Por Miguel on Domingo, 24 Marzo 2019
Categoría: InfoGen

Convivencia y credibilidad, pilares del desarrollo

En esta entrevista, el ing. agr. Alberto Miotti repasa parte de su vida y cuenta cómo el contacto con otras culturas le ha permitido ampliar su visión del desarrollo. 

​Miguel Viñuales (ZonaCampo)

Alberto Miotti es una de esas personas que todo el mundo conoce, en Olavarría. Ya sea por su actividad privada como productor e ingeniero agrónomo, su actuación en cargos públicos, o su participación permanente en instituciones intermedias y el cooperativismo, difícil no saber quién es.

Pero no obstante la diversidad de tareas que ha asumido en su vida, hay una nota común a todas ellas, un hilo conductor, que es la convicción que el desarrollo social, regional, comunitario, debe ser impulsado desde todos los sectores, para lo cual la convivencia social pacífica y la credibilidad que tiene la gente respecto de quienes asumen la responsabilidad de hacerlo, son pilares esenciales sobre los cuales se erige todo lo demás.

Más allá de cualidades personales o formación profesional, Alberto Miotti considera que una de las cosas que más ayudan a una visión amplia del desarrollo es el contacto con otras culturas, con otras maneras de ver las cosas. Y en su caso, dentro del cúmulo de experiencias una de las más significativas fue haber vivido casi un año en Israel capacitándose en la temática, junto a personas de todas partes del mundo.

"Si vamos al origen, creo que todo arranca en la educación pública de los 60 o los 70, donde todos compartíamos el mismo patio, la misma vereda, con hijos de todos los vecinos por igual. Esa base de escuela común me llevó luego a la universidad pública, me recibí de ingeniero agrónomo, otros hicieron otras cosas, carreras, oficios", expresa.

"Yo elegí la agricultura, coincidiendo con el inicio de la soja en la provincia de Buenos Aires, pero todo esto te deja inquietudes de otro tipo, me gustaba participar, meterme, debatir. En un asado, porque en Argentina todo lo importante ocurre en un asado [risas], conocí al ingeniero Hugo Santonja, recién llegado a INTA Olavarría, y el contó que había estado en Israel haciendo un curso de desarrollo regional", agrega.

Esto impactó a Miotti, quien se contactó con el extensionista al día siguiente, y Santonja le dio un teléfono de contacto con la embajada de Israel, única manera posible de averiguar algo de manera rápida, en 1991. No había internet, solo teléfono y material escrito para obtener información

Trámites mediante, haciendo un esfuerzo enorme en lo económico para sostener a su familia durante el tiempo que iba a estar allá, a comienzos de 1992 y dejando en suspenso 7 años de intensa actividad profesional privada enfocado en la soja, Miotti llegó a Israel para hacer un curso del que no tenía muy en claro de qué se trataba, "Planificación de Desarrollo Regional", un programa becado por instituciones de Alemania.

Alberto Miotti encontró, entre otras cosas, que la planificación de desarrollo regional no lo capacitó específicamente en lo agrícola, porque "el tema tiene que ver con mil cosas y a la vez con ninguna en especial, apunta a lograr el desarrollo integral de una sociedad desde lo económico, lo social, lo institucional. Se busca intervenir en un lugar para llevarlo de su situación original, para llevarlo a una mejor que en la que estaba", apunta.

Empresa conjunta

Uno de los impactos fuertes que recibió Alberto Miotti en Israel fue la toma de conciencia de que el desarrollo regional es una empresa que no puede asumirse desde lo privado, pero a la vez, no puede hacerse solamente desde lo público, sino que requiere una confluencia de esfuerzos que incluyan a lo institucional y al tercer sector. Allí conoció gente de todo el mundo, inclusive un estudiante argentino que conoció en el avión y con quien mantiene una amistad, ya que por aquel momento Latinoamérica era el foco de los intentos internacionales de planes de desarrollo.

"Eramos los dos pobres del grupo, él también había tenido que renunciar a su trabajo, y el resto de los 40 participantes habían sido enviados por instituciones de su país, con el sueldo para su familia cubierto, y ellos con un viático. Nosotros vivíamos de la beca y nos alcanzaba para lo justo, y un poco menos [risas] pero nos arreglamos, con el entusiasmo de una cosa nueva"

Asi, durante seis meses, en Israel aprendió sobre microeconomía, macroeconomía, visiones sociológicas sobre el desarrollo, visiones técnicas sobre agricultura, infraestructura, enfocadas no desde el negocio del privado, sino desde las necesidades de la sociedad, y el desarrollo de materias primas manufacturables para generar trabajo en las regiones a intervenir. 

De allí pasó a Alemania, más que nada por una cuestión institucional, pues la beca provenía de allí, para participar en talleres de cooperación internacional. Allí pudo tomar contacto con otra perspectiva, nodal, la de los organismos patrocinantes de este tipo de proyectos de desarrollo internacional. Y el cierre del programa fue la aplicación práctica en dos provincias muy pobres en Bolivia, y se apuntaba a que con un plan de desarrollo iniciaran un proceso de equiparación con otras regiones. 

Alberto Miotti considera que el S.I.P de granos, junto con el parque logístico, proyectos resultantes de un equipo de trabajo que integró junto a otros profesionales y funcionarios, representa lo más importante de su contribución social a la región


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El regreso de Bolivia fue una de las etapas más intensas que describe Alberto Miotti en este repaso de su actividad, y no porque desde ese momento hasta ahora su vida haya sido más tranquila, sin viajes o trabajos parecidos. Quizás la confluencia entre el momento de la vida, la primera experiencia, el regreso al terruño y la familia, hayan generado esa intensidad.

"Uno vuelve con la cabeza llena de cosas, que no son fáciles de procesar ni de implementar en el lugar propio, pero impulsan a que uno participe, quiera hacer. Regresé a trabajar en el sector privado pero nunca dejé de participar en reuniones de tipo política, o institucionales, buscando la forma de aportar lo que consideraba valioso de mi parte, junto a otra gente que también tenía otras cosas, también valiosas, para aportar".

El otro punto de inflexión fue, a los pocos años, la participación en un Master en Gestión Empresaria desarrollado por las facultades de ingeniería y económicas de la UNICEN, que duró 15 meses y que dio a Miotti una perspectiva complementaria, además de ponerlo en contacto con un grupo grande de personas con diferentes inquietudes y que continuaron reuniéndose para impulsar proyectos públicos y privados. A él lo llevó a ingresar a la función pública, siendo convocado en el año 2002 por el entonces intendente Helios Eseverri, para ser parte de su equipo de trabajo, como Secretario de Desarrollo Económico.

"Empezás a ver que no se trata de aplicar lo que viste en un curso u otro, sino que vas usando lo que eso dejó en vos como un resumen, y lo que te permite el escenario real, que nunca es igual a lo que ves en lo académico. La resolución de los problemas reales ocurre en el día a día, por eso se trata de generar soluciones en base a lo que uno aprendió a lo largo de toda su vida, en teoría y en práctica, generando algo que sirva para mejorar la vida de la gente, se trate de una empresa privada, una institución o tu vecino", enfatiza.

El parque

Resumir la vida de Alberto Miotti -va quedando de manifiesto- no es tarea sencilla, casi que ni siquiera para él, porque siempre parece tener una anécdota nueva para contar, alguna puerta para seguir conversando, siempre con tono amable y respetuoso de personas e instituciones. Pero si hay que elegir algo que caracterice su aporte a la comunidad, algo que lo haya dejado conforme y represente el resultado de aquellos años, y lo que vino después, Miotti elige la creación de la zona logística y el parque de granos.

"Fue un trabajo en equipo, cuando en 2003 se compró ese terreno no se tenía muy en claro que hacer. Pero con la colaboración de muchas personas, incluyendo al equipo de Desarrollo Económico y al ingeniero Dante Galván de la Unicen, empezamos a pensar cosas mirando al futuro y surgió la zona de actividad logística y parque de granos", resume.

"Eso que ahora ya tiene galpones instalados, alumbrado público, infraestructura que va creciendo, con un sector de plantas de acopio de granos y otro de logística y empresas de transporte, eso es el resultado del trabajo de muchos profesionales de diferentes incumbencias, y muchos actores políticos de diferentes sectores que fueron aportando, aprobando cosas, todo un equipo de gente dentro del cual yo soy uno más. No es "hijo mío", es parte de lo que yo pude aportar, y creo que marca una diferencia hoy entre Olavarría y otros partidos, que nos abre la posibilidad de ser parte del movimiento que actualmente está en curso en Argentina", agrega.

Convivencia y credibilidad

Alberto Miotti considera que las lecciones más valiosas que ha podido aprender a lo largo de su vida, no han venido tanto de parte de las capacitaciones formales, sino del contacto con otras culturas. Convivir con personas de todo el mundo en Israel, Alemania, Bolivia, Estados Unidos, España, Japón, ha dejado una huella indeleble en él.

El trabajo en equipo de por sí es un desafío, y a veces la colaboración se hace aún más difícil cuando la política está de por medio y entran en contacto diferentes enfoques partidarios. Por lo tanto, resulta imposible pensar el desarrollo regional sin una mirada a largo plazo, visión que necesariamente debiera ser compartida y sostenida por los que están en un momento dado y los que vendrán después. Pero la cuestión a determinar, según Miotti, es cuál es el punto de partida de esta mirada compartida, qué es necesario para que se pueda avanzar, y esa respuesta le vino desde la experiencia con otras culturas.

"Hay gente que considera que solo se puede crecer con planes a largo plazo, pero lo cierto es que las inestabilidades políticas de Latinoamérica y Africa, con países que buscan parecerse a los países desarrollados, ponen de manifiesto que, más que planes escritos, demasiado puntillosos y demasiado declarativos a largo plazo, lo que hace falta es un ambiente de estabilidad y de convivencia a largo plazo, y algunas grandes ideas sobre las que tenemos que estar de acuerdo. Lo demás, los planes, vienen después", recalca.

"El plan no puede ser una cosa rígida, es un mapa, un camino, una hoja de ruta. En veinte años, la sociedad cambia, y si está atada a un plan, probablemente sea un fracaso. Uno tiene que ponerse de acuerdo que va a hacer con la educación, con la seguridad, con la salud y la infraestructura. No tiene que haber corrupciones groseras, ya que lamentablemente existe desde que el hombre es hombre, pero si se traga al país, no se puede convivir. Si no hay estabilidad, es muy difícil que surjan ideas buenas y se puedan llevar adelante. Sin estabilidad, sin una convivencia razonable desde lo político, lo social, lo institucional, es muy difícil el desarrollo. Se va avanzando de a pasos, resolviendo la urgencia del día a día, pero no se puede planificar", agrega.

La experiencia intercultural ha dejado en Miotti la perspectiva de que hay algunas cosas, algunos proyectos muy buenos, que en el lugar de origen pueden implementarse, pero son muy difíciles de instrumentar al volver, porque la diferencia está en la idiosincrasia de la gente.

"Cuando uno mira cómo son las cosas en otros lugares, termina sacando estas conclusiones. La estabilidad, la convivencia de la sociedad, la credibilidad que deposita la gente en sus gobiernos, permite que haya un escenario a partir del cual se pueda planificar algo. Los mejores desarrollos son un trabajo conjunto de la sociedad y el gobierno, nunca uno solo de los dos, y para que eso suceda tiene que haber un poco de paz social, convivencia, credibilidad, y la mirada de que tenemos que coincidir a largo plazo en las cosas fundamentales", concluye.

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