaje. En La Mireya, esa historia nació mucho antes de que los hermanos Cabado pensaran en hacer una cabaña. En un campo de perfil netamente agrícola, su padre nunca dejó de lado la ganadería: su pasión por las vacas hizo que siempre hubiera un rodeo en el establecimiento. Con el tiempo, llegó otra decisión que marcaría el rumbo del proyecto: elegir al Limangus como la raza sobre la cual construir su producción.

Al frente del establecimiento están los hermanos Adrián y Eugenio Cabado, aunque el proyecto familiar involucra a cuatro hermanos. Si bien Adrián y Eugenio son quienes están más directamente a cargo del día a día, cuentan también con el acompañamiento de sus otros dos hermanos, que participan como socios y aportan su mirada en muchas de las decisiones.

Adrián está más ligado al trabajo cotidiano y al manejo de la hacienda, mientras que Eugenio acompaña desde el área comercial y financiera. Junto a ellos, el veterinario Bernardo Bruno Servat aporta una mirada que conoce la historia del establecimiento desde hace más de cuatro décadas.

Un camino marcado por la pasión por la ganadería

“Esto lo arrancó nuestro padre, le gustó la raza y se fue metiendo”, cuenta Adrián. Cuando los hermanos tomaron las riendas del establecimiento decidieron mantener aquella hacienda, aunque todavía sin pensar en transformarla en una cabaña.

El cambio comenzó algunos años después, cuando decidieron profundizar el trabajo con Limangus. La incorporación de genética y el acompañamiento de personas vinculadas a la raza fueron fundamentales para darle impulso al proyecto.

“Creo que fue en el año 2016 más o menos ya nos inscribimos y fuimos creciendo de a poquito con la raza”, recuerda Adrián.

Entre esas personas destaca especialmente a Fernando Luis, a quien le reconoce haber sido quien terminó de empujarlos a involucrarse de lleno con la raza y su asociación.

“Si le tengo que agradecer a alguien es a Fernando, que nos pegó este empujón”, resume.

Después llegaría otro vínculo determinante: el de Horacio Cook y Administración Cook. Tras conocer sus animales en Tandil, los invitaron a participar de un remate. El resultado fue positivo y, desde entonces, comenzó una relación que ya lleva 11 remates.

La pandemia modificó la modalidad, pero no el vínculo. La comercialización pasó al formato virtual y La Mireya continuó participando junto a Cook en sus remates.

“Son amigos, como lo es Fernando también”, destaca Adrián.

Seleccionar y construir un rodeo propio

El objetivo de la familia no pasa solamente por incorporar genética, sino por construir progresivamente un rodeo propio y homogéneo.

En los últimos años fueron incorporando animales y trabajando con inseminación, buscando fijar características que consideran importantes dentro de su planteo.

“El fenotipo lo estamos encontrando”, explica Adrián. Parte de ese trabajo se realiza actualmente con genética propia, a partir de toros seleccionados y cruzamientos realizados dentro del establecimiento.

El proyecto también comenzó a avanzar en la incorporación de animales Limangus de pedigree. Actualmente, La Mireya ya cuenta con alrededor de diez madres pedigree y sus primeras crías bajo esa categoría, dando un nuevo paso en el proceso de selección.

El objetivo es seguir creciendo sobre esa base y, con el tiempo, consolidar una oferta de genética propia de pedigree, además de los toros Limangus Puros Controlados que la cabaña ya comercializa.

Para Bernardo Bruno Servat, que trabaja con la familia desde hace más de 40 años, ese proceso ya muestra resultados concretos.

“Han logrado un rodeo homogéneo, un rodeo muy lindo de animales Limangus y están en la senda del mejoramiento y de la superación”, señala el veterinario.

Su vínculo con los Cabado excede hace tiempo la relación profesional. “La historia es muy larga, muy rica y ya es más una amistad que una relación de cliente y veterinario”, cuenta.

Dos remates y un mismo objetivo

Este año, La Mireya tendrá presencia en dos remates: el 4 de septiembre, en el remate de La Elisa en Olavarría, y el 17 de septiembre, en el de Los Choles de Cook en Estación Ombú.

La producción disponible no es abundante, por lo que los Cabado decidieron distribuir la hacienda entre ambas ventas.

“Tenemos poco este año, pero vamos a repartir entre los dos remates”, explica Adrián.

La estrategia también contempla diferentes aportes genéticos. En el remate de Cook llevarán un toro proveniente de la propia cabaña, mientras que el resto de la producción tendrá como respaldo genética incorporada en los últimos años.

A la venta de vaquillonas en estos remates se suma una comercialización que la familia sostiene todos los años de toros Limangus Puros Controlados de dos y tres años.

El crecimiento del rodeo de pedigree abre ahora una nueva etapa. La Mireya ya tiene madres y crías de esta categoría y el objetivo es continuar desarrollando esa línea genética dentro del propio establecimiento.

Una mirada puesta en el productor

Eugenio, que define su función como “la otra mitad del equipo”, acompaña el proceso desde la parte comercial y financiera, siempre tratando de tomar las decisiones junto a su hermano.

Desde ese lugar, también mira las oportunidades que aparecen para el productor. Para él, el momento actual y la implementación del RIMI (Régimen de Incentivo para Medianas Inversiones) representan una oportunidad concreta para quienes buscan invertir en genética y mejorar sus rodeos.

Uno de los principales beneficios del régimen es que permite amortizar el 100% del valor de un reproductor en el mismo ejercicio fiscal en el que se realiza la compra. El beneficio alcanza tanto a los toros como a las madres y, además, no establece un monto mínimo de inversión para acceder al régimen.

“Creo que falta la reglamentación, pero va a ser una ventana de tiempo para que el productor aproveche y se anime a invertir en genética”, plantea Eugenio.

La posibilidad de obtener ese beneficio incluso con la compra de un solo toro o de un pequeño número de madres puede convertirse en un incentivo para que productores de distintas escalas incorporen genética. Para Eugenio, es una herramienta que puede ayudar a transformar una inversión de hoy en mayor productividad y mejores resultados para el rodeo en los próximos años.

Mucho más que una cabaña

Ese espíritu también se refleja en el vínculo que los Cabado fueron construyendo con quienes los acompañan desde hace años. En La Mireya, los amigos forman parte de la vida cotidiana del establecimiento y muchas veces aparecen cuando más se los necesita.

Uno de ellos es Sebastián Matrella, que durante la jornada de trabajo de la ZonaCampo fue testigo estuvo junto a Adrián en la manga, colaborando con las tareas del establecimiento. Los amigos se turnan para acompañarlo y darle una mano en un momento muy particular.

“Se turnan, me cuidan, qué sé yo, son amigos”, cuenta Adrián.

Es una imagen que resume buena parte de la historia de La Mireya: una empresa familiar que creció con trabajo, decisiones compartidas y una red de personas que, con el paso del tiempo, dejaron de ser simplemente colaboradores para convertirse en parte del camino.

Después de más de una década de trabajo sistemático con Limangus, La Mireya transita una etapa en la que los resultados empiezan a acompañar el esfuerzo. Con una base familiar que involucra a cuatro hermanos, el acompañamiento de profesionales y el respaldo de amigos que están presentes cuando hace falta, los Cabado siguen construyendo un rodeo que busca tener cada vez más identidad propia.

Y en esa construcción, el Limangus dejó de ser simplemente una raza elegida para convertirse en el eje de un proyecto ganadero que mira hacia adelante.

 

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