InfoGen

El compost mejora los suelos agrícolas y la calidad de los cultivos

Se está desarrollando el "mes del compostaje", una campaña que revaloriza una actividad en la que el sector agropecuario puede jugar un papel fundamental utilizando sus residuos y transformándolos en fertilizante.

En plena pandemia, entre el 22 de marzo, Día del Agua, y el 22 de abril, Día de la Tierra, se está desarrollando la campaña "Mes del compostaje". La iniciativa es impulsada por el grupo de Facebook "Compostar es una papa", y que ya cuenta con el apoyo de Ministerio de Ambiente. La campaña cuenta además con la adhesión de la Red Nacional de Municipios y Comunidades que fomentan la Agroecología (RENAMA), del MAPO, la UTT, y la provincia de Río Negro.


La campaña consiste en reflexionar, informar, capacitar y difundir acerca del sistema de reciclaje como parte importante de la gestión de residuos, una temática que no es novedosa para el agro argentino. Ya lleva varios años implementándolo en diferentes regiones y tipos de producciones. 


El compost es fundamentalmente una materia orgánica estabilizada por procesos biológicos (claramente diferenciada de la que generan otro tipo de procesos como la esterilización o desecación) e higienizada, con propiedades relativamente similares al humus, asociado siempre al proceso de compostaje, por lo que su aplicación al suelo confiere a éste generalmente una mejora en las propiedades físicas, químicas y biológicas, a la vez que aporta de forma gradual elementos nutritivos y aumenta su disponibilidad para las plantas y los organismos del suelo.


En función de las características del compost, éste puede emplearse en agricultura bien como enmendante orgánico actuando exclusivamente sobre las propiedades físico-químicas y biológicas del suelo, o como abono (además actúa sobre la nutrición mineral de las plantas). También puede utilizarse como sustrato en el ámbito de la horticultura o para el cultivo de hongos comestibles, como medio de crecimiento en viveros (hortícolas, forestales, floricultura, etc.) y quizás de forma más clara también puede emplearse en agricultura biológica o ecológica.


El compost debe poseer una elevada calidad y madurez, especialmente cuando se emplea en la preparación de sustratos para cultivos de modo que sus propiedades químicas, físicas y biológicas, así como los índices de madurez deben ser considerados, evaluados y estandarizados. En estos usos el compost debe estar formado por una elevada fracción de materia orgánica estable, mantener un volumen constante, una porosidad adecuada, alta capacidad de cambio catiónico, suficiente capacidad tampón, ser estable frente a la descomposición, mostrar baja salinidad, no ser fitotóxico y carecer de patógenos, parásitos y semillas de malas hierbas.


Su empleo en agricultura permite una reducción en el uso de fertilizantes minerales y también se ha destacado en numerosos trabajos el papel beneficioso que la materia orgánica del compost ejerce sobre las poblaciones microbianas del suelo y la fertilidad biológica. Así, es conocido que las sustancias orgánicas del compost pueden ejercer un efecto beneficioso sobre el número y funciones de fijadores de nitrógeno heterótrofos y micorrizas o también el papel favorable que puede ejercer el compost sobre los microorganismos asociados a la rizosfera y sobre el desarrollo de las raíces.

El empleo de compost puede extenderse al control de determinadas enfermedades provocadas por patógenos del suelo, de forma que su adición puede afectar a la incidencia de éstas por distintas vías. Así sus propiedades físico-químicas y biológicas pueden jugar un papel importante en la aparición y propagación de tales enfermedades. A este respecto quizá el efecto mejor apreciado pero a la vez menos entendido, sea la influencia del antagonismo microbiológico sobre la incidencia de la enfermedad, siendo el tipo y fuente de la materia prima del compost, el proceso de compostaje y el medio ambiente en el cual se utiliza el compost durante el desarrollo de la planta, factores que determinan el amplio espectro de antagonismos frente a los patógenos. En este sentido, la adición de compost puede resultar una alternativa viable a la aplicación de bromuro de metilo para la desinfección del suelo.


El compost puede ser empleado en el control de malas hierbas o utilizado como acolchado, dado el efecto físico de esta última técnica y su incidencia sobre los factores que favorecen el crecimiento de las malas hierbas (luz, temperatura y humedad). Igualmente la adición del compost puede producir una acción química generada por alguno de los constituyentes del mismo (ácidos orgánicos de bajo peso molecular, polifenoles, etc.) que inhibe el crecimiento de las malas hierbas.


El compost puede ser empleado en la lucha contra la degradación del suelo, en su recuperación y prevención, como demuestra la mejora de la calidad de suelos degradados con la aplicación de residuos urbanos, compostados y frescos, residuos agrícolas, etc. Merecen también gran interés los ensayos dirigidos a evaluar la utilización de compost en técnicas de biorremediación para la descontaminación de suelos (hidrocarburos, metales pesados, plaguicidas, etc.). Así se ha observado que la adición de compost mejora las propiedades físicas y la actividad microbiológica del suelo ayudando al desarrollo de la vegetación y a la inactivación o eliminación del contaminante, tal y como se ha evidenciado al emplearse como enmendante orgánico en la recuperación de suelos contaminados por metales pesados o suelos contaminados con plaguicidas. Así mismo el compost puede ser aprovechado para retener compuestos y de este modo ser utilizado como biofiltro en el control de malos olores y la depuración del aire.


A la vista del amplio espectro de aplicaciones del compost, que permiten diversos usos en función de su calidad y grado de estabilidad, la transformación de la materia orgánica de los residuos y subproductos originados en los diferentes sectores industriales y productivos, el compostaje resulta una opción de gestión muy beneficiosa desde el punto de vista social, económico y medioambiental.


Además cabe destacar el uso del compost para la obtención de extractos de materia orgánica, ricos en sustancias de naturaleza similar a la húmica, con potencial para activar el crecimiento vegetal. Aunque tradicionalmente los materiales más empleados para obtener sustancias húmicas de forma comercial han sido carbones (lignito, leonardita, etc.) o la turba, el compost también dispone de una fracción importante de materia orgánica de naturaleza similar a la húmica con un alto potencial para ser solubilizada, siendo muy común encontrar preparados líquidos extraídos de composts y estiércoles en el amplio mercado de los agroquímicos comerciales. Estos adquieren su mayor interés en la agricultura intensiva donde son fácilmente adicionados mediante los sistemas de fertirrigación. 

Miércoles con plaza selectiva en Liniers
Curso gratuito del IPCVA sobre plantas tóxicas

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La campaña consiste en reflexionar, informar, capacitar y difundir acerca del sistema de reciclaje como parte importante de la gestión de residuos, una temática que no es novedosa para el agro argentino. Ya lleva varios años implementándolo en diferentes regiones y tipos de producciones. 


El compost es fundamentalmente una materia orgánica estabilizada por procesos biológicos (claramente diferenciada de la que generan otro tipo de procesos como la esterilización o desecación) e higienizada, con propiedades relativamente similares al humus, asociado siempre al proceso de compostaje, por lo que su aplicación al suelo confiere a éste generalmente una mejora en las propiedades físicas, químicas y biológicas, a la vez que aporta de forma gradual elementos nutritivos y aumenta su disponibilidad para las plantas y los organismos del suelo.


En función de las características del compost, éste puede emplearse en agricultura bien como enmendante orgánico actuando exclusivamente sobre las propiedades físico-químicas y biológicas del suelo, o como abono (además actúa sobre la nutrición mineral de las plantas). También puede utilizarse como sustrato en el ámbito de la horticultura o para el cultivo de hongos comestibles, como medio de crecimiento en viveros (hortícolas, forestales, floricultura, etc.) y quizás de forma más clara también puede emplearse en agricultura biológica o ecológica.


El compost debe poseer una elevada calidad y madurez, especialmente cuando se emplea en la preparación de sustratos para cultivos de modo que sus propiedades químicas, físicas y biológicas, así como los índices de madurez deben ser considerados, evaluados y estandarizados. En estos usos el compost debe estar formado por una elevada fracción de materia orgánica estable, mantener un volumen constante, una porosidad adecuada, alta capacidad de cambio catiónico, suficiente capacidad tampón, ser estable frente a la descomposición, mostrar baja salinidad, no ser fitotóxico y carecer de patógenos, parásitos y semillas de malas hierbas.


Su empleo en agricultura permite una reducción en el uso de fertilizantes minerales y también se ha destacado en numerosos trabajos el papel beneficioso que la materia orgánica del compost ejerce sobre las poblaciones microbianas del suelo y la fertilidad biológica. Así, es conocido que las sustancias orgánicas del compost pueden ejercer un efecto beneficioso sobre el número y funciones de fijadores de nitrógeno heterótrofos y micorrizas o también el papel favorable que puede ejercer el compost sobre los microorganismos asociados a la rizosfera y sobre el desarrollo de las raíces.

El empleo de compost puede extenderse al control de determinadas enfermedades provocadas por patógenos del suelo, de forma que su adición puede afectar a la incidencia de éstas por distintas vías. Así sus propiedades físico-químicas y biológicas pueden jugar un papel importante en la aparición y propagación de tales enfermedades. A este respecto quizá el efecto mejor apreciado pero a la vez menos entendido, sea la influencia del antagonismo microbiológico sobre la incidencia de la enfermedad, siendo el tipo y fuente de la materia prima del compost, el proceso de compostaje y el medio ambiente en el cual se utiliza el compost durante el desarrollo de la planta, factores que determinan el amplio espectro de antagonismos frente a los patógenos. En este sentido, la adición de compost puede resultar una alternativa viable a la aplicación de bromuro de metilo para la desinfección del suelo.


El compost puede ser empleado en el control de malas hierbas o utilizado como acolchado, dado el efecto físico de esta última técnica y su incidencia sobre los factores que favorecen el crecimiento de las malas hierbas (luz, temperatura y humedad). Igualmente la adición del compost puede producir una acción química generada por alguno de los constituyentes del mismo (ácidos orgánicos de bajo peso molecular, polifenoles, etc.) que inhibe el crecimiento de las malas hierbas.


El compost puede ser empleado en la lucha contra la degradación del suelo, en su recuperación y prevención, como demuestra la mejora de la calidad de suelos degradados con la aplicación de residuos urbanos, compostados y frescos, residuos agrícolas, etc. Merecen también gran interés los ensayos dirigidos a evaluar la utilización de compost en técnicas de biorremediación para la descontaminación de suelos (hidrocarburos, metales pesados, plaguicidas, etc.). Así se ha observado que la adición de compost mejora las propiedades físicas y la actividad microbiológica del suelo ayudando al desarrollo de la vegetación y a la inactivación o eliminación del contaminante, tal y como se ha evidenciado al emplearse como enmendante orgánico en la recuperación de suelos contaminados por metales pesados o suelos contaminados con plaguicidas. Así mismo el compost puede ser aprovechado para retener compuestos y de este modo ser utilizado como biofiltro en el control de malos olores y la depuración del aire.


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