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La guerra, el campo y el milagro

En esta última entrega sobre la historia de Fray Romeo, Daniel Lecointre narra sus peripecias durante la segunda guerra mundial como camillero de la cruz roja 

​Por Daniel Lecointre 

Al fondo del mar Adriático, enclavada en uno de los lugares más estratégicos, (para su bien y para su mal) por ser el puerto de salida de Europa central, está la ciudad de Trieste.


En conflictos interminables, a veces fue italiana y otras Yugoeslava. Para solo imaginar desde que confín de la historia viene, vasta pensar que su catedral se construyó en el siglo XlV, sobre los cimientos ya primitivos de un templo Romano. En la segunda guerra mundial es ocupada por Hitler, con su poderoso ejército alemán, y justo ahí estaba fray Romeo.


Luego de varias operaciones complicadas, su salud seguía muy mal. Parecía que andaba entre los vivos con permiso del sepulturero. Y así aguanto el hambre y las matanzas en este lugar neurálgico del conflicto. Le decían la otra Berlín, por la cantidad de ocupantes que había.


Él fue camillero de la cruz roja, además de tener la responsabilidad de conseguir, (justo lo que no había) el alimento para un monasterio, durante todos esos años de terror, donde cada día se ponía a prueba el límite de lo que un ser humano puede aguantar. Hechos que todos tendríamos la tentación de llamarlos milagros, pero quizá, solo fueron casualidades suertudas.


Para no hacer largo el relato, (esos años de guerras dan para un volumen entero), sólo contare anécdotas resumidas y aisladas. Relatos muy escuchados por los que anduvimos con él. Aunque los evitaba, le hacían mal. Siempre dulcificaba las anécdotas con su infaltable humor.Pero algunas pesadillas lo siguieron varios años. 


Las más recurrentes eran: Despertarse en la noche con las manos pegajosas de la sangre que se iba oreando. Otra que lo seguía a menudo, fue cuando alguien puso una bomba en un café de Trieste y murieron algunos soldados alemanes. La represalia fue sencilla, veinte civiles tomados al azar por cada alemán, hasta encontrar al culpable. La impiedad y la mala suerte caía sobre cualquiera, incluidas,niñas, paralíticos, y ancianos. El fray se salvó, pero cayeron tantos, (más de doscientas) que algunos de sus amigos terminaron colgados en el edificio más alto, y allí estuvieron, hasta podrirse. Esos años le dejaron gravados los ayes de los moribundos, y las ultimas miradas.


LA COMIDA ESTABA EN EL CAMPO


Cuando el hambre se hacía insostenible, y ya habían hervido los botones y los cueros de los zapatos. Cuando se había terminado uno de los bienes más preciados…la grasa, pues permite freír cualquier cosa, incluido el pasto y los cardos, entonces preparaba las maletas, pues el campo era la única salvación.


Esta es la imagen que él tenía del hambre y la miseria. Nosotros, Dios nos perdone, la usamos ligeramente, sabiendo que una simple huerta la sacaría corriendo. La huerta, prehistórica y moderna, siempre revolucionaria en esta tierra bendita. Donde increíblemente enterramos una semilla de zapallo y da zapallo. Cortamos en cuatro una papa brotada y al tiempo nos llena la olla. Con esto y alguna cosita más, el hambre se sentiría fracasada, e iría a golpearla puerta de al lado. Y de nuevo siento lo mismo: solo hace falta que alguien nos enseñe otra vez esa economía de subsistencia que hemos perdido. Después, seremos más pobres o más ricos de acuerdo al tesón y la habilidad. Nosotros no estamos en guerra, a Dios gracias. Allá, las bombas no daban opciones. Cuando la cosa era desesperante, el fray viajaba al campo de su familia, a traer lo poco que la destrucción dejaba en pie.


Pero ir al campo no era tan fácil. Varias veces decidió hacerlo en tren y en uno de esos viajes. Justo cuando empezaba a amanecer en las bellas montañasde los Alpes, los pasajeros que iban despiertos creyeron ver una sombra. Optimistas pensaron que era una de las aves gigantes que dominan las cumbres. Romeo, nunca supo porque, pero intuyo que era un avión y se tiró de cabeza abajo del asiento que tenía en frente, suplicando``- San Antonio, sálvame-´´. Al instante se escuchó el silbido del caza atacando y el tableteo infernal de la metralla.


Cuando el polvo, los gritos y el espanto amaino, Romeo salió de su frágil escondite y vio dos cosas: un tremendo agujero en su asiento, gentileza del piloto, y que solo había dos sobrevivientes, él, y una chica joven con un disparo en el muslo. Cuando Romeo comenzó a hacerle un torniquete, la pierna se separó del cuerpo y cayó al suelo. Se desangro en sus brazos. Romeo decía "- mirándome con los ojos más dulces del mundo-"


En otra oportunidad decidió ir a dedo. Era una ruta que estaba totalmente prohibido circular, pero lo hacían igual, porque la vida y las necesidades cotidianas lo exigían. Se detuvo un camión cargado con barriles de cerveza. La cabina ya estaba repleta de pasajeros, así que tuvo que viajar en la caja. Aunque suponían que a esa hora la vigilancia estaba distraída en unos combates cercanos, los ojos iban atentos a todo lo que se moviera en el horizonte.Alguien creyó ver un punto negro, allá a lo lejos. A los pocos segundos un avión los estaba ametrallando a gusto y paladar. Camión, barriles y hombres quedaron desparramados en la banquina. No sé cómo, pero nuestro héroe se salvó otra vez. La que no tuvo suerte fue la cerveza, que brotaba delos acribillados barriles.


La comida estaba en el campo. Durante la guerra, fue camillero de la cruz roja en la ciudad de Trieste y además tenía la responsabilidad de conseguir, (justo lo que no había) el alimento para un monasterio.

Al poco tiempo le sucedió algo parecido. Tenía que llevar una carta al superior de la orden, y traer lo que pudiera del campo. Esta vez se detuvo un auto y subió. Paso lo que tenía que pasar, lo que ocurría todos los días en esos años, donde la vida y la muerte jugaban a las escondidas en una baldosa. Después de ametrallarlos, el piloto del avión dio un giro de reconocimiento y como vio que todo estaba destruido e incendiado considero que no valía la pena rematarlos y se fue. La carta llego al superior y las bolsas con alimentos camperos, saciaron el hambre de Trieste.


Estos aviones patrullaban también en la noche, buscando alguna luz para dirigir las bombas. Tenían un alto parlante para atemorizar aún más. La voz del avión decía: "-Me llamo Pippo y con una bomba y una metralla asusto a toda Italia-´´un día las baterías antiaéreas lo derribaron. A la noche siguiente apareció otro igual pero con distinto nombre" - Me llamo Renato….


Una tardecita, alguien olvido cerrar bien una ventana en la casona de campo de los Musaragno, y más de veinte bombas incendiarias le dieron de lleno.


Orfeo, hermano de Romeo, era un partisano (ejército encubierto de resistencia. Civiles italianos que desde la clandestinidad luchaban contra los hombres de Hitler). Su hermano y otros patriotas venían hostigando una columna alemana en retirada, pero él y siete compañeros fueron capturados en Mirano. Una corte marcial los condeno a ser fusilados. Ante la desesperación de la familia, Romeo, oro toda la noche,a la mañana temprano se ató la sotana, hiso la señal de la cruz por centésima vez y fue a la sede del comando superior. Uso todos los argumentos que pudo, desde la lastima al perdón. Le habrá tocado un oficial caritativo, o lo harto con los reclamos, el asunto es que volvió a casa con su hermano. Los otros siete fueron fusilados. Hoy la plaza de Miranoestá dedicada a honrar a estos siete mártires.

En una iglesia de Padua mantuvo escondidas a cuatro familias judías, incluso niños, durante muchotiempo. Cada inspección alemana venía con una sentencia de muerte si algo fallaba. No sé qué trato o acomodo tenía con el de arriba nuestro loco y querido personaje. El asunto que él y sus huéspedes nunca fueron descubiertos en las requisas semanales. Un día, poco antes de morir sonó el teléfono en Monte Viggiano. Cuando Romeo atendió, reconoció la voz. La llamada era de larga distancia. Una de estas familias judías había dado con su paradero y querían agradecerle lo que había hecho por ellos, salvandolos de los vagones y de la muerte en Auschwitz.

Y así se fue salvando, las balas siempre le picaron cerca. Casi veinte operaciones, la guerra, el toro del conde etc., etc..


Pero nada es gratis. Al querido doctor Viñuales le toco arreglar los estropicios de Yugoeslavia. Las prolongadas hambrunas habían hecho daño en sus intestinos obstruidos, y otra vez al quirófano. En María Auxiliadora, dos soldados hacían guardia noche y día en la puerta de la habitación, para que su general con sotana pudiera descansar. Habitación 111, cirugía número 13, y un agradecimiento eterno a los doctores Héctor Scala y a Gerardo y Marina Suárez.


Recuerdo que cuando vine a visitarlo y ayudar un poco a la gente que lo cuidaba, los dolores eran tremendos. Ahí me dijo una frase que nunca olvido. -"Se puede sufrir de dos maneras: una, maldiciendo la mala suerte y la otra, ofreciendo ese dolor para para que Dios alivie a otro desgraciado, sobre todo a los niños -"Entre cortado por los quejidos, el ofrecía eso, como Cristo en la cruz"


EL MILAGRO


Nuestra fe, muchas veces dubitativa, preguntona, insegura, anda desesperadamente buscando un milagro. Pero un milagro indubitable, que no tenga ninguna rendija donde le podamos meter nuestras sospechas. En los renglones de arriba y en otros cientos de casos, vamos a suponer que fue el acierto milimétrico del bisturí, de un antibiótico, de los cuernos del toro. Que en los accidentes en el tren y la ruta se salvó porque su cabeza pego en el respaldo y no en el parante, que las miles de balas que lo anduvieron buscando vinieran torcidas, o derecho a su cuerpo, pero rebotaron al llegar y le pego al de al lado. Así juegan a la mancha la vida y la muerte.


Para los que seguían a cristo en el desierto, las cosas eran más claras. Todos los días veían caminar al paralitico, sanar al leproso, resucitar al muerto, ver al ciego. La fe nos pide creer sin ver, por eso, pido perdón y ahí va el milagro. ¿Después de todo, que tiene de malo la visita clara y cercana de Cristo?


Lo hará bien sintético,para que ustedes, mis entrañables lectores, destinatarios de mis oraciones nocturnas, agreguen las emociones que faltan.


Fray Romeo estaba agonizando en un hospital de Italia. Era el año 1946, la guerra había terminado.Como todos sabemos, Italia y Alemania fueron socios en la gran contienda. En la práctica, los germanos ocuparon todos los lugares importantes de la península itálica, de ahí que el director del hospital era un alemán. Romeo estaba ya en el pabellón de los desahuciados. Se le habían hecho todos los estudios, las placas, los análisis, ynadie podía encontrar la causa de su pronta muerte. Por eso, para que no estorbara a los demás,estaba en ese pabellón.


Su médico de cabecera, el profesor Borgione, o Borsato (no recuerdo bien) lehabía realizado ya doce operaciones gastrointestinales, y tenía programada una más.Algo grave había descubierto. Pero a la mañana temprano, los pacientes escucharon un gran revuelo en la guardia. Un infarto, había hecho un rasguñó profundo en el corazón del pobre doctor y murió.

A la noche siguiente, el doctor se le apareció a Romeo en un sueño claro, largo y detallado. Lo vio en un verdadero paraíso, y desde ahí le hablaba: "-Querido Romeo, quiero que cuando salgas de aquí, vallas a consolar a mi familia. Cuéntale a mis padres, a mi esposa a mis hijos, lo que ves. Diles que estoy muy bien, que no amarguen su vida llorándome. Pues yo estaré aquí,esperándoles -"Y el sueño continuo con la voz del doctor" -Ya se… para eso tenes que salvarte, por ende te diré dónde está tu mal, así los médicos lo pueden encontrar y devolverte ala vida. Tu problema son dos tumores cancerígenos en la vejiga, que por tal y talcosa no aparece en las imágenes "-


Al otro día, la voz agónica de Romeo le contó al asistente del director y cirujano alemán lo que había pasado, llenando el relato de precisiones, gráficos y terminologías médicas que no existía en su vocabulario del día anterior. El asistente tomo un papel, anoto minuciosamente cada detalle y lo guardo. Cuando traslado este raro acontecimiento al superior, El germánico se avergonzó de su asistente y no lo quiso operar. Los datos eran ridículos, sin lógica.


Pasaron unos días y Romeo ya no daba más. En pocas horas tenía una cita con el ataúd. Entonces pidió hablar con el director. Le exigió que lo operara de inmediato. Él le firmaría undocumento deslindando sus responsabilidades. ``- Usted sabe que mañana estaré morto-´´ El médico coincido en eso y decidió la cirugía.


Cuando el eminente bisturí empezó a hurgarla intimidad del fray, recién ahí, el ayudante rompió el sobre y coloco sobre el pecho del paciente el papel con el relato del sueño y un croquis esclarecedor de los órganos y los agazapados tumores.


La lógica de la ciencia quedo espantada, las revelaciones del médico fallecido eran perfectas y condujeron con claridad la mano del doctor, entre la sangre que molesta y enturbia, las arterias y las mil complejidades anatómicas. Sé que hay y habrá otros en su vida, pero este milagro,lo hace caer a uno de rodillas.


De más está decir que el fray se salvó otra vez. Aunque en esta oportunidad había un mensaje que siempre me impresiono y me urgía desde hace tiempo la necesidad de dárselo a ustedes. Y gracias a este querido diario, lo pude hacer.


Al fray todavía le faltaba consolar a la familia del doctor, subir al barco y llegar hasta aquí, para que nosotros lo conociéramos. Miren que regalo nos mandó Dios. Miren de que estaba hecha, el alma de este payaso loco. 

Acerca de Daniel Lecointre

El autor es nacido, vive y trabaja en el campo, en la zona de San Jorge, Partido de Laprida. En su sentir y sus palabras, esto es así desde hace más de 120 años, por los tiempos en que su abuelo llegó a esos pagos. Para comunicarse con el autor pueden llamarlo al 2284 215445 (no lo intenten vía Whatsapp, el 4G y el Wi-fi no han pasado todavía por la tranquera de su campo). De vez en cuando revisa el correo electrónico (enviar e-mail) y algunas veces su perfil en Facebook 

Estar a la altura de lo que necesita el país
Liniers seguirá funcionando con ventas al oído
 

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La guerra, el campo y el milagro

En esta última entrega sobre la historia de Fray Romeo, Daniel Lecointre narra sus peripecias durante la segunda guerra mundial como camillero de la cruz roja 

​Por Daniel Lecointre 

Al fondo del mar Adriático, enclavada en uno de los lugares más estratégicos, (para su bien y para su mal) por ser el puerto de salida de Europa central, está la ciudad de Trieste.


En conflictos interminables, a veces fue italiana y otras Yugoeslava. Para solo imaginar desde que confín de la historia viene, vasta pensar que su catedral se construyó en el siglo XlV, sobre los cimientos ya primitivos de un templo Romano. En la segunda guerra mundial es ocupada por Hitler, con su poderoso ejército alemán, y justo ahí estaba fray Romeo.


Luego de varias operaciones complicadas, su salud seguía muy mal. Parecía que andaba entre los vivos con permiso del sepulturero. Y así aguanto el hambre y las matanzas en este lugar neurálgico del conflicto. Le decían la otra Berlín, por la cantidad de ocupantes que había.


Él fue camillero de la cruz roja, además de tener la responsabilidad de conseguir, (justo lo que no había) el alimento para un monasterio, durante todos esos años de terror, donde cada día se ponía a prueba el límite de lo que un ser humano puede aguantar. Hechos que todos tendríamos la tentación de llamarlos milagros, pero quizá, solo fueron casualidades suertudas.


Para no hacer largo el relato, (esos años de guerras dan para un volumen entero), sólo contare anécdotas resumidas y aisladas. Relatos muy escuchados por los que anduvimos con él. Aunque los evitaba, le hacían mal. Siempre dulcificaba las anécdotas con su infaltable humor.Pero algunas pesadillas lo siguieron varios años. 


Las más recurrentes eran: Despertarse en la noche con las manos pegajosas de la sangre que se iba oreando. Otra que lo seguía a menudo, fue cuando alguien puso una bomba en un café de Trieste y murieron algunos soldados alemanes. La represalia fue sencilla, veinte civiles tomados al azar por cada alemán, hasta encontrar al culpable. La impiedad y la mala suerte caía sobre cualquiera, incluidas,niñas, paralíticos, y ancianos. El fray se salvó, pero cayeron tantos, (más de doscientas) que algunos de sus amigos terminaron colgados en el edificio más alto, y allí estuvieron, hasta podrirse. Esos años le dejaron gravados los ayes de los moribundos, y las ultimas miradas.


LA COMIDA ESTABA EN EL CAMPO


Cuando el hambre se hacía insostenible, y ya habían hervido los botones y los cueros de los zapatos. Cuando se había terminado uno de los bienes más preciados…la grasa, pues permite freír cualquier cosa, incluido el pasto y los cardos, entonces preparaba las maletas, pues el campo era la única salvación.


Esta es la imagen que él tenía del hambre y la miseria. Nosotros, Dios nos perdone, la usamos ligeramente, sabiendo que una simple huerta la sacaría corriendo. La huerta, prehistórica y moderna, siempre revolucionaria en esta tierra bendita. Donde increíblemente enterramos una semilla de zapallo y da zapallo. Cortamos en cuatro una papa brotada y al tiempo nos llena la olla. Con esto y alguna cosita más, el hambre se sentiría fracasada, e iría a golpearla puerta de al lado. Y de nuevo siento lo mismo: solo hace falta que alguien nos enseñe otra vez esa economía de subsistencia que hemos perdido. Después, seremos más pobres o más ricos de acuerdo al tesón y la habilidad. Nosotros no estamos en guerra, a Dios gracias. Allá, las bombas no daban opciones. Cuando la cosa era desesperante, el fray viajaba al campo de su familia, a traer lo poco que la destrucción dejaba en pie.


Pero ir al campo no era tan fácil. Varias veces decidió hacerlo en tren y en uno de esos viajes. Justo cuando empezaba a amanecer en las bellas montañasde los Alpes, los pasajeros que iban despiertos creyeron ver una sombra. Optimistas pensaron que era una de las aves gigantes que dominan las cumbres. Romeo, nunca supo porque, pero intuyo que era un avión y se tiró de cabeza abajo del asiento que tenía en frente, suplicando``- San Antonio, sálvame-´´. Al instante se escuchó el silbido del caza atacando y el tableteo infernal de la metralla.


Cuando el polvo, los gritos y el espanto amaino, Romeo salió de su frágil escondite y vio dos cosas: un tremendo agujero en su asiento, gentileza del piloto, y que solo había dos sobrevivientes, él, y una chica joven con un disparo en el muslo. Cuando Romeo comenzó a hacerle un torniquete, la pierna se separó del cuerpo y cayó al suelo. Se desangro en sus brazos. Romeo decía "- mirándome con los ojos más dulces del mundo-"


En otra oportunidad decidió ir a dedo. Era una ruta que estaba totalmente prohibido circular, pero lo hacían igual, porque la vida y las necesidades cotidianas lo exigían. Se detuvo un camión cargado con barriles de cerveza. La cabina ya estaba repleta de pasajeros, así que tuvo que viajar en la caja. Aunque suponían que a esa hora la vigilancia estaba distraída en unos combates cercanos, los ojos iban atentos a todo lo que se moviera en el horizonte.Alguien creyó ver un punto negro, allá a lo lejos. A los pocos segundos un avión los estaba ametrallando a gusto y paladar. Camión, barriles y hombres quedaron desparramados en la banquina. No sé cómo, pero nuestro héroe se salvó otra vez. La que no tuvo suerte fue la cerveza, que brotaba delos acribillados barriles.


La comida estaba en el campo. Durante la guerra, fue camillero de la cruz roja en la ciudad de Trieste y además tenía la responsabilidad de conseguir, (justo lo que no había) el alimento para un monasterio.

Al poco tiempo le sucedió algo parecido. Tenía que llevar una carta al superior de la orden, y traer lo que pudiera del campo. Esta vez se detuvo un auto y subió. Paso lo que tenía que pasar, lo que ocurría todos los días en esos años, donde la vida y la muerte jugaban a las escondidas en una baldosa. Después de ametrallarlos, el piloto del avión dio un giro de reconocimiento y como vio que todo estaba destruido e incendiado considero que no valía la pena rematarlos y se fue. La carta llego al superior y las bolsas con alimentos camperos, saciaron el hambre de Trieste.


Estos aviones patrullaban también en la noche, buscando alguna luz para dirigir las bombas. Tenían un alto parlante para atemorizar aún más. La voz del avión decía: "-Me llamo Pippo y con una bomba y una metralla asusto a toda Italia-´´un día las baterías antiaéreas lo derribaron. A la noche siguiente apareció otro igual pero con distinto nombre" - Me llamo Renato….


Una tardecita, alguien olvido cerrar bien una ventana en la casona de campo de los Musaragno, y más de veinte bombas incendiarias le dieron de lleno.


Orfeo, hermano de Romeo, era un partisano (ejército encubierto de resistencia. Civiles italianos que desde la clandestinidad luchaban contra los hombres de Hitler). Su hermano y otros patriotas venían hostigando una columna alemana en retirada, pero él y siete compañeros fueron capturados en Mirano. Una corte marcial los condeno a ser fusilados. Ante la desesperación de la familia, Romeo, oro toda la noche,a la mañana temprano se ató la sotana, hiso la señal de la cruz por centésima vez y fue a la sede del comando superior. Uso todos los argumentos que pudo, desde la lastima al perdón. Le habrá tocado un oficial caritativo, o lo harto con los reclamos, el asunto es que volvió a casa con su hermano. Los otros siete fueron fusilados. Hoy la plaza de Miranoestá dedicada a honrar a estos siete mártires.

En una iglesia de Padua mantuvo escondidas a cuatro familias judías, incluso niños, durante muchotiempo. Cada inspección alemana venía con una sentencia de muerte si algo fallaba. No sé qué trato o acomodo tenía con el de arriba nuestro loco y querido personaje. El asunto que él y sus huéspedes nunca fueron descubiertos en las requisas semanales. Un día, poco antes de morir sonó el teléfono en Monte Viggiano. Cuando Romeo atendió, reconoció la voz. La llamada era de larga distancia. Una de estas familias judías había dado con su paradero y querían agradecerle lo que había hecho por ellos, salvandolos de los vagones y de la muerte en Auschwitz.

Y así se fue salvando, las balas siempre le picaron cerca. Casi veinte operaciones, la guerra, el toro del conde etc., etc..


Pero nada es gratis. Al querido doctor Viñuales le toco arreglar los estropicios de Yugoeslavia. Las prolongadas hambrunas habían hecho daño en sus intestinos obstruidos, y otra vez al quirófano. En María Auxiliadora, dos soldados hacían guardia noche y día en la puerta de la habitación, para que su general con sotana pudiera descansar. Habitación 111, cirugía número 13, y un agradecimiento eterno a los doctores Héctor Scala y a Gerardo y Marina Suárez.


Recuerdo que cuando vine a visitarlo y ayudar un poco a la gente que lo cuidaba, los dolores eran tremendos. Ahí me dijo una frase que nunca olvido. -"Se puede sufrir de dos maneras: una, maldiciendo la mala suerte y la otra, ofreciendo ese dolor para para que Dios alivie a otro desgraciado, sobre todo a los niños -"Entre cortado por los quejidos, el ofrecía eso, como Cristo en la cruz"


EL MILAGRO


Nuestra fe, muchas veces dubitativa, preguntona, insegura, anda desesperadamente buscando un milagro. Pero un milagro indubitable, que no tenga ninguna rendija donde le podamos meter nuestras sospechas. En los renglones de arriba y en otros cientos de casos, vamos a suponer que fue el acierto milimétrico del bisturí, de un antibiótico, de los cuernos del toro. Que en los accidentes en el tren y la ruta se salvó porque su cabeza pego en el respaldo y no en el parante, que las miles de balas que lo anduvieron buscando vinieran torcidas, o derecho a su cuerpo, pero rebotaron al llegar y le pego al de al lado. Así juegan a la mancha la vida y la muerte.


Para los que seguían a cristo en el desierto, las cosas eran más claras. Todos los días veían caminar al paralitico, sanar al leproso, resucitar al muerto, ver al ciego. La fe nos pide creer sin ver, por eso, pido perdón y ahí va el milagro. ¿Después de todo, que tiene de malo la visita clara y cercana de Cristo?


Lo hará bien sintético,para que ustedes, mis entrañables lectores, destinatarios de mis oraciones nocturnas, agreguen las emociones que faltan.


Fray Romeo estaba agonizando en un hospital de Italia. Era el año 1946, la guerra había terminado.Como todos sabemos, Italia y Alemania fueron socios en la gran contienda. En la práctica, los germanos ocuparon todos los lugares importantes de la península itálica, de ahí que el director del hospital era un alemán. Romeo estaba ya en el pabellón de los desahuciados. Se le habían hecho todos los estudios, las placas, los análisis, ynadie podía encontrar la causa de su pronta muerte. Por eso, para que no estorbara a los demás,estaba en ese pabellón.


Su médico de cabecera, el profesor Borgione, o Borsato (no recuerdo bien) lehabía realizado ya doce operaciones gastrointestinales, y tenía programada una más.Algo grave había descubierto. Pero a la mañana temprano, los pacientes escucharon un gran revuelo en la guardia. Un infarto, había hecho un rasguñó profundo en el corazón del pobre doctor y murió.

A la noche siguiente, el doctor se le apareció a Romeo en un sueño claro, largo y detallado. Lo vio en un verdadero paraíso, y desde ahí le hablaba: "-Querido Romeo, quiero que cuando salgas de aquí, vallas a consolar a mi familia. Cuéntale a mis padres, a mi esposa a mis hijos, lo que ves. Diles que estoy muy bien, que no amarguen su vida llorándome. Pues yo estaré aquí,esperándoles -"Y el sueño continuo con la voz del doctor" -Ya se… para eso tenes que salvarte, por ende te diré dónde está tu mal, así los médicos lo pueden encontrar y devolverte ala vida. Tu problema son dos tumores cancerígenos en la vejiga, que por tal y talcosa no aparece en las imágenes "-


Al otro día, la voz agónica de Romeo le contó al asistente del director y cirujano alemán lo que había pasado, llenando el relato de precisiones, gráficos y terminologías médicas que no existía en su vocabulario del día anterior. El asistente tomo un papel, anoto minuciosamente cada detalle y lo guardo. Cuando traslado este raro acontecimiento al superior, El germánico se avergonzó de su asistente y no lo quiso operar. Los datos eran ridículos, sin lógica.


Pasaron unos días y Romeo ya no daba más. En pocas horas tenía una cita con el ataúd. Entonces pidió hablar con el director. Le exigió que lo operara de inmediato. Él le firmaría undocumento deslindando sus responsabilidades. ``- Usted sabe que mañana estaré morto-´´ El médico coincido en eso y decidió la cirugía.


Cuando el eminente bisturí empezó a hurgarla intimidad del fray, recién ahí, el ayudante rompió el sobre y coloco sobre el pecho del paciente el papel con el relato del sueño y un croquis esclarecedor de los órganos y los agazapados tumores.


La lógica de la ciencia quedo espantada, las revelaciones del médico fallecido eran perfectas y condujeron con claridad la mano del doctor, entre la sangre que molesta y enturbia, las arterias y las mil complejidades anatómicas. Sé que hay y habrá otros en su vida, pero este milagro,lo hace caer a uno de rodillas.


De más está decir que el fray se salvó otra vez. Aunque en esta oportunidad había un mensaje que siempre me impresiono y me urgía desde hace tiempo la necesidad de dárselo a ustedes. Y gracias a este querido diario, lo pude hacer.


Al fray todavía le faltaba consolar a la familia del doctor, subir al barco y llegar hasta aquí, para que nosotros lo conociéramos. Miren que regalo nos mandó Dios. Miren de que estaba hecha, el alma de este payaso loco. 

Acerca de Daniel Lecointre

El autor es nacido, vive y trabaja en el campo, en la zona de San Jorge, Partido de Laprida. En su sentir y sus palabras, esto es así desde hace más de 120 años, por los tiempos en que su abuelo llegó a esos pagos. Para comunicarse con el autor pueden llamarlo al 2284 215445 (no lo intenten vía Whatsapp, el 4G y el Wi-fi no han pasado todavía por la tranquera de su campo). De vez en cuando revisa el correo electrónico (enviar e-mail) y algunas veces su perfil en Facebook 

Estar a la altura de lo que necesita el país
Liniers seguirá funcionando con ventas al oído