Especiales

Todo ocurrió en el instante que dura un tiro de lazo

Daniel Lecointre nos trae un fragmento de un cuento que rememora la historia de Don Juan Moussompes, un croto que conoció en su infancia y cuya historia lo marcó hasta hoy 


Por Daniel Lecointre, exclusivo para Zona Campo. 


Desde que tengo memoria, Don Juan llegaba todos los años a la estancia vieja donde nací. Era croto, y ese lugar era un refugio muy apreciado por los caminantes desde tiempos remotos. Mi abuelo León había construido un recinto amplio, con fogón, alacena y corredor para ellos. Todos la llamaban "la crotera".


No muy alto, grueso, tez blanca. Bonita mezcla de francés y de indio. Desde lejos se veía su estampa criolla. Aparecía casi siempre para la yerra. Era un lujo verlo tirar el lazo. Enlazaban en yunta con tío Jorge. Tío Cacho, nosotros y veinte paisanos más, hacíamos una avenida de trenzas ansiosas por juntarles las dos manos en un pial.


Don Juan hacia una armada grande, le agregaba varias vueltas para tener distancia y revoleaba lento, elegante. Cuando el ternero estaba a tiro…lo dejaba ir, una vuelta más al lazo y allá volaba. Ya había calculado los metros, la velocidad, el viento. El lazo caía casi cerrado sobre el cogote del animal. Suavemente, como el pañuelo en la zamba.


Era costumbre de la casa darles la comida hecha a todos los crotos que llegaban, y no eran pocos. En una fuente enlozada iba el puchero de oveja. Carne, Papa, zapallo de la casa, bastante caldo y en el fondo, arroz para la sopa y tres galletas. Media de vino bautizada con agua para evitar problemas. Y allá salíamos con mis hermanos a llevarle este manjar a Don "Linye".


Un día me equivoque de botella y le lleve un litro de vino puro. A la tarde me pareció escuchar gritos, alaridos, insultos en la crotera. Escondido atrás de una planta,vi a Don Juan Moussompes con el cuchillo en la mano tirando puñaladas furiosas al aire y a una camiseta de frisa colgada en el alambrado. Se veía que la pelea era desigual.


Yo había escuchado a otros linyeras decir despectivamente: "El presidiario" cuando se referían a don Juan. Al rato se cansó, apoyo la mano en la pared y recupero el aliento. Yo aproveche para salir corriendo de mi escondite…pero me vio. "- Vení hijo ven…no tengas miedo. Ya se me paso".


Envaino el cuchillo, me pidió disculpas, preparo el mate y me dijo -"sentate, ya tenes edad para saber algunas cosas. Ayer mientras enlazaba, un recuerdo casi me hace quebrar. Hoy, el vino que me trajiste me termino de enloquecer. Pero ya paso, somos viejos conocidos con esos fantasmas".


"Todo lo que te voy a contar se me cruzo por la cabeza en el instante que va, desde que entre al rodeo hasta que enlace al animal. Me saco del soponcio el bruto tirón que pego el vacuno,cuando llego a la punta del lazo y me hizo trastabillar el caballo. Y todo ocurrió porque uno de los paisanos dijo algo sobre el rocío".

 "No me crío, pero desde chico viví en lo de un tío. Tenía una chacra cerca del pueblo, ahí aprendí todos los trabajos camperos. Las cosas iban bien, hasta que en una salida al pueblo yo vi una casa distinta a las demás. Otras luces, otros perfumes. Eso y algún comentario que escuche, me llenaron de curiosidad".


"Una noche, cuando el tío y la familia se durmieron, me cambie, rete los perros para que no me siguieran y me fui. Frente a la casa había un montecito de tamariscos y ahí me escondí, para ver qué pasaba.A través de la cortina se adivinaba una lucecita roja y siluetas que se movían, parecían que bailaban".


"Vi algunos hombres que aparecían del lado oscuro de la calle. Uno de sombrero y traje me paso tan cerca que le escuche la respiración agitada, y una melodía silbada muy bajita. Cruzo la calle mirando para todos lados y entro sin llamar. El instante que duro la puerta abierta me develo varios secretos".


"No me preguntes como, pero detrás de él, entre yo…Era más de lo que me imaginaba. La media luz hacia todo muy lindo. La música, el baile, los perfumes entradores, y las chicas como jamás las había visto…Casi desnudas, risueñas y posibles. Me quede quietito, con la espalda en la puerta, hasta que una niña me miro, salió del montón y vino hacia mí. Me llevo de la mano hasta el fondo oscuro, donde había un sillón…y allí fuimos a dar. Yo apenas podía hablar. Se llamaba Rocío y era hermosa, dulce, suave, como su nombre".


"Mis cosquillas sorprendidas habían desaparecido. Sus manitos hábiles me las iban corriendo de a una. En eso apareció una señora gorda, y con una sonrisa severa me dijo: Nene, deja la charla para otro día, que lo lindo esta en otro lado. Si querés conocerla bien son dos pesos. Rocío me guió amorosamente, empujo una cortina y salimos. Caminamos por una veredita despareja de ladrillos recién baldeados. Era un corredor largo con varias piezas que terminaba en un alambrado. Después ya era el campo.


"Así llegamos a la última puertita. Cuando ella la abrió, vi una cama tendida, dos velas y un espejo. Lo demás no te lo voy a contar porque sos muy chico todavía. Yo nunca había estado con una mujer. Sentí o me pareció que era la única en el mundo".


"Cuando volvimos al salón, apareció otra vez la señora, y se la llevo. Yo me entretuve un rato, tome una copa y me retire…Pero cuando fui a cerrar la puerta se me partió el corazón.Por la veredita que recién habíamos venido, iba otra vez mi niña, abrazada al hombre de sombrero y traje, el de la respiración agitada y la melodía silbada bajita".


"Este juego es así, solo que muchos hombres no lo sabeos jugar. Necesitamos creer que todo eso es verdadero. Tantas linduras habían recibido esa noche, y me las venían estropear tan pronto".


"Llegué a la chacra con la cabeza y el corazón entonando canciones distintas. Pero de algo estaba seguro… el sábado voy otra vez".


"Con el correr de los meses nos fuimos enamorando locamente. Nos veíamos a escondidas cuando Rocío podía salir al pueblo. En la casa no me quería cobrar, así que ella juntaba las moneditas de las propinas, y pagaba mi pase a la señora para que no desconfiara. Ya no podíamos estar separados. El problema era mi tío…se había enterado y estaba muy enojado. Primero fue un consejo, después varios retos y ahora estaba furioso, me gritaba: -¿qué futuro tenes con esa mujer? Cornudo y apestado. No tenes vergüenza, calentarte con esa atorranta.- Y me empezaba a nombrar a los clientes que iban y las cosas que ella les hacía. No sé qué me dolía más, los insultos o esas verdades".


"Rocío se lo pasaba llorando, no aguantaba más, ya teníamos todo planeado para escaparnos. Ella me cuidaba preguntándome a cada rato si yo iba a poder soportar su pasado. Si no era así, me rogaba que no volviera, aunque se muriera de dolor".


"Esa noche volví tarde a la chacra, no andaba bien. Cuando desenganche la cadena de la tranquera lo vi, me estaba esperando. Tenía un látigo en la mano, y me lo empezó a hacer andar por el lomo y la cabeza, me insultaba. Cuando lleve la mano a cintura y acaricie la daga, ya estaba loco.Se me aparecieron mil imágenes entreveradas.Rocío y sus lágrimas sinceras, las amenazas del tío, los clientes sucios, babosos, borrachos, su carita angelical y triste, el sueño de escaparnos, sus besos. Cerré el puño, arranque el fierro de la vaina, lo abrase con la izquierda y se las empecé a prender con la derecha. Y Le seguí entrando hasta cuando ya no era más mi tío".


"Doce años en Olmos dijo el juez, uno por puñalada y bajo el martillo. A mitad de condena cambio la política y apareció un amigo a liberarme. Me dio unos pesos, un caballo, y la orden de que me fuera bien lejos. Y así llegue aquí, hermano, ya recibido de croto".

Nos quedamos callados, mirando el fuego. Don Juan no lloraba pero a cada rato se pasaba un trapo por la nariz.  -"¿Y no la vio más a la chica? -"Le pregunte". -"La mande a buscar con algún conocido, averiguo por todos lados, pero nada. Sé que ella también me anduvo buscando…pobrecita, sabrá Dios donde esta…". En eso apareció Jorge y la charla arranco para otro lado.


A la semana cobraba lo que le correspondía, como cualquier empleado y seguía el sueño de todo caminante, encontrar el horizonte prometido.


Un día pidió si no le cambiábamos el caballo. El tenía un mestizo muy alto, ya le costaba montar. Le dimos un petiso viejo y manso que supo ser buen sortijero.


Cuando se puso viejo empezó a quedarse todo el invierno en casa. Tenía leña, reparo y comida. A mis tíos les agradaba esa compañía. Era un hombre honesto y así los fines de semana la casa no quedaba sola.


Un año no vino y al otro tampoco. Un día llego una carta de sus hermanos, era gente de bien, de los pagos de Tapalqué. En ella nos decían que Don Juan había muerto y que en las maletas habían encontrado un papel que decía: - "El caballo que monto no es mío, es de unos paisanos del lado de San Jorge, de tal y tal estancia. Es mi deseo que si me pasara algo, hagan el favor de devolverlo".


Mis tíos me hicieron escribir en la respuesta; que muchas gracias por el gesto, pero que lo vendieran para pagar algún gasto que hubiera quedado, o en la sepultura de ese paisano amigo.

FIN

Esto es un fragmento de un cuento que tengo casi terminado, solo que el final es muy distinto, y no lo supo ni Don Juan.



Acerca de Daniel Lecointre
El autor es nacido, vive y trabaja en el campo, en la zona de San Jorge, Partido de Laprida. En su sentir y sus palabras, esto es así desde hace más de 120 años, por los tiempos en que su abuelo llegó a esos pagos. Para comunicarse con el autor pueden llamarlo al 2284 215445 (no lo intenten vía Whatsapp, el 4G y el Wi-fi no han pasado todavía por la tranquera de su campo). De vez en cuando revisa el correo electrónico (enviar e-mail) y algunas veces su perfil en Facebook  

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Desde que tengo memoria, Don Juan llegaba todos los años a la estancia vieja donde nací. Era croto, y ese lugar era un refugio muy apreciado por los caminantes desde tiempos remotos. Mi abuelo León había construido un recinto amplio, con fogón, alacena y corredor para ellos. Todos la llamaban "la crotera".


No muy alto, grueso, tez blanca. Bonita mezcla de francés y de indio. Desde lejos se veía su estampa criolla. Aparecía casi siempre para la yerra. Era un lujo verlo tirar el lazo. Enlazaban en yunta con tío Jorge. Tío Cacho, nosotros y veinte paisanos más, hacíamos una avenida de trenzas ansiosas por juntarles las dos manos en un pial.


Don Juan hacia una armada grande, le agregaba varias vueltas para tener distancia y revoleaba lento, elegante. Cuando el ternero estaba a tiro…lo dejaba ir, una vuelta más al lazo y allá volaba. Ya había calculado los metros, la velocidad, el viento. El lazo caía casi cerrado sobre el cogote del animal. Suavemente, como el pañuelo en la zamba.


Era costumbre de la casa darles la comida hecha a todos los crotos que llegaban, y no eran pocos. En una fuente enlozada iba el puchero de oveja. Carne, Papa, zapallo de la casa, bastante caldo y en el fondo, arroz para la sopa y tres galletas. Media de vino bautizada con agua para evitar problemas. Y allá salíamos con mis hermanos a llevarle este manjar a Don "Linye".


Un día me equivoque de botella y le lleve un litro de vino puro. A la tarde me pareció escuchar gritos, alaridos, insultos en la crotera. Escondido atrás de una planta,vi a Don Juan Moussompes con el cuchillo en la mano tirando puñaladas furiosas al aire y a una camiseta de frisa colgada en el alambrado. Se veía que la pelea era desigual.


Yo había escuchado a otros linyeras decir despectivamente: "El presidiario" cuando se referían a don Juan. Al rato se cansó, apoyo la mano en la pared y recupero el aliento. Yo aproveche para salir corriendo de mi escondite…pero me vio. "- Vení hijo ven…no tengas miedo. Ya se me paso".


Envaino el cuchillo, me pidió disculpas, preparo el mate y me dijo -"sentate, ya tenes edad para saber algunas cosas. Ayer mientras enlazaba, un recuerdo casi me hace quebrar. Hoy, el vino que me trajiste me termino de enloquecer. Pero ya paso, somos viejos conocidos con esos fantasmas".


"Todo lo que te voy a contar se me cruzo por la cabeza en el instante que va, desde que entre al rodeo hasta que enlace al animal. Me saco del soponcio el bruto tirón que pego el vacuno,cuando llego a la punta del lazo y me hizo trastabillar el caballo. Y todo ocurrió porque uno de los paisanos dijo algo sobre el rocío".

 "No me crío, pero desde chico viví en lo de un tío. Tenía una chacra cerca del pueblo, ahí aprendí todos los trabajos camperos. Las cosas iban bien, hasta que en una salida al pueblo yo vi una casa distinta a las demás. Otras luces, otros perfumes. Eso y algún comentario que escuche, me llenaron de curiosidad".


"Una noche, cuando el tío y la familia se durmieron, me cambie, rete los perros para que no me siguieran y me fui. Frente a la casa había un montecito de tamariscos y ahí me escondí, para ver qué pasaba.A través de la cortina se adivinaba una lucecita roja y siluetas que se movían, parecían que bailaban".


"Vi algunos hombres que aparecían del lado oscuro de la calle. Uno de sombrero y traje me paso tan cerca que le escuche la respiración agitada, y una melodía silbada muy bajita. Cruzo la calle mirando para todos lados y entro sin llamar. El instante que duro la puerta abierta me develo varios secretos".


"No me preguntes como, pero detrás de él, entre yo…Era más de lo que me imaginaba. La media luz hacia todo muy lindo. La música, el baile, los perfumes entradores, y las chicas como jamás las había visto…Casi desnudas, risueñas y posibles. Me quede quietito, con la espalda en la puerta, hasta que una niña me miro, salió del montón y vino hacia mí. Me llevo de la mano hasta el fondo oscuro, donde había un sillón…y allí fuimos a dar. Yo apenas podía hablar. Se llamaba Rocío y era hermosa, dulce, suave, como su nombre".


"Mis cosquillas sorprendidas habían desaparecido. Sus manitos hábiles me las iban corriendo de a una. En eso apareció una señora gorda, y con una sonrisa severa me dijo: Nene, deja la charla para otro día, que lo lindo esta en otro lado. Si querés conocerla bien son dos pesos. Rocío me guió amorosamente, empujo una cortina y salimos. Caminamos por una veredita despareja de ladrillos recién baldeados. Era un corredor largo con varias piezas que terminaba en un alambrado. Después ya era el campo.


"Así llegamos a la última puertita. Cuando ella la abrió, vi una cama tendida, dos velas y un espejo. Lo demás no te lo voy a contar porque sos muy chico todavía. Yo nunca había estado con una mujer. Sentí o me pareció que era la única en el mundo".


"Cuando volvimos al salón, apareció otra vez la señora, y se la llevo. Yo me entretuve un rato, tome una copa y me retire…Pero cuando fui a cerrar la puerta se me partió el corazón.Por la veredita que recién habíamos venido, iba otra vez mi niña, abrazada al hombre de sombrero y traje, el de la respiración agitada y la melodía silbada bajita".


"Este juego es así, solo que muchos hombres no lo sabeos jugar. Necesitamos creer que todo eso es verdadero. Tantas linduras habían recibido esa noche, y me las venían estropear tan pronto".


"Llegué a la chacra con la cabeza y el corazón entonando canciones distintas. Pero de algo estaba seguro… el sábado voy otra vez".


"Con el correr de los meses nos fuimos enamorando locamente. Nos veíamos a escondidas cuando Rocío podía salir al pueblo. En la casa no me quería cobrar, así que ella juntaba las moneditas de las propinas, y pagaba mi pase a la señora para que no desconfiara. Ya no podíamos estar separados. El problema era mi tío…se había enterado y estaba muy enojado. Primero fue un consejo, después varios retos y ahora estaba furioso, me gritaba: -¿qué futuro tenes con esa mujer? Cornudo y apestado. No tenes vergüenza, calentarte con esa atorranta.- Y me empezaba a nombrar a los clientes que iban y las cosas que ella les hacía. No sé qué me dolía más, los insultos o esas verdades".


"Rocío se lo pasaba llorando, no aguantaba más, ya teníamos todo planeado para escaparnos. Ella me cuidaba preguntándome a cada rato si yo iba a poder soportar su pasado. Si no era así, me rogaba que no volviera, aunque se muriera de dolor".


"Esa noche volví tarde a la chacra, no andaba bien. Cuando desenganche la cadena de la tranquera lo vi, me estaba esperando. Tenía un látigo en la mano, y me lo empezó a hacer andar por el lomo y la cabeza, me insultaba. Cuando lleve la mano a cintura y acaricie la daga, ya estaba loco.Se me aparecieron mil imágenes entreveradas.Rocío y sus lágrimas sinceras, las amenazas del tío, los clientes sucios, babosos, borrachos, su carita angelical y triste, el sueño de escaparnos, sus besos. Cerré el puño, arranque el fierro de la vaina, lo abrase con la izquierda y se las empecé a prender con la derecha. Y Le seguí entrando hasta cuando ya no era más mi tío".


"Doce años en Olmos dijo el juez, uno por puñalada y bajo el martillo. A mitad de condena cambio la política y apareció un amigo a liberarme. Me dio unos pesos, un caballo, y la orden de que me fuera bien lejos. Y así llegue aquí, hermano, ya recibido de croto".

Nos quedamos callados, mirando el fuego. Don Juan no lloraba pero a cada rato se pasaba un trapo por la nariz.  -"¿Y no la vio más a la chica? -"Le pregunte". -"La mande a buscar con algún conocido, averiguo por todos lados, pero nada. Sé que ella también me anduvo buscando…pobrecita, sabrá Dios donde esta…". En eso apareció Jorge y la charla arranco para otro lado.


A la semana cobraba lo que le correspondía, como cualquier empleado y seguía el sueño de todo caminante, encontrar el horizonte prometido.


Un día pidió si no le cambiábamos el caballo. El tenía un mestizo muy alto, ya le costaba montar. Le dimos un petiso viejo y manso que supo ser buen sortijero.


Cuando se puso viejo empezó a quedarse todo el invierno en casa. Tenía leña, reparo y comida. A mis tíos les agradaba esa compañía. Era un hombre honesto y así los fines de semana la casa no quedaba sola.


Un año no vino y al otro tampoco. Un día llego una carta de sus hermanos, era gente de bien, de los pagos de Tapalqué. En ella nos decían que Don Juan había muerto y que en las maletas habían encontrado un papel que decía: - "El caballo que monto no es mío, es de unos paisanos del lado de San Jorge, de tal y tal estancia. Es mi deseo que si me pasara algo, hagan el favor de devolverlo".


Mis tíos me hicieron escribir en la respuesta; que muchas gracias por el gesto, pero que lo vendieran para pagar algún gasto que hubiera quedado, o en la sepultura de ese paisano amigo.

FIN

Esto es un fragmento de un cuento que tengo casi terminado, solo que el final es muy distinto, y no lo supo ni Don Juan.



Acerca de Daniel Lecointre
El autor es nacido, vive y trabaja en el campo, en la zona de San Jorge, Partido de Laprida. En su sentir y sus palabras, esto es así desde hace más de 120 años, por los tiempos en que su abuelo llegó a esos pagos. Para comunicarse con el autor pueden llamarlo al 2284 215445 (no lo intenten vía Whatsapp, el 4G y el Wi-fi no han pasado todavía por la tranquera de su campo). De vez en cuando revisa el correo electrónico (enviar e-mail) y algunas veces su perfil en Facebook  

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